
La guerra de Vietnam se considera la primera guerra televisada de la historia, fue también el primer conflicto bélico de la era moderna en la que no había censura y los reporteros y fotógrafos tenían acceso sin restricciones a los campos de batalla. Estados Unidos entendió que la imagen fotográfica no sólo era un documento y testimonio, sino que era la representación de una realidad que no tenía porque ser la “real” en términos documentales, sino la que su discurso de nación quería proyectar en pantallas y medios.
La Guerra de Vietnam se convirtió en la puesta en escena y acción del aparato militar como discurso político. Al entender el poder de la imagen, pero sobre todo de quien la interviene, la crea, la modifica y la distribuye con una narrativa tanto ficticia como “basada en hechos reales”. Posteriormente, la retirada del ejército estadounidense, a causa de una fuerte presión de la opinión pública por las atrocidades difundidas por los medios de comunicación, demostró también la fragilidad de un sistema político que puede estallar cuando lo detonan las imágenes.

Esta delicada y difusa línea, oculta entre los límites de la realidad y la ficción es uno de los ejes temáticos frente a los cuáles reflexiona Adela Goldbard, una artista mexicana que cuestiona hasta si la fotografía puede ser un documento o si puede crear una ficción y cuándo se convierte en ambas cosas a la vez. Por ejemplo, cuando al documentar una intervención de paisaje la fotografía se transforma en una ficcionalización del mismo y al mismo tiempo es un testimonio de una acción efímera real.
Ante esta dualidad su proceso dista de ser convencional, ya que es un montaje de puestas en escena –cargadas con un simbolismo político y crítica social– para su posterior destrucción.
La manufactura artesanal de piezas de pirotecnia, la cinematografía del tiempo ficticio y la puesta en escena son elementos que construyen la obra de Adela Goldbard para evidenciar una postura crítica frente a problemáticas como la violencia, la militarización, el capitalismo y las consecuencias de la lucha contra el narcotráfico.

Cuando Adela empezó a experimentar con piezas en video, las estructuras y objetos que construye para sus puestas en escena también generaron preguntas sobre su carácter real – como objeto funcional- o si al ser construidas para la obra misma se convertían en elementos de ficción.
Una de sus primeras acciones públicas en Zacatecas, “La quemada pública” se realizó en La quemada, sitio arqueológico llamado así porque de acuerdo con las investigaciones de los arqueólogos gran parte de ese sitio fue quemado antes de ser abandonado por sus habitantes. Originalmente se pensaba que el incendio habría sido provocado por algún enemigo y eso habría causado que sus habitantes lo abandonaran, pero investigaciones y teorías del arqueólogo Humberto Medina concluyen que los mismos pobladores del lugar quemaron parte del sitio sagrado para poderlo desacralizar a través del fuego y así poder irse. La destrucción colectiva se convirtió para “La Quemada” en un acto de purga.
Como en esa intervención, a Adela le interesa entender cómo construir y destruir de manera colectiva pueden ser medios para conservar la memoria y reflexionar en torno a la construcción de la historia.

A esta artista, le interesan también las tradiciones destructivas como la “Quema de Judas”, una purga colectiva del mal que condena a la figura del traidor, al construir un “Judas” que puede tener el rostro de Salinas de Gortari, Elba Esther Gordillo, Donald Trump, EPN, etc. la idea principal es que la efigie de ese personaje sea quemada de manera colectiva para recordar todo lo malo o negativo que la figura encarna pero también purgarlo.
Las efigies que la artista construye generalmente son objetos icónicos, parte del imaginario popular y narcopolítico, como una alegoría en la cual dichos elementos encarnan la violencia y el destruirlos es un ritual para no olvidar.
La espectacularidad de sus performances pirotécnicos es una herramienta para recordar y traer al presente aquellos hechos que deben ser salvados del olvido. Las reconstrucciones a escala real, son una estrategia de visibilización dentro del trabajo de Adela Goldbard.

