Una vez más la realidad ha superado la ficción. Tal vez alguno recordará la miniserie estadounidense: Human Trafficking en la que una agente policial se hace pasar por una prostituta para capturar al líder de una organización de trata de mujeres. Pues en esta ocasión no se trata de una policía, sino de un ejército de monjas que salieron del convento para meterse en los más horrendos burdeles con el único objetivo de darle libertad a las víctimas del tráfico sexual.
Según informó la cadena de televisión Fox News, el grupo de mil 100 monjas, que se denomina Thalita Kum, expresión traducida como “¡Niña, levántate!”, actualmente trabaja encubierto haciéndose pasar por prostitutas en las calles y burdeles de al menos 80 países para descubrir el funcionamiento de las redes de trata.

El impulsor de esta idea que parece salida de una película es es John Studzinski, banquero, inversionista y Vicepresidente de The Blackstone Group, quien además ha sido reconocido en distintas ocasiones por su labor filantrópica y elaboración de programas que fomentan el arte.
Según las declaraciones que Studzinski dio para Fox News, y en en la Conferencia Trust Women, organizada por la Fundación Thomson Reuters, su objetivo no es el sensacionalismo, sino recalcar el hecho de que este es un mundo que ha perdido la inocencia a causa de la pobreza y la desigualdad. “Estas hermanas no confían en nadie, no confían en los gobiernos, no confían en las empresas, y no confían en la policía local. En algunos casos no pueden confiar ni en el clero masculino”, dijo el filántropo.

Como era de esperarse, aunque el escándalo no era parte de los planes de Studzinski, su idea ha generado múltiples opiniones, no todas positivas. Christina Arnold, fundadora y directora de la organización Prevent Human Trafficking, piensa que las religiosas podrían estar haciendo más daño que un bien al mundo, ya que una de sus acciones combativas es recolectar dinero para comprar niños que han sido vendidos por sus propios padres, y de esa manera, ayudarlos a salir de la red de esclavitud.
Según Arnold, la intención de las monjas es buena; sin embargo, duda que puedan hacer un verdadero cambio porque, en primer lugar, no están yendo a los verdaderos epicentros donde ocurre la trata de personas, y en segundo lugar, dijo, la mayoría del tráfico de gente se encuentra en la mano de obra.

Dejando a un lado la polaridad de las opiniones que está generando la noticia, nadie puede negar que la esclavitud y la trata de blancas son una realidad que atormenta silenciosa y cruelmente la libertad de millones de inocentes en todo el mundo.
La OIT (Organización Internacional del Trabajo) revela que hay casi 21 millones de víctimas de esclavitud, de las cuales 11.4 millones son mujeres y niñas; de esos escalofriantes números, aproximadamente 19 millones de personas son explotadas por particulares o empresas privadas, y 4.5 millones son destinadas a la explotación sexual forzada.
Desgraciadamente, cada vez que nos enteramos de un nuevo caso relacionado a este horrible fenómeno, la impotencia, el miedo y el coraje aumentan, porque, como bien lo dicen hoy las monjas, cada día las autoridades y el gobierno nos dan menos razones para confiar en la justicia que tanto prometen.
Sólo basta pensar en cada archivo de investigación olvidado, cada familia que aún espera encontrar a sus seres queridos, y peor aún, cada rincón del planeta que se une diariamente al territorio de violencia que nos está dejando sin un lugar seguro donde vivir.
No, aunque lo parezca, no es el guión de una película o miniserie, es la realidad.
