13 poemas para superar un día triste

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13 poemas para superar un día triste

Es inevitable: todas y todos, en algún momento de la vida, tenemos días tristes. A veces lloramos tanto que se nos acaban las lágrimas y todo lo que queda es alcanzar ese momento catártico en el que, sí, el dolor no se destruye pero se transforma. Para ese día triste, aquí te traemos una recopilación de poemas que te llegarán al corazón. Algunos autores añoran el amor perdido, otros se lamentan por haber dejado pasar el tiempo o recuerdan que, si lloráramos por cada una de las tragedias de la vida, no terminaríamos nunca. Al final recordarás que, en un día triste, no estás sola ni solo.

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Boca de llanto, me llaman – Jaime Sabines

Boca de llanto, me llaman

tus pupilas negras,

me reclaman. Tus labios

sin ti me besan.

¡Cómo has podido tener

la misma mirada negra

con esos ojos

que ahora llevas!

Sonreíste. ¡Qué silencio,

qué falta de fiesta!

¡Cómo me puse a buscarte

en tu sonrisa, cabeza

de tierra,

labios de tristeza!

No lloras, no llorarías

aunque quisieras;

tienes el rostro apagado

de las ciegas.

Puedes reír. Yo te dejo

reír, aunque no puedas.

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Se ha vuelto llanto este dolor ahora – Jaime Sabines

Se ha vuelto llanto este dolor ahora

y es bueno que así sea.

Bailemos, amemos, Melibea.

Flor de este viento dulce que me tiene,

rama de mi congoja:

desátame, amor mío, hoja por hoja,

mécete aquí en mis sueños,

te arropo como mi sangre, esta es tu cuna:

déjame que te bese una por una,

mujeres tú, mujer, coral de espuma.

Rosario, sí, Dolores cuando Andrea,

déjame que te llore y que te vea.

Me he vuelto llanto nada más ahora

y te arrullo, mujer, llora que llora.

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Al triste – Jorge Luis Borges

Ahí está lo que fue: la tercera espada

del sajón y su métrica de hierro,

los mares y las islas del destierro

del hijo de Laertes, la dorada

luna del persa y los sin fin jardines

de la filosofía y de la historia,

El oro sepulcral de la memoria

y en la sombra el olor de los jazmines.

Y nada de eso importa. El resignado

ejercicio del verso no te salva

ni las aguas del sueño ni la estrella

que en la arrasada noche olvida el alba.

Una sola mujer es tu cuidado,

igual a las demás, pero que es ella.

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Instantes – Jorge Luis Borges

Si pudiera vivir nuevamente mi vida,

en la próxima trataría de cometer más errores.

No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.

Sería más tonto de lo que he sido,

de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.

Sería menos higiénico.

Correría más riesgos,

haría más viajes,

contemplaría más atardeceres,

subiría más montañas, nadaría más ríos.

Iría a más lugares adonde nunca he ido,

comería más helados y menos habas,

tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata

y prolíficamente cada minuto de su vida;

claro que tuve momentos de alegría.

Pero si pudiera volver atrás trataría

de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,

solo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca

iban a ninguna parte sin un termómetro,

una bolsa de agua caliente,

un paraguas y un paracaídas;

si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir

comenzaría a andar descalzo a principios

de la primavera

y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.

Daría más vueltas en calesita,

contemplaría más amaneceres,

y jugaría con más niños,

si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años…

y sé que me estoy muriendo.

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Curriculum – Mario Benedetti

El cuento es muy sencillo

usted nace

contempla atribulado

el rojo azul del cielo

el pájaro que emigra

el torpe escarabajo

que su zapato aplastará

valiente

usted sufre

reclama por comida

y por costumbre

por obligación

llora limpio de culpas

extenuado

hasta que el sueño lo descalifica

usted ama

se transfigura y ama

por una eternidad tan provisoria

que hasta el orgullo se le vuelve tierno

y el corazón profético

se convierte en escombros

usted aprende

y usa lo aprendido

para volverse lentamente sabio

para saber que al fin el mundo es esto

en su mejor momento una nostalgia

en su peor momento un desamparo

y siempre siempre

un lío

entonces

usted muere.

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Espero – Mario Benedetti

Te espero cuando la noche se haga día,

suspiros de esperanzas ya perdidas.

No creo que vengas, lo sé,

sé que no vendrás.

Sé que la distancia te hiere,

sé que las noches son más frías,

Sé que ya no estás.

Creo saber todo de ti.

