La pequeña Heidi (Heidi 1974), la diminuta Pequeñita (Mumins 1990) y la hermosa Campanita (Peter Pan 1953), son personajes que siempre recordaremos por su inocencia, al menos la que nos hicieron creer que las caracterizaba. Conforme fuimos conociendo más y mejor a estas caricaturas, entendimos que su tamaño, mejillas rosadas y la agudeza de su timbre de voz realmente no las definían. Es común que confundamos la inocencia con lo infantil, la ignorancia o la ternura, pero hablamos de una cuestión mucho más profunda e interesante que solo una cara bonita.
En la pureza de un acto y la sinceridad de una pregunta se encuentra la parte más inocente del ser humano; Nietzsche decía “la inocencia es la verdad de lo múltiple”. En la entrega total de nuestro amor y confianza está el ejemplo más claro de lo que es ser inocente, por lo tanto, no hay nadie que no peque de serlo. Sin embargo, el género relacionado más a menudo con la inocencia es el femenino, el género vulnerable, tierno, curioso, empático, cursi y soñador, así es como muchos describen a las mujeres.
Lo que todos olvidan es que en esa dulzura efervescente habita una fortaleza palpitante. En la suavidad también hay valentía y esa dualidad es la que nos separa del resto. Solo nosotras tenemos la capacidad de ver el mundo de color rosa sin perder la cabeza, de ser almas libres sin olvidar el camino y de asombrarnos todos los días y seguir sobre la tierra. La inocencia no nos vuelve débiles o tontas, nos da la oportunidad de ilusionarnos de vez en cuando.
“Mi odio hacia alguien que le quita a un niño parte de su infancia es grandioso. A mi entender, ése es uno de los mayores crímenes que existen, ese robo de la inocencia…”
–Albert Espinosa
No importa desde qué punto entendamos o estudiemos nuestra propia inocencia; la mirada de Nietzsche la explicaba como el devenir, mientras que Sigmund Freud la consideraba parte de una transición psicosexual. La realidad es que no sólo es el inicio o final de una etapa, sino parte de toda una vida en constante transformación. La candidez va y viene, nos abraza o nos aísla, nos recuerda quiénes somos y lo que ya habíamos olvidado.
“La idea más natural del hombre, la que se le presenta espontánea e ingenuamente como del fondo de su naturaleza, es la idea de su inocencia”.
–Albert Camus
En la ingenuidad de una decisión alejada de la lujuria, de la conveniencia o el abuso, está la parte más simple y cálida de la facultad humana. Los resultados de cada elección son o no los que deseamos a partir de la intención con la que actuamos. Es decir, ser inocente no sólo significa puerilidad, sino desinterés y amor propio, pues cuando no dañamos a nadie más, tampoco nos dañamos a nosotros mismos.
“Perdiste tu inocencia en el mundo de afuera. No podrás recuperarla aquí adentro, en el mundo de los afectos. Quizá tuviste tu jardín. Yo también tuve el mío, mi pequeño paraíso. Ahora ambos lo hemos perdido. Trata de recordar. No puedes encontrar en mí lo que ya sacrificaste, lo que ya perdiste para siempre y por tu propia obra. No sé de dónde vienes. No sé qué has hecho. Sólo sé que en tu vida perdiste lo que después me hiciste perder a mí: el sueño, la inocencia. Ya nunca seremos los mismos”.
–Carlos Fuentes
Lauren Winzer es la artista que, a través del tatuaje, recrea escenarios o personajes que representan esa parte que hemos olvidado. En los colores, destellos y siluetas de sus diseños se encuentra la inocencia que caracteriza a la felicidad; sus trazos se vuelven una gran opción si quieres llevar en la pierna, el muslo, la muñeca o el torso, aquella figura que inmortalizó tu inocencia ya sea por tu película preferida, tu disfraz predilecto o la escena más recordada de tu infancia.
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Hunter & Fox Tattoo