La fotografía no se limita a ser un arte, un pasatiempo o una profesión, es una forma de enfrentarse a la realidad. Y es que el mundo no es el mismo visto desde la lente de una cámara, existe una óptica donde el fotógrafo recoge pedazos de vida en cada enfoque para manifestar historias. Bajo este principio, se construyen titanes de la fotografía, capaces de mirar y hacer mirar. Henri Cartier-Bresson, es uno de esos titanes.

En el año de 1908, Chanteloup-en-Brie, Francia vio nacer a quien sería la mirada del siglo XX. Artista de nacimiento, sensible y crítico a la vez, Henri Cartier-Bresson tuvo una enorme pasión por la pintura desde muy joven y durante la década de los 20 dedicó mucho tiempo a su obra, que fue influenciada por los surrealistas. Su interés por la fotografía existió desde su juventud, sin embrago, estudió pintura y literatura en la Universidad de Cambridge; no fue hasta 1932 que descubriría la cámara Leica M9, y con ella una ferviente pasión por la fotografía.
Paris. 1952-1953. Escolares viendo el Sena desde Notre-Dame
Ahora bien, ¿de dónde surge el cambio de la pintura a la fotografía?, se dice que sus viajes a África y ese enfrentamiento al exotismo comparado con la tranquila y cosmopolita vida parisina, hicieron que buscara una forma más ágil de representar la realidad: «…El aventurero en mí se sintió obligado a testificar, con un instrumento más rápido que el pincel, la cicatrices del mundo.» Así pues, Henri comienza tomando fotos de lugares, personas y eventos que llamen su atención, pero sobre todo, busca historias más profundas que los grises de las fotos.
Influenciado por los surrealistas en París, Henri asiste a algunas reuniones en torno a André Breton, que se celebraban en los cafés de la Place Blanche. Y con ello guardaría en su estilo emblemas de la corriente surreal; sin embargo, el fotógrafo no se limita a este tipo de creación, sino que ser surrealista forma parte de su visión. El espíritu revolucionario, el atrevimiento, el placer de deambular en lo urbano, su facilidad de atrapar el azar y la acogida del inconsciente, son elementos característicos de su obra.
Detrás del la Estación de Saint-Lazare, Paris, Francia, 1932
Con el tiempo, fotografiar París ya no era suficiente para Henri, así que, motivado por contar historias y buscado por su talento, realiza distintos viajes alrededor del mundo. Por lo anterior, cabe resaltar su viaje a México en 1934, donde durante un año, su cámara lo acompañó a capturar los alrededores del país, la vida cotidiana y pedazos de un lugar auténtico, que destaca por bizarro y diverso, ¿cómo el surrealismo mexicano no podría seducirlo? Así pues, se involucró con la práctica del foto reportaje como parte de su trabajo documental. Y en 1935, sus fotografías se exponen junto con las de Álvarez Bravo en el Palacio de Bellas Artes de México.
México, 1964
México, Uruapan, 1934Junto a su interés artístico, Henri, al igual que muchos de sus amigos surrealistas, mantenía posturas políticas de los comunistas, y con la señal del riesgo de ascenso de los fascismos europeos en Francia, su compromiso político se hace evidente. El fotógrafo se une a la lucha izquierdista, en 1936 participa en las actividades de la Association des Écrivains et Artistes Révolutionnaires (AEAR) —Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios— y trabaja para la prensa comunista.
Dessau, Alemania, abril 1945 Sin embargo, además de su interés por la fotografía, Cartier-Bresson manifestó un fuerte amor por el cine, y en su compromiso militante; sabe que la capacidad narrativa del cine extiende los límites de la fotografía, y puede llegar a una mayor audiencia. Consecuentemente, con el apoyo de diversos documentalistas y una cooperativa en Estados Unidos motivada por ideales políticos y estilísticos soviéticos, dirigió su primer cortometraje. Entre las piezas más importantes destacan: Victorie de la Vie en 1937, sobre la vida diaria en hospitales españoles, L’Espagne Vivra en 1938 que relata la vida española en tiempos de la posguerra, y durante la Segunda Guerra Mundial realizó la película Le Retour, sobre el regreso de los prisioneros.
Anónimo Henri Cartier-Bresson durante el rodaje de Jean Renoir, La Regle di jeu, 1939El ojo crítico y revelador del artista, nos ha acompañado a ver el siglo XX, pero no para revelarnos un suceso, sino para afirmar que logró dejar perpetuo lo que podría ser fugaz. Por ello, Henri proclama que:
«La tarea del fotógrafo no consiste en demostrar nada acerca de un hecho humano. No somos publicistas; somos testigos de lo efímero.»