Sé que el día de pronto se te hace noche:

sé que sueñas con mi amor, pero no lo dices,

sé que soy un idiota al esperarte,

Pues sé que no vendrás.

Te espero cuando miremos al cielo de noche:

tu allá, yo aquí, añorando aquellos días

en los que un beso marcó la despedida,

Quizás por el resto de nuestras vidas.

Es triste hablar así.

Cuando el día se me hace de noche,

Y la Luna oculta ese sol tan radiante.

Me siento solo, lo sé,

nunca supe de nada tanto en mi vida,

solo sé que me encuentro muy solo,

y que no estoy allí.

Mis disculpas por sentir así,

nunca mi intención ha sido ofenderte.

Nunca soñé con quererte,

ni con sentirme así.

Mi aire se acaba como agua en el desierto.

Mi vida se acorta pues no te llevo dentro.

Mi esperanza de vivir eres tu,

y no estoy allí.

¿Por qué no estoy allí? Te preguntarás,

¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?

Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí.

Porque todas las noches me torturo pensando en ti.

¿Por qué no solo me olvido de ti?

¿Por qué no vivo solo así?

¿Por qué no solo…

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Algunas desgracias de estar vivo – Stephanie Ochsner

Hoy es un buen día para llorar por las desgracias de estar vivo.

Llorar, por ejemplo, por cada botella de plástico tirada en la grama o por el smog.

Llorar por el río Turbio o el Guaire.

No hablemos del río Tocuyo o el Orinoco. (No lloraré tanto)

Hoy, a lo Andrés Eloy, lloraré por los niños que se salvaron de Herodes para calcinarse en Hiroshima y por los que se libraron de esta para agonizar en manos de sus progenitoras (porque ellas no son madres).

Hoy también se podría llorar por la desgracia de una hormiga o la de un tomate.

Hoy lloraría por las niñas que olvidaron que la luz que viene de adentro es más importante que el brillo labial.

Hoy quiero llorar por aquellos que van de cama en cama sin hallar su lugar.

Lloraré por un amigo que olvidó lo hermoso que es amar porque lo hirieron.

Lloraré por los que nunca han llorado por nada ni por nadie.

Hoy es un buen día para llorar por todas las especies silvestres que no conocimos y por las que nuestros hijos no conocerán.

Hoy fácilmente lloraría por todos los torturados, secuestrados, asesinados y violados del mundo.

Por cada niño sin padre y por cada padre sin hijo.

Hoy lloraré por cada proyecto inconcluso.

Por cada sueño roto.

Por cada Quijote que nos haya robado la escuela, el “qué dirán” o algún “después”.

Hoy se debe llorar también por todos los pueblos oprimidos, pisoteados, humillados por las tiranías de algunos cortos de alma y anchos de ambición.

Por cada idea que se quedó en la gaveta.

Por cada águila que se quedó en el corral de las gallinas.

(Creo que no me van a alcanzar 24 horas)

En fin, hoy lloraré (tal vez no) por algunas cosas que me pesan en el alma.

Por cada artículo de “Sucesos” que leo en los periódicos, por cada capítulo de terror que se encuentre en las páginas de la historia de esta humanidad, por cada pequeño dolor desapercibido, por cada metro cuadrado de selva talada, por cada agujero en la capa de ozono, por cada niño que muere de hambre, por cada niño armado, por cada soledad, por cada flor marchita, por cada mártir, por cada desgracia de estar vivo.

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Oda a la tristeza – Pablo Neruda

Tristeza, escarabajo,

de siete patas rotas,

huevo de telaraña,

rata descalabrada,

esqueleto de perra:

Aquí no entras.

No pasa.

Ándate.

Vuelve

al sur con tu paraguas,

vuelve

al norte con tus dientes de culebra.

Aquí vive un poeta.

La tristeza no puede

entrar por estas puertas.

Por las ventanas

entre el aire del mundo

las rojas rosas nuevas,

las bandera bordadas

del pueblo y sus victorias.

No puedes.

Aquí no entras.

Sacude

tus alas de murciélago,

yo pisaré las plumas

que caen de tu mano

yo barreré los trozos

de tu cadáver hacia

las cuatro puntas del viento,

yo te torceré el cuello,

te coseré los ojos,

cortaré tu mortaja

y enterraré, tristeza, tus huesos roedores

bajo la primavera de un manzano.

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Memoria – Jennifer Gómez

No me hace falta tirar de memoria

para saber cuándo fue

exactamente

la primera vez que te vi.

La primera vez que supe

lo que era que alguien

te sujetara

cuando no parabas de caer.

