Muerte por mil cortes: el cruel suplicio chino para un final lento y doloroso

Miércoles, 24 de mayo de 2017 8:21

|Diego Cera


Sangre, pedazos de piel y carne cayendo dentro de un cesto de mimbre en medio de una plaza pública en China. Una multitud observando a un enjuiciado con los ojos puestos en el cielo, como implorando piedad o salvación a alguien que le ha dado la espalda después de haberle ofendido. Esta es una manera sencilla de resumir uno de los métodos de castigo más crueles jamás conocidos: Leng T’che o "Muerte por mil cortes".

poste muerte por mil cortes

Implantado a partir del año 900 d. C., bajo el mandato de Zhu Wen, quien marcó el inicio de las cinco dinastías, este castigo era aplicado a aquellos que habían cometido un delito grave; como el asesinato de algún familiar, específicamente padre o madre. Así como a quienes atentasen contra la vida de sus superiores. De modo que si un campesino o criado era acusado de haber matado a su patrón, no había otra forma de castigarle más que sometiéndolo a esta cruel tortura que iniciaba desde el momento en que el infractor era encarcelado. 

cortes p muerte por mil cortes

Una vez encarcelado, la única forma en que el preso podía salir de su celda era a través de un profundo viaje inducido de opio: se trataba tan sólo el inicio de un largo y doloroso camino a la muerte. Ni siquiera su familia podía salvarlo de lo que le esperaba. Después de haber ensuciado la reputación de su apellido, el infractor ya no era considerado parte de la sociedad. Por lo tanto, a lo mejor que podía aspirar era a morir.

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Una vez bajo el potente efecto de la droga que le habían proporcionado, el enjuiciado era atado a un poste en donde alguien con conocimientos de anatomía y habilidades quirúrgicas comenzaba a realizar pequeños cortes a lo largo del cuerpo del condenado. Al inicio se realizaban incisiones superficiales, cuidando que no dañaran arterias o venas para evitar una hemorragia mortal. Lo importante de este procedimiento era proporcionar el mayor sufrimiento posible al cuerpo y un sangrado abundante pondría fin a tal empresa. En realidad, la frase "Leng T’che" se refiere a la actividad de subir lentamente por una montaña hasta llegar a la cima; en este caso, la tortura es tal que el punto al que el enjuiciado desea llegar es la muerte.

  torso muerte por mil cortes

Una vez ejecutados todos los cortes menores, el verdugo comenzaba a infligir las heridas mayores. Estas incisiones generalmente iniciaban por las piernas o brazos, extrayendo –ahora sí– algunas secciones de músculo. El siguiente paso de esta operación era cortar trozos de piel del pecho. Después de este paso algunos condenados parecían seguir vivos; al menos eso es lo que sugiere un registro fotográfico fechado el 10 de abril de 1905, en donde el rostro de la víctima luce aún con vida.

canasto muerte por mil cortes

Para finalizar con la "ceremonia", después de la serie de cortes, al acusado se le concedía el beneficio de la muerte arrancando alguno de sus órganos vitales, generalmente el corazón, o decapitándolo. Posteriormente procedían a depositar todas las partes rebanadas en un canasto de mimbre expuesto en la plaza pública donde se había realizado el sacrificio.

plaza muerte por mil cortes

La finalidad de este suplicio, erradicado en 1905, era la de un castigo ejemplar; a través de una tortura pública del condenado, el resto de la población deducía que podía correr la misma suerte en caso de atreverse a cometer una falta similar a la de quien yacía en la canasta. Considerando que el castigo podía extenderse hasta esparcir las partes del cuerpo, seguramente todo mundo pensaba dos veces antes de cometer un ilícito que le hiciera acreedor al final trágico de la Muerte por mil cortes.

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Referencias

Historias de la Historia
Opinião Mijiniana


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