“La poesía no es una carrera: es un destino”.
-Alejandra Pizarnik
Las palabras de Pizarnik resuenan en la cabeza cuando uno lee su poesía. Ella fue una mujer destinada a la poesía, pero que tuvo un fin trágico. Su suicidio en 1972, a los 36 años, fue una gran pérdida para la poesía latinoamericana, pero ayudó a mitificar la figura de una de las mujeres más importantes en la literatura contemporánea.

Pizarnik escribió toda su vida, dejó un diario con más de mil páginas y una cantidad de poemarios que un escritor podría haber logrado hacer en un periodo de tiempo mucho más largo. Su muerte estuvo marcada por toda una vida de traumas al ser considerada extranjera en su propia tierra. Hija de inmigrantes rusos y eslovacos, su acento siempre fue distinto. Además de eso sufría cambios constantes de peso que la deprimían mucho más al ser comparada con su hermana, por lo que desarrolló una adicción a las metanfetaminas.
Entre cambios de humor y peso, la escritora entró a estudiar a la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Buenos Aires donde aprendió sobre literatura, periodismo, pintura y filosofía. A pesar de no terminar la carrera aprendió mucho; en especial sobre los simbolistas franceses y los psicoanalistas. Ambos tipos de pensamiento se pueden encontrar en su obra.

Una mujer que supo encontrar en los sentimientos su expresión más pura. El amor en las letras de Alejandra Pizarnik es ostentoso, caótico, exagerado y peligroso. La mujer que llegó a entablar amistad con Cortázar y Paz, pero que lamentablemente no pudo huir de sus miedos, inseguridades, adicciones y traumas; y que después de ingerir media centena de pastillas abandonó este mundo a los 36 años, dejó algunos de los poemas más hermosos que cualquiera haya visto. Los siguientes diez poemas son solamente una parte de su idea acerca del amor y sus variantes.
LA ENAMORADA
esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues.
hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió
enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado
oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú
te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!
Más allá del olvido
alguna vez de un costado de la luna
verás caer los besos que brillan en mí
las sombras sonreirán altivas
luciendo el secreto que gime vagando
vendrán las hojas impávidas que
algún día fueron lo que mis ojos
vendrán las mustias fragancias que
innatas descendieron del alado son
vendrán las rojas alegrías que
burbujean intensas en el sol que
redondea las armonías equidistantes en
el humo danzante de la pipa de mi amor

ANILLOS DE CENIZA
A Cristina Campo
Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.
Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.
El Infierno musical
Golpean con soles
Nada se acopla con nada aquí
Y de tanto animal muerto en el cementerio de
huesos filosos de mi memoria
Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a hurgar
entre mis piernas
La cantidad de fragmentos me desgarra
Impuro diálogo
Un proyectarse desesperado de la materia verbal
Liberada a sí misma
Naufragando en sí misma

Caminos del espejo
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.
Aun si digo sol y luna y estrellas me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.
Reminiscencias Quirománticas
dos manos de flores pendientes resumen la
burda escultura de exóticas formas que
brillan vendiendo a las brujas el
augusto signo de vida por muerte
leyendo en las líneas las miles de
veces que vences o gimes o lloras o ríes o
emprendes camino a un paso fijo que
lucha en la noche repeliendo los
viles ataúdes que esgrime el fracaso

Seguiré
roto marco centra este todo
de árbol castrado llorando
medir cada paso a lo largo
si no se perturba la luna
la luz redondea blancuras
de nabos rallados
tirar cada envoltura
si no se distorsiona lo negro
la música enrojece
la ruta de cada pequeño húmedo
girar girar girar percibir
junto al marco roto
sentires de tacos y muelas
querer agarrarlo todo
AMANTES
Una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío

REVELACIONES
En la noche a tu lado
las palabras son claves, son llaves.
el deseo es rey.
Que tu cuerpo sea siempre
un amado espacio de revelaciones.
3
Sólo la sed
el silencio
ningún encuentro
cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra
***
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