Más abajo.

Más abajo.

Hasta a ti.

La primera vez que vi mi reflejo

en unos ojos más limpios,

más puros,

más amables.

No me hace falta tirar de memoria

para recordar el tiempo

que pasé contigo,

ni las risas que

cuando explotaban

se clavaban en mi cabeza.

De entre tus dientes

he escuchado

cómo suena el amor

y cómo sonaría el quererme yo.

No me hace falta tirar de memoria

porque tengo tus besos

en las costillas

y cuando respiro

me duelen.

Tengo tus labios rozando

mis ojeras

y besándolas después

porque están ahí por ti.

Por nadie más.

No me hace falta tirar de memoria

porque tú y yo

nunca fuimos en pasado.

Porque tú y yo siempre somos

en presente.

Por eso,

porque te tengo aquí

mordiéndome los (d)años,

no me hace falta tirar de memoria.

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Adiós – Alfonsina Storni

Las cosas que mueren jamás resucitan,

las cosas que mueren no tornan jamás.

¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda

es polvo por siempre y por siempre será!

Cuando los capullos caen de la rama

dos veces seguidas no florecerán…

¡Las flores tronchadas por el viento impío

se agotan por siempre, por siempre jamás!

¡Los días que fueron, los días perdidos,

los días inertes ya no volverán!

¡Qué tristes las horas que se desgranaron

bajo el aletazo de la soledad!

¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,

las sombras creadas por nuestra maldad!

¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,

las cosas celestes que así se nos van!

¡Corazón… silencia!… ¡Cúbrete de llagas!

-de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!

¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,

corazón maldito que inquietas mi afán!

¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!

¡Adiós mi alegría llena de bondad!

¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,

las cosas celestes que no vuelven más!

Tengo miedo – Pablo Neruda

Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza

del cielo se abre como una boca de muerto.

Tiene mi corazón un llanto de princesa

olvidada en el fondo de un palacio desierto.

Tengo miedo -Y me siento tan cansado y pequeño

que reflojo la tarde sin meditar en ella.

(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño

así como en el cielo no ha cabido una estrella.)

Sin embargo en mis ojos una pregunta existe

y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.

¡No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste

abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo de una calma agonía

sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde.

Agoniza Saturno como una pena mía,

la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde.

Y por la vastedad del vacío van ciegas

las nubes de la tarde, como barcas perdidas

que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.

Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.

Estoy triste y mis ojos no lloran – Juan Ramón Jiménez

Estoy triste, y mis ojos no lloran

y no quiero los besos de nadie

mi mirada serena se pierde

en el fondo callado del parque.

¿Para qué he de soñar en amores

si está oscura y lluviosa la tarde

y no vienen suspiros ni aromas

en las rondas tranquilas del aire?

Han sonado las horas dormidas;

está solo el inmenso paisaje;

ya se han ido los lentos rebaños;

flota el humo en los pobres hogares.

Al cerrar mi ventana a la sombra,

una estrena brilló en los cristales;

estoy triste, mis ojos no lloran,

¡ya no quiero los besos de nadie!

Soñaré con mi infancia: es la hora

de los niños dormidos; mi madre

me mecía en su tibio regazo,

al amor de sus ojos radiantes;

y al vibrar la amorosa campana

de la ermita perdida en el valle,

se entreabrían mis ojos rendidos

al misterio sin luz de la tarde…

Es la esquila; ha sonado. La esquila

ha sonado en la paz de los aires;

sus cadencias dan llanto a estos ojos

que no quieren los besos de nadie.

¡Que mis lágrimas corran! Ya hay flores,

ya hay fragancias y cantos; si alguien

ha soñado en mis besos, que venga

de su plácido ensueño a besarme.

Y mis lágrimas corren… No vienen…

¿Quién irá por el triste paisaje?

Sólo suena en el largo silencio

la campana que tocan los ángeles.

El amor después del amor – Derek Walcott

Un tiempo vendrá

en el que, con gran alegría,

te saludarás a ti mismo,

al tú que llega a tu puerta,

al que ves en tu espejo

y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,

y dirá, siéntate aquí. Come.

Seguirás amando al extraño que fuiste tú mismo.

Ofrece vino, Ofrece pan. Devuelve tu amor

a ti mismo, al extraño que te amó

toda tu vida, a quien no has conocido

para conocer a otro corazón

que te conoce de memoria.

Recoge las cartas del escritorio,

las fotografías, las desesperadas líneas,

despega tu imagen del espejo.

Siéntate. Celebra tu vida.

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