En las fotografías de Gyula Haláz, mejor conocido como Brassaï, se relató el “sueño parisino”. En 1924, Gyula se trasladó a París -donde vivió por el resto de su vida- seducido por la literatura francesa, de hecho, aprendió el idioma leyendo la obra de Marcel Proust. A su llegada, lo acompañaba el sueño de ser pintor, pero pronto se dio cuenta de que obtendría mayor estabilidad económica al vender artículos a los medios, así que trabajó como periodista ilustrando sus reportajes con imágenes capturadas por los principales fotógrafos de la época. Fue hasta 1930 cuando comenzó a firmar sus propias fotografías como “Brassaï” derivado de “Brassó” su ciudad de nacimiento en Hungría.

Brassaï fue de los primeros fotógrafos en practicar “fotografía de calle”
Esta fue una tendencia que seguirían personajes como Cartier-Bresson, Robert Doisneu o André Kertész.
“La noche sugiere, no enseña. La noche nos encuentra y nos sorprende por su extrañeza; ella libera en nosotros las fuerzas que, durante el día, son dominadas por la razón.” -Brassaï.
Brassaï llevaba apenas dos años como fotógrafo, cuando obtuvo un contrato para hacer un libro sobre el “París nocturno”. Cuando se publicó Paris de nuit en diciembre de 1932, la publicación tuvo un gran éxito y Brassaï se convirtió en un referente al capturar el lado salvaje, clandestino e íntimo de la vida cotidiana, retratando los bajos fondos del París de la década de los 30. Él consideraba que esa era la parte más auténtica de la metrópoli habitada por prostitutas, proxenetas y artistas, a quienes retrató utilizando una iluminación artificial que dotaba de teatralidad y dramatismo a sus escenas. Sin embargo, muchas de sus mejores fotografías de noche las hizo tras la aparición de Paris de nuit y la mayoría de sus imágenes de la vida nocturna parisina no se publicaron hasta 1976.

Para Brassaï lo importante no era captar un momento fugaz de la vida en la calle, sino recrear una escena vista o imaginada. Así, sus primeras fotografías no reflejaban el París real, sino que respondían a la idea de la ciudad que narraron los escritores europeos.
Brassaï perteneció al círculo artístico del barrio de Montparnasse, compartiendo grandes noches con artistas y autores como Salvador Dalí, Henry Miller y Pablo Picasso, además se le relacionó con la corriente surrealista por publicar sus imágenes en la revista Minotaure de André Breton. Como surrealista, encontró que este movimiento detectó las potencialidades de la fotografía una manera única de transformar la realidad en una irrealidad inexplicable, donde lo que es atrapado por la cámara adquiere nuevos significados e interpretaciones.
Se dedicó al cine, la poesía y la escultura, pero sólo fue reconocido como fotógrafo.
El 12 de junio de 1940, dos días antes de que el ejército alemán entrara en París, Brassaï abandonó la ciudad. Pero regresó en octubre y permaneció allí durante el resto de la ocupación. Al negarse a colaborar con los alemanes tuvo que dejar la fotografía libremente, pero recibió un encargo de Picasso de fotografiar sus esculturas. Esto influyó en la carrera de Brassaï como dibujante y escultor, además de que empezó a explorar su notable talento como escritor. Escribió diecisiete libros, muchos artículos y la novela Histoire de Marie en 1948, que fue publicada con un prólogo de Henry Miller. Como cineasta, el éxito le llegó en 1956, cuando su película Tant qu’il aura des bêtes obtuvo el “Premio a la película más original” en el Festival de Cannes, y en 1978, el Gran Premio Nacional de la Fotografía de París.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Brassaï reorganizó su trabajo en grupos temáticos: París de noche, París de día, Desnudos, Sociedad, etc. Y bajo el título de Plaisirs (Placeres) agrupó todas sus fotografías de la vida nocturna parisina: entretenimientos públicos, desde el Folies Bergère hasta las ferias de barrio; los cafés, los bares y los salones de baile; la prostitución callejera y los burdeles; los chulos y maleantes; y las celebraciones anuales diseñadas para poner en cuestión la decencia burguesa.
Brassaï fue llamado “El ojo de París” en un ensayo de su amigo Henry Miller.
Sin embargo, aunque la obra de Brassaï no tiene un carácter de reportaje, su mayor logro fue revitalizar una rica mitología que ya existía en la literatura y en las artes visuales tradicionales, trasladándola al nuevo medio de la fotografía en su aspecto más visceral e inmediato.
Brassaï solía decir “no invento nada, lo imagino todo”, paráfrasis de la expresión utilizada por el biógrafo George D. Painter para describir el relato de la vida de Proust en En busca del tiempo perdido: “Aunque no inventó nada, lo alteró todo”.
Sus fotografías, de evocación poética y narrativa cotidiana, reflejaron sobre la ciudad de París una mirada cinematográfica, con tintes del surrealismo que rodeaba la vida en el período de entreguerras que había dejado al descubierto la verdadera esencia del hombre en Europa. Y quizás ese ha sido su mayor acierto, que al mirar sus imágenes conocemos la esencia humana que no se resiste a los placeres que encierra la noche y revela la luz del día.