“La fotografía se convirtió para mí en una especie de crisol de todo lo demás. Al hacer fotografía siempre había más elementos detrás, como una escultura efímera que debía ser documentada, una intervención de paisaje que después era fotografiada, o videos que se asemejan mucho a la foto porque son fijos y la cámara no se mueve. Entonces la fotografía se volvió el nexo inicial con otras disciplinas, aunque ya no se si sea el nexo más importante”. Adela Goldbard
La fotografía fue para Adela el punto de partida, porque no estudió artes, pero sus estudios de literatura y fotografía se convirtieron en la entrada al arte contemporáneo. La imagen – fotografía- y la ficción -literatura- como representación de la realidad se transformaron en un lenguaje artístico en busca nuevas formas de jugar con esa ficción. En su obra la fotografía posee una particular naturaleza que muta del video a la instalación, y de la acción a la letra.

En su reciente intervención “La desesperanza. La furia. El atardecer” realizada para el proyecto 1 mes, 1 artista en la galería El 123, la fotografía ha quedado rebasada.
Se trata de un mural in situ realizado directamente sobre la pared del espacio que abre para Goldbard nuevas posibilidades por explorar en el medio pictórico, no desde la mirada plástica, sino desde la de una artista visual que la emplea como pretexto o en relación a la esencia de la fotografía para reimaginar de qué maneras la recreación de una pintura – en este caso la reinterpretación libre de “Paricutín” de Dr. Atl- se fusiona con la poesía – “La Universidad desconocida de Roberto Bolaño- y cómo se obtienen nuevas ideas de representación a partir de esas combinaciones multidisciplinarias.

La literatura siempre está presente en su obra. El título de su más reciente intervención se debe a dos versos de Roberto Bolaño, que nombran un proyecto que surgió para usar los humos de colores en un mural.
Bolaño es uno de los autores que más ha leído últimamente y confiesa que al hallar una antología de su poesía – que no es la parte más conocida de su obra- no podía dejar de leerla, así que comenzó a seleccionar versos. Encontró un poema en el que hablaba de Dr. Atl, muralista y paisajista, a quien Adela ya había usado como referencia anteriormente en su obra porque para ella, la explosión de un volcán y la investigación plástica de su obra comparten con sus performances pirotécnicos una poética de la destrucción.


Como Murillo y Bolaño, existen otros artistas que han inspirado su obra. Por su formación en Letras Hispánicas, sus proyectos fotográficos parten de lecturas como la serie Ficciones en referencia a la obra homónima de Jorge Luis Borges que cuestiona los límites difusos entre lo real y lo ficticio, y que Adela adaptó a la fotografía mediante intervenciones de paisaje que parecían elementos que Adela encontraba aleatoriamente, aunque el espectador nunca esté seguro de ello, pues algunas fotografías parecen documentación de encuentros fortuitos y no puestas en escena.
La influencia de sus autores favoritos continúo con otro proyecto basado en On the Road de Jack Kerouac, obra que eligió como punto de partida para crear una reinterpretación fotográfica libre del viaje del autor por México.

Con todas esas influencias detrás, Adela se cuestiona ¿cómo se compaginan todas las capas de interpretación y lecturas posibles dentro de una sola pieza?
La obra de Adela Goldbard es una experiencia sensorial que no puede leerse por separado, no puede leerse la pintura o la fotografía sin el texto. Sus piezas se entretejen en una instalación inmersiva, cuya primera detonación es sensorial pero que después de leer entre líneas y hallar las referencias ocultas en cada elemento que compone la obra colapsa en una segunda detonación, esta vez reflexiva o intelectual.

El subtexto de sus piezas es un discurso sobre la sociedad contemporánea, Adela analiza qué está pasando en el México en el que vivimos.
Para ella, hay una conexión narrativa entre el volcán Paricutín protagonizando una pintura de los años 40 que representa la explosión violenta de un volcán para hablar de una situación política, y por otro lado la obra de Roberto Bolaño que siempre resulta un testigo habitante casi imperceptible de la ciudad pero con una postura política en los años 70.
A pesar de su diferencia de época, la poesía de Roberto Bolaño, la pintura mural de Gerardo Murillo “Dr. Atl” y las inquietudes plásticas de una artista contemporánea se fusionan en un sólo lenguaje para debatir y replantear el México actual.

