Puedes pedirme cualquier cosa,
excepto tiempo.
—Napoleón Bonaparte
Si lo que haremos es tener sexo, entonces pídeme el tiempo que quieras… (dirían muchos).
Pocos son los momentos que decides compartir, verdaderamente, con otros. Escasos son los minutos en los que te concentras totalmente en una sola acción, en una sensación única o en una emoción específica. Los segundos son oro líquido que se escurre entre tus dedos, pero cuando se trata de satisfacción sexual, de dar y recibir placer, de ceder y conceder para tener un orgasmo, el tiempo deja de importar.
Aunque las manecillas del reloj siguen avanzando cuando él te penetra o cuando ella aferra sus piernas a tu espalda para que llegues cada vez más adentro, pareciera que el tiempo se detiene justo cuando alguno de los dos convulsiona eróticamente. ¿Alguna vez te ha preocupado terminar rápido el acto sexual con tu pareja? No lo creo…
El sexo y lo que viene con él supera cualquier métrica, regla o condición. Al clímax sexual te es fácil entregarte sin pensar en el “tiempo perdido” y justo por ello las fantasías sexuales son tan exquisitas. Del erotismo, el coito, los fluidos y los besos surge la tranquilidad que nunca conseguimos cuando nuestra mente corre mientras nuestro cuerpo se duerme. Es decir, la culminación carnal –esa que, literalmente, entra y sale de tus cavidades– congela tus pensamientos y te libera del “paso del tiempo”.
Las fantasías sexuales cumplidas y las que aún se formulan en tu mente encapsulan pasado, presente y futuro. De tu goce físico y tu imaginación lasciva brotan las raíces que te conectan intangiblemente a tu pareja. Así como sus dedos memorizaron tus pezones, tal cual como tu piel se desheló sobre la de ella y de igual forma que tu sangre hirvió cuando ambos contrajeron sus cuerpos desde dentro, el amor del que a veces ni siquiera son conscientes prospera como el tallo de una semilla olvidada a partir del placer y el erotismo.
De espaldas y con sus manos tirando de tu cabello; montada en ti para galopar sobre tu erección; encima de una mesa de madera que termina incendiada por la fricción entre sus cuerpos; equilibrados sobre un barandal para encontrar el ángulo más profundo entre los dos. No importa cómo ni dónde, durante el sexo lo cotidiano deja de significar y lo más abstracto toma forma.
Por esa razón sólo algunas vías de expresión tan libres como el arte pueden acercarse a la recreación del placer sexual. El dibujo es una de las disciplinas que logra rozar al erotismo real. Un ejemplo claro son las ilustraciones de este texto, recopiladas de una cuenta de Instagram bajo el nombre “L I B R A H N a t u r e”. El artista detrás de estas excitantes y minimalistas creaciones parece entender que alrededor de las fantasías sexuales no son necesarios ni los adornos ni el texto, basta con la silueta de dos cuerpos que se vuelven uno para que la agitación envuelva al espectador.
Si quieres conocer otro tipo de obras que también giran alrededor del erotismo y el placer sexual lee sobre 15 acuarelas que sólo un pervertido podrá disfrutar y analiza las pinturas eróticas del hombre que fue acusado de promover la pedofilia.
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