El grito de Munch que significa algo muy distinto a lo que la mayoría asume: la figura del cuadro no está gritando. Es una pintura al óleo, temple y pastel sobre cartón de 91 × 73 cm, realizada en 1893 por el noruego Edvard Munch. Hoy se conserva en el Nasjonalmuseet —Museo Nacional— de Oslo, en una sala dedicada al artista desde 2022.
La obra importa hoy porque se convirtió en el símbolo visual de la angustia moderna mucho antes de que existiera ese vocabulario. Aparece en memes, en Halloween, en portadas de libros de psicología y en tareas de preparatoria. Pero casi nadie sabe lo que el propio Munch escribió sobre ella, y esa distancia entre la imagen que circula y la obra real es exactamente lo que vale la pena cerrar.
La historia detrás
En 1892, Munch paseaba con amigos por una colina en Oslo al atardecer. En su diario anotó que el cielo se tornó rojo sangre, que se detuvo, que sus amigos siguieron caminando, y que sintió “un grito infinito que atravesaba la naturaleza”. Al año siguiente pintó la escena. La figura del primer plano no es un personaje inventado: es él mismo, según su propio relato, temblando de ansiedad mientras el mundo a su alrededor seguía impasible.
La obra forma parte de un ciclo más amplio llamado Friso de la vida, una serie de pinturas que Munch organizó en torno a temas como el amor, el miedo y la muerte. El grito es la pieza que concentró toda la atención, aunque obras como Angustia (1894) repiten el mismo escenario del puente con una multitud de figuras.
En 1910, el coleccionista Olaf Schou adquirió la pintura y la donó de inmediato al museo; los expertos noruegos ya habían identificado desde 1901 la necesidad de asegurar su propiedad nacional. Durante décadas circuló en préstamos internacionales, pero el último fue a Japón en 1993. Al año siguiente, el 12 de febrero de 1994 —día de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Lillehammer—, fue robada de la sala de planta baja donde se exhibía durante los Juegos. Fue recuperada ese mismo año mediante una operación encubierta de detectives británicos.
Qué estás viendo
- La inscripción en la esquina superior izquierda. En lápiz, casi ilegible, dice en noruego: “Kan kun være malet af en gal Mand!” —”Solo puede haberla pintado un loco”—. Durante décadas se creyó que era vandalismo de algún visitante indignado.
- Las dos figuras al fondo del puente. Caminan tranquilas, sin voltear. Su indiferencia no es un detalle menor: Munch las incluyó para mostrar que el terror era interior, no compartido.
- El soporte es cartón, no lienzo. La obra mide 91 × 73 cm. Quien la ve en persona después de conocerla solo en reproducciones suele sorprenderse por su tamaño y fragilidad.
- Las líneas ondulantes del cielo. No son decorativas ni un recurso estilístico arbitrario: Munch las usó para hacer visible el sonido, para convertir una experiencia auditiva y emocional en forma visual.
- El reverso del cuadro. Contiene un boceto rudimentario de la misma composición, confirmado por el catálogo del Nasjonalmuseet.
Qué significa cada elemento
- La figura sin rasgos definidos representa, según el propio Munch en su diario —citado por el Nasjonalmuseet—, la disolución del yo ante la angustia existencial. No es un personaje genérico: es el artista perdiendo los contornos de sí mismo.
- El cielo rojo sangre viene directamente de la experiencia de 1892. Algunos investigadores han propuesto que los cielos naranjas de la época podían estar relacionados con los efectos atmosféricos de la erupción del Krakatoa en 1883, pero esta hipótesis no está confirmada por el Nasjonalmuseet ni por el Museo Munch en sus fichas oficiales.
- El puente no es un escenario neutral. Según la investigadora Sue Prideaux, era un lugar conocido por suicidios, estaba próximo a un matadero y cerca del asilo donde estaba internada la hermana de Munch. El paisaje biográfico pesa sobre la imagen.
- Los dos acompañantes al fondo subrayan, según señala Britannica citando el planteamiento de Munch, que el colapso es interior: el mundo exterior no registra nada.
Lo que se repite y no es cierto
- Mito: la figura está gritando. El propio Munch lo desmiente en el poema que escribió en el marco de la versión pastel de 1895: la figura escucha y siente “el gran grito en la naturaleza”. Es quien recibe el grito, no quien lo emite. Fuente: Forbes y el Nasjonalmuseet, citando ese poema.
- Mito: la inscripción “Solo puede haberla pintado un loco” es de un visitante. Un análisis con cámara infrarroja y estudio grafológico realizado en 2020 por el Museo Nacional y el Museo Munch confirmó que la escribió el propio Munch, probablemente después de recibir críticas al exhibir la obra en 1895. Lo confirmó la curadora Mai Britt Guleng.
- Mito: existe una sola versión de El grito. Munch realizó cuatro versiones en color —dos pinturas y dos pasteles— más una litografía en blanco y negro de 1895. El Museo Nacional tiene la pintura de 1893; el Museo Munch posee otras tres versiones; una pastel de 1895 está en colección privada y se vendió por cerca de 120 millones de dólares en subasta en 2012, según Britannica.
Dónde verla
La versión de 1893 se exhibe en el Nasjonalmuseet de Oslo desde la apertura de su nuevo edificio en junio de 2022, en la sala dedicada a Munch. Los museos rotan obras y prestan piezas, así que conviene verificar disponibilidad antes de visitar.
El Museo Munch —también en Oslo— exhibe en rotación una de sus tres versiones en la planta 4, dentro de la colección Edvard Munch Infinite; según el museo, siempre hay al menos una visible.
Preguntas rápidas
¿Por qué la figura de El grito no tiene cara?
Munch disolvió los rasgos para representar la pérdida del yo ante la angustia: una cara definida habría anclado la imagen a un individuo concreto; sin ella, la experiencia se vuelve universal.
¿Cuántas versiones de El grito existen?
Cuatro versiones en color —dos pinturas y dos pasteles— más una litografía en blanco y negro. El Museo Nacional de Oslo tiene la más conocida, de 1893.
¿El grito fue robado?
Sí. El 12 de febrero de 1994, día de apertura de los Juegos Olímpicos de Lillehammer, fue sustraído del Museo Nacional de Oslo. Fue recuperado ese mismo año mediante una operación encubierta de detectives británicos.
Ficha técnica
- Autor: Edvard Munch
- Año: 1893
- Técnica: Óleo, temple y pastel sobre cartón
- Medidas: 91 × 73 cm
- Movimiento: Expresionismo / Simbolismo
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