Si bien el graffiti en general es concebido como una actividad ilegal, lo cierto es que éste ha cobrado notoriedad como una expresión artística que vale la pena considerar en la historia del arte, así como de el afán humano de dejar huella y una evidencia de su existencia en el entorno que los rodea.
De tal forma se conocen algunos antecedentes del graffiti moderno como el de los romanos, quienes solían grabar en las paredes de Roma desde versos de amor, hasta bromas e insultos, por ejemplo, se dice que buena parte de la poesía amorosa del afamado poeta Catulo figuró en las paredes de dicha ciudad.
Intervención del retrato de Francisco I de Austria. / Foto: ™KYSELAK
Ejemplos de ese tipo son comunes en nuestra historia pero a pesar de ello no fue sino hasta la década de los 70 que el graffiti se instauró como un estilo meramente urbano hasta su transición hacia lo artístico. Existen artistas como Taki 183, que suele ser considerado el primer graffitero, no obstante, siglos antes de él existió Kyselak, quien ahora es considerado como predecesor del “tagging” es decir, cuando los grafiteros tan sólo dejan su nombre o seudónimo marcado en las paredes sin ningún otro elemento.
Foto: Wikimedia Commons.
Kyselak fue un viajero y montañista que hacia 1825 recorrió el Imperio austriaco y más tarde publicaría un libro que incluía sus experiencias en cada lugar que visitó. El viaje y la mera existencia de Kyselak seguramente habría quedado olvidada por completo si no fuera porque él decidió tallar o pintar con óleos su nombre en cada lugar al que llegaba, incluso en los lugares más altos de las montañas.
De hecho, sus viajes no estuvieron limitados al Imperio austriaco, también se dice que visitó Ecuador y escaló el Chimborazo —la montaña más alta de dicho país con 6 mil 263 metros de altura—, allí Alexander von Humboldt encontraría el entonces famoso nombre.
Retrato de Francisco I de Austria. / Foto: Wikimedia Commons.
La actividad de Kyselak cobró fama al grado que cuando decidió colocar su nombre sobre una de las paredes del palacio real de Francisco I de Austria, éste lo llamó a una audiencia, en la cual, cuenta la leyenda que Kyselak aprovechó para dejar su nombre en el escritorio del emperador a pesar de que éste lo reprendiera por su actividad.
Foto: Wikimedia Commons
Algunos de los grafitis de Kyselak han sobrevivido la prueba del tiempo, sin embargo, lo cierto es que también ha sido motivo de copias e imitaciones, lo cual si bien ayuda a que el mito de este grafitero que decidió desafiar las órdenes reales para continuar con lo que parecía ser una entretención y búsqueda de fama bastante inusual para su época.
Foto: Wikimedia Commons.
En portada: captura del documental Kyselak – The First Graffiti Tagger.
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