A escasas calles de la estación berlinesa de Potsdamer Platz, se encuentra el museo Martin-Gropius-Bau, sede de la exposición que reúne más de 300 objetos relacionados con la historia del ícono del pop David Bowie.
Desde la esquina Stresemannstraße, se puede apreciar una extensa fila de personas que dobla en la esquina de Wihelmstraße para continuar por un trayecto de al menos 200 metros rodeado el perímetro del edificio. En el sitio web de la exhibición resalta la advertencia sold-out; a su lado se precisa que las filas de espera son de por lo menos 1 hora y 30 minutos antes de poder comprar un billete de acceso; un guardia repite a los visitantes que llegan al filo de las 16:00 horas: “Es casi imposible acceder si se llega después de las 13:00”. La exposición abre sus puertas a las 9:00 y termina a las 20:00, con un recorrido promedio de 2 horas, para mi suerte, encontré a una persona que vendía un boleto comprado por internet, y podré ser testigo de esta maravillosa retrospectiva, sin hacer fila.
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Berlín tiene un significado especial en la historia de Bowie; algunos de sus trabajos discográficos más celebrados como Low, Heroes y Lodger nacieron en esta ciudad, dando lugar a una serie de brillantes colaboraciones con el productor Brian Eno. Influencias de bandas como Kraftwerk, entre otros elementos de la cultura alemana, impregnaron una de las facetas musicales más fascinantes en la historia del multifacético cantante.
Durante sus años berlineses que comprenden de 1976 a 1979, Bowie buscó el anonimato y la ciudad le ofreció el refugio perfecto. Anclado en la zona Oeste, en el en el número 155 de la calle Hauptstrasse de Schöneberg, compartió vivienda con otro ícono del rock, Iggy Pop, con quien exploró la vida nocturna y artística de la ciudad.
A su vez, Bowie es un artista querido por los berlineses; una serie de memorables conciertos a lo largo de tres décadas, así como su aparición en múltiples películas que reflejan la vida en Berlín, han hecho del “duque blanco” una personalidad distinguida y admirada.
Entrando de lleno en la exposición, vale la pena destacar el impecable trabajo de curaduría y montaje realizado por Victoria Broackes y Geoffrey Marsh del V&A Museum de Londres, que no se limita a presentar objetos, sino que los contextualiza, dándoles vida dentro del fascinante entorno de colores y personalidades del cantante.
En un orden cronológico, podemos ver el ascenso de Bowie, pasando por salas dedicadas a sus más emblemáticas composiciones como Space Oddity o Starman, donde es posible leer la versión original de la canción escrita de mano del propio David Jones.
Historias y curiosidades ocultas sobre la fascinación de Bowie por la cultura alemana también se hacen evidentes; por ejemplo, el homenaje al contratenor Klaus Nomi que realiza Bowie en su video The man who sold the world, llevando un traje al estilo de Klaus, quien a su vez también fue una especie de Ziggy Stardust, pues en sus actuaciones evocaba a un personaje que venía de otra galaxia, —una mucho más glamorosa y sofisticada, por supuesto.

Justo a la mitad del recorrido encontramos una sala de grandes dimensiones donde se proyectan fragmentos de los conciertos de Bowie que tuvieron lugar durante diversas giras. En esta sala podemos ver los trajes que usó el camaleón durante sus presentaciones internacionales. Los maniquís llevan una máscara de látex que muestran el rostro de Bowie tomado de un molde.
Hacía el final del recorrido, nos encontramos con una serie de tributos realizados por diversos artistas, donde se muestran algunas creaciones inspiradas en la imagen del artista, lo que nos permite constatar la importancia y el impacto que ha tenido en la cultura pop alrededor del mundo.
La exposición, que llegará próximamente a Chicago, permite conocer más sobre la vida y obra de David Bowie, pero, sobre todo, es una reflexión sobre la identidad y sobre la posibilidad de reinventarse. El juego de espejos entre los múltiples alter egos en que se desdobla su personalidad a lo largo de su historia deslumbra y fascina con igual facilidad, poniendo frente a nosotros la posibilidad de examinar los trajes, los fetiches, las pieles y las distintas vidas del camaleón por excelencia.
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