“Cuando el pueblo salta sus barreras, casi ningún esfuerzo es bastante poderoso para detenerlo”.
Guadalupe Victoria
Septiembre, mes de la Patria; las plazas públicas se llenan de colores: verde, blanco y rojo iluminan el camino de los mexicanos. Las familias se reúnen para celebrar la Independencia de México, gestada en la clandestinidad y conspiración, estallando en batalla la madrugada del 16 de septiembre de 1810 con Miguel Hidalgo y Costilla al frente de un grupo de insurgentes. Hoy, más de 200 años después, es tradición preparar y compartir ciertos platillos típicos de la comida mexicana, y hay quienes acuden a dichas plazas para recrear el Grito de Dolores y recordar a los héroes que nos dieron Patria; desde pequeños nos hemos acostumbrado a estos rituales que nos llenan de orgullo y hacen que nos identifiquemos como integrantes de una nación.
Gracias a ciertas imágenes identificamos a los héroes de nuestra Historia, en éstas se reproducen facciones más o menos similares entre sí, e incluso, similares a la realidad, pero sobre todo identificamos objetos o vestimentas que caracterizaron a la persona, lo que en iconografía religiosa se le denomina como: atributos; por ejemplo, reconocemos a Hidalgo por el estandarte de la Virgen de Guadalupe; sin embargo, no hay un retrato oficial con el que podamos afirmar que se trata con certeza de Miguel Hidalgo, pero gracias al historiador y escritor mexicano Lucas Alamán, sabemos cómo eran sus características físicas:
“Mediana estatura, cargado de espaldas, de color moreno y ojos verdes vivos, la cabeza algo caída sobre el pecho, bastante cano y calvo, como que pasaba ya de 70 años, pero vigoroso, aunque no activo ni pronto en sus movimientos… Poco aliñado en su traje, no usaba otro que el que acostumbraban entonces los curas de los pueblos pequeños…”
A partir de dicha descripción, se han producido gran cantidad de representaciones de Miguel Hidalgo, de hecho es posible que él sea el personaje de la Historia de México más mostrado en el arte, pues cada ciudad y pueblo tiene, al menos, una escultura de este héroe, un mural, un cuadro, un relieve o un grabado, y hay momentos en los que es personificado.

Las artes son un medio de comunicación capaz de transmitir determinadas perspectivas y visiones acerca del mundo que nos rodea, desde emociones y sentimientos humanos, hasta ideologías y doctrinas religiosas y políticas. De este modo, el arte puede ser un recurso de persuasión al servicio de ciertas ideas enaltecedoras respecto a los personajes de la Historia en cada nación, y así adoptar cierto orgullo, no sólo frente al pasado sino, sobre todo, frente al presente.
Ahora bien, el arte se comunica a través metáforas como la alegoría, que está llena de simbolismos, es decir, de algo que representa otra cosa. Algunos de estos símbolos requieren de poca explicación, ya que respondemos ante ellos de un modo intuitivo, pues forman parte de nuestras experiencias y conocimientos previos. Sin embargo, en la medida en que entendamos las conexiones entre las referencias simbólicas entonces todo un mundo de referencias y significados se abrirá ante nuestros ojos y mayor será la comprensión que le demos a una pintura o escultura.
En vista que es imposible mencionar ejemplos de todas esas expresiones artísticas donde se muestra la figura del cura Hidalgo, en este artículo nos enfocaremos en las alegorías del Padre de la Patria, haciendo una descripción y estudio de cada elemento representado en cada pintura.
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En esta imagen, posterior a 1824, observamos tres monumentos sepulcrales: Hidalgo al centro , Yturvide (sic) a su derecha y Allende a la izquierda, sobre las cuales hay una imagen apenas reconocible correspondiente a cada libertador; cabe destacar que la imagen de Hidalgo está rodeada de símbolos patrios: un águila devorando a una serpiente así como un par de banderas a tres franjas, suponemos los colores de la bandera nacional y, además, en la punta de su tumba se encuentra una coronada triunfal de laureles, símbolo romano de victoria. Frente al sepulcro podemos observar una mujer de ropaje indígena en actitud triste, tal vez pensativa, por estos héroes nacionales.
