En la zona roja de Praga, entre alcohol, miles de euros y una amplia variedad de drogas, existe un club de sexo distinto a cualquier otro, donde los clientes que deseen entrar pueden pasar una noche en uno de los sitios más exclusivos completamente gratis a cambio de algo apenas más preciado que el dinero en la actualidad: su privacidad. En este sitio, la lujuria se conjuga con una interacción virtual que crea polémica al tiempo que mantiene un morbo permanente sobre lo que pasa dentro.


Se trata del Big Sister Brothel, cuyo nombre es un pésimo homenaje a Orwell (quien posiblemente se sentiría terriblemente halagado por saber que su predicción sobre el Gran Hermano llegaría incluso a influir en el ejercicio de la sexualidad), donde se lleva a cabo uno de los negocios más lucrativos y excitantes de la industria pornográfica en Europa. El sitio está equipado con 58 cámaras a lo largo de sus tres pisos, divididas entre habitaciones, escaleras y cuartos de baño de las prostitutas que laboran en el lugar.
Para ingresar, además de acreditarse como mayor de edad y mostrar una identificación oficial, es necesario firmar un contrato de compra-venta celebrado entre el club y el usuario: se trata de la autorización expresa de grabar en todo momento a los visitantes, desde que cruzan la recepción, caminan por los pasillos o se acuestan en una cama, además de permitir al burdel el uso comercial de las escenas captadas y su distribución en video; sin embargo, la mayor atracción y la actividad más lucrativa dentro del club no es la prostitución por sí misma, sino su transmisión vía web a través del sitio oficial.



La acción que se desarrolla en cada habitación del Big Sister Brothel es replicada en tiempo real vía streaming para los millones de suscriptores en todo el mundo. Para poder accesar al contenido es necesario pagar una membresía de 30 euros mensuales, que asegura disfrutar de la vista del Gran Hermano en su totalidad, el sudor, los gemidos y los orgasmos de cada acto sexual que se lleva ahí dentro están a disposición del público gracias a los tres directores de cámaras que laboran en el burdel, con bocinas y teléfonos cercanos a la cama o el jacuzzi, que suenan cada vez que la posición de los cuerpos desfavorece al plano de transmisión, entonces la sexoservidora sabe que debe encontrar el ángulo correcto para brindar el mejor servicio a los clientes en línea, sin descuidar al usuario de ese momento.

¿Cómo influye el Gran Hermano en el erotismo?
Lo que acontece al interior del Big Sister Brothel es una muestra de la forma en que el Internet y el uso de las redes sociales influyen en el ejercicio de la sexualidad. Al sitio acuden personas con todo tipo de preferencias sexuales, además de parejas que no sólo entran gratis, también son recompensadas con 30 euros por hora si firman el contrato para tener sexo dentro de las instalaciones.



La simple idea de ser observado mientras sucumbes a la lujuria y ansías el placer es el artífice del éxito de Big Sister Brothel. Se trata de un momento en la intimidad donde entre besos apasionados, caricias, la sensación de otro cuerpo acercándose milímetro a milímetro al propio, de unos labios recorriendo la piel que se eriza al momento de no poder más con las ganas, surge un instante de placer infinito que se potencia al saber que los actores están siendo observados por un ojo que no es el de la cámara, sino la representación de miles de ojos, que a su vez corresponden a unas manos, labios, tactos, pechos y sexos que observan con deseo desbordado cómo se comparte un momento que moralmente debe ser privado y censurado.

El trabajo de la fotógrafa propone una metáfora entre la forma en que se desarrolla la vida con o sin Internet. ¿Se trata de un simple ejercicio de voyerismo o es que, tanto los visitantes como los miembros, están utilizando su placer como una mercancía que se comercializa –al igual que la prostituta– por partida triple?
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Conoce más series fotográficas para reflexionar sobre el uso de la tecnología en los hábitos y placeres sexuales a través del trabajo de Marco Onofri y su crítica a la seguridad en Internet cuando es el medio por el que compartes tu intimidad. Lee ¿Quién ve los desnudos que mandas por Internet? para ver su trabajo. Existe una página en la que subir un video sexual no es considerado porno, al contrario, lucha contra la falsa y vacía noción de sexualidad que la industria expande en millones de usuarios, conoce de qué se trata Make Love Not Porn.
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Fuente:
Hana Jakrlova