El papel social del arte es la fuerza que detonan las piezas de Adela Goldbard.
Su obra tiene un trasfondo político abierto, pues muchas de sus piezas recientes parten de las notas de periódico y de reflexiones acerca de esos hechos. Adela afirma que una parte importante del arte es lo que puedes generar en los lectores como individuos pero lo que más le interesa abordar es la colectividad en sí, y por ello se encuentra trabajando en la gestión de un proyecto en la ciudad de Chicago que perfila un camino hacia donde dirigir su obra en términos de acción social y participación colectiva.
Consistirá en trabajar con una comunidad mexicana, específicamente una escuela primaria, ubicada en “La Villita” para generar una narrativa en conjunto sobre las problemáticas y preocupaciones del barrio y a partir de ello desarrollar una puesta en escena, construir los escenarios con asesoría de artesanos de Tultepec y, finalmente detonar un performance pirotécnico. Lo que este proyecto pretende es que la colectividad construya – y destruya- de manera conjunta para reflexionar sobre su presente y también acerca de cómo miran hacia el futuro.

La “Quema de Judas” encarna no sólo la maldad, sino problemáticas y asuntos por resolver de manera nacional, y para Adela ese “Judas” que debemos destruir y desacralizar como sociedad es el nacionalismo.
En su obra reflexiona constantemente acerca del patriotismo nacional y los símbolos que construyen el discurso de la historia oficial, como los monumentos. En una de sus piezas reconstruyó a menor escala el Monumento a la Revolución para cuestionar las mitologías alrededor de estas construcciones y de los festejos patrios; como el hecho de que la celebración del 16 de septiembre sea a través de un desfile militar, a pesar de que en uno de ellos una de las avionetas sufrió un accidente donde murieron 6 personas. Este acto propone en la obra de Adela una mirada a las celebraciones fallidas en las construcciones políticas nacionalistas, y es una invitación a deconstruir qué significa, quién las instauró, con qué fin, cómo nos afecta históricamente y por qué lo seguimos replicando.
Otro concepto que ha explorado es el accidente, especialmente en una serie basada en supuestos accidentes aéreos de funcionarios públicos a los que se les da carpetazo. Adela afirma que también habría que revisar esos hechos violentos, y una práctica que continúa sucediendo como el accidente ocurrido en Puebla hace apenas un mes.

“El olvido es otra de las revisiones necesarias, para preguntarnos de qué manera la memoria colectiva se sepulta por el aparato de poder, de qué manera se ocultan las historias que no se quieren seguir escuchando”.
La obra de Adela es una conversación vigente, porque hallamos ecos de su protesta en la cotidianidad, como ha sucedido con la situación de las medidas contra el huachicoleo, otro de esos asuntos que hay que desenterrar y sacar a la luz, aunque ello implique asumir las consecuencias de enfrentarlo al poner todo en la superficie. No dejará de ser un proceso incómodo indagar en la construcción del concepto de nación pero con cada acción, Adela Goldbard hace una invitación a debatir acerca de esos temas, estallidos y detonaciones para purgar a la sociedad de todo lo que ya no queremos ser.

No te pierdas La desesperanza. La furia. El atardecer, intervención de Adela Goldbard en la Galería 123, ubicada en el #123 de la Calle Artículo 123, en el Centro Histórico de la CDMX. Conoce más sobre la obra de Adela en su cuenta de Instagram @aca_gold y su sitio web adelagoldbard.com.
Esta muestra forma parte del programa 1 MES 1 ARTISTA cuyo reto es abrir el arte a nuevos públicos, revelar artistas y darles visibilidad, al ofrecer oportunidades de experimentar y exhibir de manera libre sin límites impuestos por el mercado y crear un nuevo centro neurálgico del arte en el Centro de la CDMX.

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