En el mundo del arte sólo se le permite la entrada a mujeres desnudas

Sábado, 24 de diciembre de 2016 9:40

|Alejandro López



Como en ninguna otra actividad humana, el arte explora la naturaleza a través de la desnudez creativa y contemplativa. Por un instante, el desnudo parece dejar de ser un tema tabú y transformarse en una expresión sublime y estética. El cuerpo humano como esencia y medida de todas las cosas no sólo satisface a la mente y brinda respuestas como medio para conocer el mundo y transformarlo, su representación también es un reflejo del tipo de consciencia y las ataduras morales que se depositan sobre él. 

Todo el mundo, sin importar su grado de instrucción artística, conoce un desnudo femenino en el mundo del arte. Desde el "Nacimiento de Venus" (1484) hasta "Las señoritas de Avignon" (1907), la representación de este género es una constante que se vincula con un alto sentido estético, sensual, erótico y sentimental, pero ¿qué hay de los desnudos masculinos? ¿Por qué es tan difícil encontrar desnudos masculinos en el arte después del periodo clásico?

Venus de Milo  desnudo femenino

Las primeras representaciones humanas carecen de todo sesgo y muestran tanto a hombres como mujeres en el día a día. Las madres creadoras de las culturas antiguas que compartían el Mediterráneo y las representaciones de Venus dan un atisbo de la preferencia por la exhibición del desnudo femenino por encima del masculino.

La fertilidad humana tiene consigo un significado ritual y cosmogónico, representado en una mujer con caderas anchas y pechos prominentes como principio vital y de cohesión en el Universo para las culturas antiguas. Sin embargo, no se trata de una instancia definitiva para decantarse por el desnudo femenino ni hacer de él la regla en sentido estético. Los cuerpos masculinos también estaban presentes en bajorrelieves, esculturas y otras manifestaciones artísticas de la época, con la misma desnudez que su contraparte femenina.

Venus de Milo  desnudo femeninos venus of urbino

El mismo patrón se repite en el arte clásico, pero el desarrollo de la técnica desde la cultura egipcia heredado por griegos y romanos, combinado con la profundidad del pensamiento helénico y su culto al físico, hacen por primera vez del cuerpo, objeto estético. La figura de Venus se consolida en una mujer de acuerdo con los cánones de la belleza de entonces, pero la aparición de desnudos entre géneros es equitativa.

El primer sesgo entre sexos llegó a la historia del arte de la mano del cristianismo en dos direcciones: mientras las Venus y todas las madres creadoras de las culturas antiguas fueron apropiadas bajo la figura de la Virgen, el cuerpo femenino se caracterizó con un halo de pureza, producto del ascetismo y la cualidad primigenia de María.

desnudo femeninos

De forma paralela, la moral se impuso sobre la desnudez y el cuerpo perdió la virtud de creador de vida, especialmente el femenino. La piel se constituyó como sinónimo de lujuria y la negación del placer, regla invariable. El arte mariano se apoderó de toda la producción artística femenina, desde el auge del cristianismo en los primeros siglos y hasta finales del Renacimiento. El desnudo sólo se aceptaba a través de términos virginales y el cuerpo del hombre desapareció entre intermitentes manifestaciones de Cristo.

El arte moderno, como nunca antes en la historia, recurrió al desnudo femenino como principio estético. El cuerpo de una mujer y todas sus implicaciones cautivaron a cada uno de los artistas de los siglos venideros, desde el romanticismo hasta las vanguardias que marcaron el siglo XX. La norma es sencilla, el artista masculino, cautivado por la naturaleza de la complexión del sexo opuesto, capta su figura en un sinfín de manifestaciones.

La belleza y el poder de la imagen femenina sin prenda alguna conmocionó al mundo del arte; poco a poco el género se envolvió en una oda estética volcada al físico, que sólo encuentra admiración en su corporeidad ignorando el resto, como si se tratara de un paisaje, un bodegón con claroscuros o cualquier otra composición armónica sin más virtud que su alto nivel estético.

guerrilla girls mujeres desnudas en el arte

En los años ochenta, un colectivo femenino con sede en Nueva York irrumpió violentamente en la escena artística de la capital del arte contemporáneo. En autobuses, afuera de los museos de arte moderno, en postes y mobiliario urbano, apareció una imagen que escandalizó a toda una ciudad: la Gran Odalisca de Ingres apareció rediseñada, con una máscara de gorila y un texto tan sugestivo como directo:

"Do women have to be naked to get into the Met Museum? Less than 5 % of the artists in contemporary art sections are women, but 85 % of the nudes are female" (¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en el Museo Metropolitano de Nueva York? Menos del 5 % de los artistas expuestos en la secciones de arte moderno son mujeres, pero el 85 % de los desnudos son femeninos)

odaslica desnudo femenino

La estadística de Guerra Girls demostró definitivamente que el arte tampoco se salva del sexismo. El dominio masculino en la autoría de las obras es inversamente proporcional a la cantidad de desnudos que aparecen en pinturas, esculturas y toda clase de instalaciones en uno de los museos más importantes de arte contemporáneo del globo. 

A pesar de todos los discursos que fluyen de forma inversa y pretenden dar un sitio especial a las mujeres en el arte, la realidad es que el género es cosificado mientras el arte moderno avanza sobre el genio del hombre y la simple admiración del cuerpo femenino. El estereotipo de musa cobra fuerza como nunca antes y al tiempo que enaltece las cualidades físicas de su sexo, suprime todas las potencialidades creativas femeninas. Entonces el género queda reducido a un objeto de contemplación, un patrón que se repite en todo el arte contemporáneo, con contadas excepciones.






REFERENCIAS:
Alejandro López

Alejandro López


Editor de Historia y Ciencia
  COMENTARIOS