Es bien conocida la genialidad de Miguel Ángel Buonarroti, pintor y escultor del siglo XVI, pero poco se sabe sobre sus años de estudio como para ser lo suficientemente comprendidos. No obstante, algunas influencias externas ejercieron un impacto en tan sólida genialidad. Pese a la diversidad en sus obras existe una unidad, es decir, no muestra mayores cambios en el carácter de cada una de ellas.
Los primeros estudios que realizó Miguel Ángel fueron los antiguos mármoles de los jardínes de San Marcos y los frescos de la Capilla de Brancacci en la iglesia de Carmine. Algunos dibujos del Louvre demuestran que tomó prestadas dos figuras de Giotto, Masaccio y otros artistas del siglo XIV.
Giotto, Massacio
Pero muy pronto Miguel Ángel imprimió en su obra toda la influencia de Donatello, deliberada e inconscientemente, esto es muy claro en el Moisés inspirado en el San Juan de Donatello.
San Juan de Donatello, Moisés de Miguel Ángel
Otro préstamo es muy evidente: la puerta de bronce de Donatello en San Lorenzo muestra una figura erguida que mira a la derecha con el brazo izquierdo extendido; proclama a Dios Padre en la Creación de Adán. Aquí, Miguel Ángel levanta un poco más la mano y dispone los ropajes de manera más cuidadosa que su predecesor.
Por otro lado se ha repetido que Miguel Ángel partió de los estudios anatómicos musculares de Luca Signorelli, asimilando los torsos. Signorelli empezó su Juicio Final en 1499 y lo terminó en 1505, mientras que Miguel Ángel ya había demostrado en 1492 un valioso dominio de la anatomía humana en Batalla de los lapitas contra los centauros. De hecho, sólo se inspiró en El Juicio Final, de Signorelli para su propio juicio final en la Capilla Sixtina.
A todo ello habría que sumarle que los ideales de Miguel Ángel se opusieron de manera inquebrantable a los de la antigua Grecia: brazos, manos, piernas, ojos y boca se unifican en una sola expresión del alma.
Su ingenio entrelazó un estilo para concebir figuras electrizantes con vida y vibración, inyectando pasión y elocuencia hasta en los propios ropajes; capturó el espíritu de la emoción profundamente dramática de su tiempo. Miguel Ángel hizo que el cuerpo humano resonara como una sola nota.
Referencia: Miguel Ángel, escrito por Eugène Müntz
