8 grotescos y terribles performances que te harán preguntarte si eso fue arte

domingo, 24 de julio de 2016 3:00

|Eduardo Limon


Que te lo hayas preguntado no lo pone en duda. Aclaremos eso antes de comenzar; porque podría parecer que pondremos en debate la condición o pertinencia de estas acciones en el mundo del arte y es justamente lo opuesto aquello que perseguimos. El performance es un arte porque, de hecho, se muestra en los límites de éste y por medio de sus personajes se presenta en esos contextos y se produce bajo dichos términos. Cierto es que la expresión es confusa, complicada, pero no podemos negar en muchas ocasiones es fascinante. El performance es esa producción artística que depende de la presencia del artista y sus comportamientos en vez de los objetos o artefactos que haya podido crear. Tomando en cuenta este rasgo, debería ser suficiente para notar que no estamos hablando de cualquier cosa.

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“Una muestra de los alcances emocionales que el performance es capaz de suscitar y la fragilidad de las líneas divisorias entre arte y vida, confundiéndonos en la expectación y en la práctica cotidiana”.

¿Por qué? Porque es una ejecución que escapa a las nociones convencionales del teatro y es un arte visual que no requiere de otro soporte más que la acción, que no es lo mismo que el cuerpo. En esos sentidos de autonomía que posibilita, el performance atraviesa de manera más obvia la vida de quien lo ejecuta y de quien lo observa, se confunde más rápido con el acto cotidiano, se pierde en el tiempo dada su dificultad de réplica y obtiene resultados con mayor eficacia fuera de sus planes artísticos.

A lo que hacemos referencia con los adjetivos de grotesco y terrible en el título de estas líneas, a esa duda sobre la artisticidad en lo visto, no es en realidad un juicio en contra de las acciones que aquí mencionamos, sino una muestra de los alcances emocionales que el performance es capaz de suscitar y la fragilidad de las líneas divisorias entre arte y vida, confundiéndonos en la expectación y en la práctica cotidiana.

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El performance es un arte y, quizá sea el más veloz, el más indicado para obviar esa relación entre el ser humano y la aparición de la obra. He aquí esas piezas que nos hicieron girar la cabeza.


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“El suicidio de Mishima” (1970) de Yukio Mishima

En noviembre de 1970, el escritor y activista japonés de posguerra, Yukio, conoció los alcances políticos de su actuar y decidió dar un vuelco a su carrera artística. Sus producciones tomaron tintes performáticos y arrasó con ellas la realidad circundante de su época; tomó preso al General Masuda –personaje opresor de ese lejano Japón–, ordenó reunir a las tropas a las afueras del lugar de los hechos y decidió salir al balcón para declamar un discurso de 30 minutos sobre la decepción política que le embargaba. Después de siete minutos fue abucheado, entró a la habitación y cometió suicidio de acuerdo a las tradiciones samurái.


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“Semillero” (1972) de Vito Acconci

Esta acción fue una revolución en las artes por su abundante y explícito contenido sexual; Acconci instalaba una tarima en la sala de exhibición, ésta contaba con una puerta de acceso para que él pudiera entrar, una vez debajo y con los asistentes al pendiente de los sonidos, él comenzaba a masturbarse frenéticamente y a contar sus fantasías sexuales más viles.


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“Desplazamiento de interiores” (1975) de Carolee Schneemann

Carolee entraba a una habitación, iba desnuda, sólo con un delantal encima, se lo quitaba (se desdoblaba), pintaba su contorno sobre de éste y, allí, sin nada que esconder sobre el mueble que ahora registraba su presencia, comenzaba a extraer de su vagina un discurso feminista que la audiencia escuchaba paciente en un acto que conjugaba el arte con la lucha por el género.


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“Trans-fixed” (1974) de Chris Burden

Aunque él es mayormente conocido como el artista que le pidió a uno de sus asistentes que le disparara durante un performance, Chris tiene esta acción entre su historia. Un momento cautivo lleno de emoción; se hizo crucificar sobre el toldo de un Volkswagen para andar en él durante dos minutos en el exterior.



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“La reencarnación de Santa Orlan” (1990) de ORLAN

Para este momento en que la artista estaba ya consagrada como una personalidad del extremismo en las producciones del performance, decidió someterse a una cirugía estética que le modificara el rostro retomando esas características de las mujeres famosas en la historia. Poniéndose la frente de la Mona Lisa, la barbilla de la Venus de Botticelli y demás, ORLAN se mantuvo despierta durante todo el procedimiento e hizo filmar el transcurso de éste.



“Sharpnel” (2007) de Adrian Parson

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En una acción escandalosa que intentó (y logró) la atención de los asistentes, el artista involucrado tomó su pene frente al público, desenfundó una navaja suiza y comenzó a circuncidarse para sorpresa de todos. Sí, hubo mucha gente escandalizada, pero el acto logró su cometido, además de una serie de cuestionamientos en torno a nuestras prácticas médicas o incluso sanitarias.


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“Carne incorruptible” (1996) de Ron Athey

Uno de los personajes más malinterpretados en nuestra historia actual: Ron, tras aceptar su condición como VIH positivo, en la victimización y estigmatización de esos pacientes, se transfiguró durante este performance en una silueta metálica, híbrida con la vida de los santos, impenetrable y fuera del contacto humano, además de un recuerdo vivo cuando el artista experimentó la Iglesia Pentecostal en carne propia.



“Pandrogeny” (en proceso) de Genesis Breyer P-Orridge y Lady Jaye

Uno de los artistas más increíbles en la actualidad, el cual explora los terrenos de la representación sexual, de género y del espectáculo a partir de sus producciones. El más llamativo y ambicioso proyecto es éste que lleva con su pareja desde hace algunos años, en que ambos están luchando quirúrgicamente por ser un par de seres completamente intersexuales que puedan convivir de manera afectiva y sexualmente exitosa.


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A la gente (común) por lo general no le agradan los performances porque en ellos reconocen, en la acción misma, en la complicidad de los hechos, los límites de lo humano y los alcances de la política o la sociedad contemporánea. Si te interesa seguir con este tema, dirígete a El proyecto escolar que robó la virginidad de un artista y La artista que utilizó cadáveres para retratar la carne muerta.







REFERENCIAS:
Eduardo Limon

Eduardo Limon


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