El arte nos ha demostrado que la perspectiva cambia la realidad. Forma, tamaño y dimensión se alteran al tratar de expresar de otra manera la existencia. La literatura, la pintura y la fotografía hacen uso de diferentes tropos para explicar los misterios que impone el mundo real y así jugar con las reglas de la naturaleza para crear su propia visión del espacio, tiempo y sentido.

Ríos, montañas, puestas de sol, bosques y volcanes fueron las imágenes que Adam Friedman eligió para pintar y llenar de símbolos y tropos que le ayudaran a expresar, a través de diversas perspectivas y cualidades, que la naturaleza, vista desde sus pinturas, rompe las reglas del entendimiento.

A través de la intervención del paisaje, Adam rinde homenaje a la posibilidad de lo inexplicable. Panoramas desestructurados en los que elementos naturales, distancias y objetos, hacen de su trabajo una visión alterna de la naturaleza.

Collages volcánicos de los que parecen surgir metales y cristales, combinaciones de agua y fuego, así como una mezcla entre cielo y tierra que simula apenas contener sus pinturas, hacen del trabajo de Adam un “misterio abrumador”. El artista, al no poder transformar o revocar las leyes de la lógica y la naturaleza, reinterpreta los paisajes desviándolos de su contenido original para adaptarlos a un nuevo enfoque.

Adam Friedman nació en Nevada, Estados Unidos, en 1983. A través de su trabajo busca respuestas sobre la imperfección en la que se encuentra la naturaleza. Sus paisajes son una reinterpretación del espacio y se han presentado en diversas galerías de su país natal, donde llena de colores las paredes colocando horizontes de perspectivas violentas, ángulos misteriosos e imágenes desestructuradas.