Efigie monumental de Lenin, Palacio de Invierno, Leningrado, Rusia, 1973
España, Sevilla,1932Tras visitar distintos países y mirar tantos sucesos, Henri parece entender que, como decía Miller: «Nuestro destino de viaje nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas,» y desarrolla una entidad estilística única que lo llevaron a ser padre del foto reportaje, pues una historia puede ser capturada con una mirada. Entendiendo así que, uno puede aprender mirando; en palabras del propio Henri:
«La fotografía es un medio de interrogar al mundo y, al mismo tiempo, de interrogarse a uno mismo».
Srinagar, Cachemira, 1948Con dicha habilidad y visión, Henri realizó fotografías casi por todo el mundo. Después de ser prisionero de guerra en 1940, entre 1944 y 1945, se une al grupo de fotoperiodistas que atestiguan la liberación de París.
En febrero de 1947, Cartier-Bresson se convierte en cofundador de la agencia Magnum, que apostaría por ser una de las líderes mundiales del foto reportaje, buscando quitar lo subjetivo del periodismo. Henri se hace reportero y algunos de sus proyectos más significativos fueron registros de sus viajes. En 1948 registró los últimos días de Gandhi, fue testigo de la transición del sistema Kuomintang en China y de los primeros seis meses de la vida del país como República Popular, estuvo presente en el proceso independentista en Indonesia, fue el primer fotógrafo periodista al que se le permitió visitar la Unión Soviética tras fallecer Stalin, y viajó a Cuba terminada la Crisis de los misiles. Tras muchos viajes a Estados Unidos, España, Suiza, Turquía, Hungría, Canadá o Europa del Este durante 1965, pasa varios meses en Japón. Asimismo, tuvo el privilegio de retratar a personajes como Ernesto “Ché” Guevara, Henri Matisse, Edith Piaf, Pablo Picasso, Camus, Sartre, Truman Capote, Coco Chanel, entre otros.
Fidel Castro habla en la reorganización del partido. Havana 1963.
China. Jiangsu. Nankin. Abril 1949. A medida que los primeros soldados del ejército popular de Liberación llegan en Nanking, sus ciudadanos los observan impasibles.
Jean-Paul Sartre, Paris, 1946 Gran parte de la técnica fotográfica de Henri Cartier-Bresson, se debe a su teoría sobre “el momento decisivo”, una idea que constituye su forma de capturar instantes, pues se trata sobre la importancia de capturar un rostro, un movimiento, o una acción en el momento más expresivo, importante y artístico. Debe existir una armonía entre quien mira y lo que mira. Donde el fotógrafo mismo debe aprender a ver y ordenar los elementos que dan nacimiento a una imagen, en palabras de Cartier-Bresson:
«Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje».
Livorno, Toscana, Italia, 1933
Más que crear reportajes a través de la fotografía y del cine, Cartier-Bresson fotografió a lo largo de varios años temas comunes en los países que visitó. Estas imágenes, que ahondan grandes hechos históricos y algunas cuestiones sociales de la segunda mitad del siglo XX, no se pueden limitar a constituir sólo fotos, sino que son legítimos análisis. Henri no se deja presionar por las agencias, por su entorno o por una tremenda necesidad de generar material, en cambio su obra es mucho más ambiciosa. Dichos análisis, que derivan en indagaciones, son descritas por él como una «combinación de reportaje, filosofía y análisis (social, psicológico y de otros tipos)», son una herramienta de la antropología social, llamada antropología visual, que se basa en usar imágenes como instrumentos para la observación y descripción del acontecer humano. La obra de Henri Cartier-Bresson revela mucho más que un fotógrafo y deja entrever a un hombre acuñado por su amor al arte, por horas dedicadas a la lectura, por el gozo de ser espectador de la vida, y por el arte de narrar.
Carreras de caballos, Thurles, Condado de Tipperary, Munster, Irlanda, 1952Así pues, Henri Cartier-Bresson comienza a alejarse de la fotografía en los años setenta para regresar a la pintura, cuando el propio fotógrafo aseveró: «Todo lo que ansío por estos días es pintar. La fotografía nunca ha sido más que una manera de pintar, un tipo de dibujo instantáneo». Henri Cartier-Bresson muere el 3 de agosto de 2004 en la comuna francesa de Montjustin, pero dejó un legado fotográfico digno de ser (ad)mirado; la indiscreción y agudeza de sus fotos acompañarán a la historia del siglo XX como testigos del instante. Hay que recordarlo como una guía de la visión y siempre saber que lo importante de los hechos es cómo son mirados.
Henri Cartier-BressonEl buen fotógrafo es tan hábil con la mirada, como el escritor con la palabra, y ambos cuentan historias. La fotografía debe tener cierta gracia en aprender a contar mirando. Hay que saber mirar al instante, colorearlo y hacerlo vivo, al final, los fotógrafos son artistas que dibujan con la luz.
Tren Rumania, 1975
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