Cig Harvey nos deja asomarnos a su mundo, pero no por completo, no sin reservas. Interrumpe los rostros de los personajes a los que les dedica sus historias con el marco de una puerta, con un cristal entreabierto, con un globo o una mirada indecisa y vergonzosa que con una mirada de reojo, no se muestra por completo. Las historias que nos presenta quedan inconclusas, a medias. Son obras que adquieren una profundidad más allá de su estética, más allá de lo aparente. Sus imágenes creadas, con esa capacidad de ordenar cada detalle con el fin de contar una historia abierta a la interpretación, imaginación y creatividad de quien la observe. Se trata de obras de arte con las que la artista recurre a la memoria, a los momentos, a la quietud de un tarde soleada, a la belleza de simple, pero siempre a una conexión con la naturaleza; esa fuente de paz y de armonía.
Su devoción por la fotografía empezó cuando era joven. Le llamó la atención esa capacidad de las imágenes para contar historias, por lo que a los trece años empezó a hacer sus pequeñas cápsulas de vida. Una cosa llevó a la otra, y hoy, además de ser una fotógrafa reconocida, ya ha publicado varios libros.“He tenido una mente muy cerrada sobre como quiero vivir mi vida. Haciendo fotografías y creando ambientes que den esa sensación de felicidad”.
Llenas de colores vibrantes, sus fotografías transforman experiencias cotidianas en escenas cargadas de simbolismos, y de metáforas existenciales. Temas como el amor, la esperanza, la pérdida o la fortaleza, todo ello se ve reflejado en sus fotografías terrenales llenas de misterio.










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Página oficial de Cig Harvey