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A partir de esta pintura podemos afirmar que la mujer de la imagen anterior es una representación de La Patria, a quien vemos ahora al centro con la misma corona de plumas: verde, blanca y roja. En la mano izquierda sostiene un gorro frigio, símbolo liberador de los esclavos romanos que se popularizó gracias a la Revolución Francesa, antecedente mundial de la Guerra de Independencia. Liberada de sus cadenas gracias al hombre que está a su izquierda, a quien reconocemos como Agustín de Iturbide debido a su traje militar y sus largas patillas; en otro espacio de la pintura podemos observar a un águila real en posición de vuelo quitando una orilla de cadena metálica a un español quien, dicho sea de paso, se arrastra por el suelo y es pisado por Miguel Hidalgo, quien está a punto de poner una corona de laureles a la mujer que ha vencido la esclavitud.
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En esta imagen podemos observar al águila devorando una serpiente, la bandera nacional sostenida por la que ahora reconocemos por su vestimenta como La Patria, quien además corona de laureles la escultura de Miguel Hidalgo que está a su derecha sobre una pirámide (como las del fondo) y bajando las escaleras de ésta hay un nopal con tunas y un maguey, símbolos patrios del México anterior que le toco vivir a su autor, Casimiro Castro, quien también incorporó elementos del México moderno en progreso como el ferrocarril, el libro abierto frente al globo terráqueo y un telescopio, que hacen referencia al estudio de la geografía y la astronomía, mientras que la pintura, la escultura y la arquitectura están representadas con una paleta y un pincel, un transportador y un compás, y un busto romano respectivamente. Como vemos se trata de una imagen muy completa en contenido, lo cual la hace muy compleja en su lectura; sin embargo, se trata de símbolos que hemos ido asimilando poco a poco.
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Al centro de esta pintura, iluminada por la luz proveniente del exterior, destaca una escultura posiblemente fabricada en mármol, que reconocemos debido a sus atributos como La Patria, quien pisa una piel de león, símbolo proveniente del escudo del imperio español; junto a ella reconocemos al viejo Hidalgo y al barbado Iturbide, dentro de un edificio de estilo neoclásico reconocible por sus columnas que rematan con cuatro espirales, elementos arquitectónicos muy utilizados durante el siglo XIX, época en la que se realizó esta pintura. Afuera un águila real vuela por el cielo sin ataduras, señal de libertad, y al fondo, difuminada, vemos la Catedral Metropolitana en la que ondea, muy ligeramente, una bandera nacional.
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Desgarradora imagen en la que un indígena lamenta, tal vez en llanto desconsolado, la muerte de Hidalgo. Sobre la lápida vemos a La Patria, en esta ocasión con su gorro frigio y una corona de flores en la mano izquierda a modo de agradecimiento al haber entregado su vida por ella liberándola de la esclavitud. Sobre esta pintura no hay más que decir, habla por sí misma.
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Parado sobre las escaleras, probablemente de una Iglesia, vemos a Hidalgo con su característico estandarte de la Virgen de Guadalupe y frente a él, una paloma, símbolo de la paz, vuela libremente en dirección del espectador, y debajo de ellos están las cadenas de la esclavitud. De esta imagen hay que rescatar la presencia celestial de La Patria, representada entre nubes con una mujer alada, quien besa la frente del héroe nacional antes de coronarlo con laureles.
El arte es una de las maneras en las que el hombre busca inmortalizar los acontecimientos y procurar la memoria histórica de la sociedad, también es una herramienta para la educación y la difusión de la información a partir de figuras que contienen un trasfondo más allá de lo que muestran a simple vista.
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Hay muchos por aprender con relación al movimiento independentistas de México, por esa razón te compartimos Todo lo que debes saber con respecto al tema; también te invitamos a hacer una reflexión: ¿Qué celebrar esta fecha si el nacionalismo está casi muerto?

