Las Vanidades (vanitas) de las que hablaremos en este artículo no se refieren ni a la revista mexicana, ni al orgullo o a la arrogancia. Con referencia al sentido de la popular expresión “en vano”, que alude al vacío y a la insignificancia, las Vanidades pertenecen a una categoría importante de la naturaleza muerta, género artístico especialmente practicado durante la época barroca (siglo XVII), en específico en Holanda. La naturaleza muerta es un tema artístico que se caracteriza por la representación de objetos inmóviles e inanimados, como flores, libros y frutas, entre otros. Charles Sterling (1901 – 1991), historiador francés y maestro de este tipo de arte, define a la naturaleza muerta con las siguientes palabras:
“Una auténtica obra de naturaleza muerta nace el día en el que el pintor decide qué tema va a tratar y qué objetos debe reunir para expresarlo. En función del tiempo y del lugar donde trabaje, el artista agrega cierto peso espiritual a los objetos, con el único objetivo de transmitir a su público la emoción poética ante tal belleza que a entrevisto entre estos objetos y el ensamblaje que les corresponde”. (La Naturaleza Muerta, de la Antigüedad a la Actualidad, 1952).

La naturaleza muerta, que incluye a las Vanidades, es característica del movimiento artístico y literario del barroco, que data del siglo XVII y que se extiende hasta principios del siglo XVIII. Esta corriente se sitúa en un momento crítico para la religión protestante y el poder de la Iglesia. En efecto, fue durante el siglo XVII que el pensamiento religioso se empezó a cuestionar a través del pensamiento filosófico, como por el jansenismo, movimiento religioso que surgió en Roma y controvirtió la libertad y la predestinación de la Iglesia Católica. Aunque condenado y prohibido en 1709 por esta última, constituye un ejemplo de cómo empezaban a surgir movimientos artísticos, literarios y filosóficos que tenían como principal objetivo revolucionar la manera de pensar de ese entonces.

Las Vanidades, alegorías que simbolizan la muerte, suponen por lo tanto que la existencia y el ser humano son vacíos, en vano y con precaria importancia. En esta específica vertiente de la naturaleza muerta, se encuentra generalmente representados sobre una mesa el tema del tiempo, a través objetos que evocan la muerte y la fragilidad humana (con cráneos o huesos e incluso flores o frutas) y lo efímera que es la vida (a través de relojes de arena o velas). La belleza también es un tema representado a través de joyas, para recalcar que es transitoria, mientras que la belleza celestial no lo es. Los libros, las armas y el vino también invitan al destinatario a reflexionar sobre la vanidad de los placeres terrestres (el saber, la riqueza, el poder, el placer de los sentidos…). Asimismo, al querer dirigir al hombre hacia Dios, y alejarlos de los placeres de la vida vanos y fútiles, se hallan símbolos religiosos (como espigas de trigo o coronas de laurel) como solución espiritual que aluden a la resurrección y a la vida eterna.
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En otras palabras, las Vanidades barrocas, alegorías de la muerte, representan generalmente tres temas: por una parte, la insignificancia del saber, del poder y la riqueza y del placer; por otra, se simboliza constantemente la fugacidad y fragilidad de la vida, y por último es incorporada la esperanza de la resurrección espiritual.

