Existe una historia dentro de la cultura islámica que cuenta que Mahoma, el gran profeta de dicha religión, tenía un gran afecto por los animales; especialmente los camellos, los caballos y los gatos. Sin embargo, se dice que estos últimos eran sus preferidos, sobretodo su gata llamada “Muezza”, misma que paseaba de manera muy cercana al profeta. Cierto día, la gata se quedó dormida sobre la manga de la túnica de Mahoma y éste, para no despertar a la gata pues tenía que salir a la oración, decidió cortar sus vestiduras para no perturbar el sueño del felino. Al regreso del profeta, Muezza se acercó para frotarse contra él en forma de agradecimiento y Mahoma al notar el gesto de la gata, la acarició. Bendecida por Mahoma, a la gata le apareció una M en la frente, un signo distintivo en muchos de los gatos hoy en día y los que se cree descienden de esa gata. Siendo un animal tan respetado por su máximo poeta, los musulmanes guardan un cierto afecto por los gatos y proliferan en dicha cultura.
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La fotógrafa Beth Mancuso decidió realizar una serie fotográfica que capturara esos momentos íntimos en que sus hijos conviven con los felinos de sus hogar. Se trata pues, de sensibles y emotivas fotografías que logran plasmar una bella convivencia entre el ser humano y los gatos. Además claro de que la fotógrafa tuvo el tino de poder guardar en una toma la relación que sus tres hijos guardan con los gatos. Uno de ellos, el mayor es quien parece más obsesionado por los gatos pues trata de convivir con ellos en todo momento e incluso siempre intenta meter a un felino en su dormitorio por la noche. El hijo de en medio combinó dos de sus cosas favoritas al dibujar gatos que juegan al baseball mientras que el menor se entretiene dibujando catos, coloreando gatos y creando gatos de juguete.

El proyecto se remonta a por lo menos dos años y consiste en una mezcla de momentos de la vida real con composiciones realizadas por ella. Si bien el proyecto nació después de que la fotógrafa se percatara que tomaba muy pocas fotos de sus hijos con los gatos, el final del mismo se extiende hasta que sus hijos o los gatos se vayan de casa, lo que suceda primero.
A comparación con otros fotógrafos cuyo trabajo hemos compartido, Beth es autodidacta y expresa que es su propia pasión la que la ha llevado a conocer más sobre la fotografía y mejorar su técnica. Además, comenta que su interés por la fotografía consiste en lograr encontrar aquello que hace que cada persona sea única y hermosa y que una vez hallado, lo logre plasmar en una fotografía. Su gran meta consiste en capturar memorias que podrá ser atesoradas en un futuro.

A pesar de que muchas personas consideren que los gatos pueden ser huraños, hostiles o solitarios, Beth considera que en realidad son animales que enseñan “paciencia y compasión”, valores que ojalá sus hijos estén aprendiendo al convivir con los gatos.























Fuente: Manic Mother Photography

