Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude.
O. Welles
El infierno tiene una tortuosa sucursal en la Tierra, reservada para todos aquellos que alguna vez en su vida tengan la pretensión de escribir y destacar en las distintas formas literarias. La corrección de estilo es sólo uno de los tantos círculos. Otros mucho más viles se esconden entre renunciar a la forma de la época o volver a los clásicos, entre elegir la poesía profunda o la narrativa sencilla. Sea cual sea tu área de interés, poner en marcha la relativa empresa es igual a dar un paso hacia una respuesta que abre otras decenas de preguntas hacia un sitio cada vez menos explorado, donde lo único claro es el camino por donde llegaste y a pesar de ello, la mayoría suele borrar las huellas y quedar perdido entre penumbras, en medio de la nada, de un texto que bien podría ser un ensayo, demasiado largo para un cuento y terriblemente técnico para una novela.
¿Cuál es la clave para un ejercicio literario exitoso? A lo largo de la historia y desde la invención de la escritura, la respuesta se mantiene invariable y así transita generación por generación. No se trata de seguir una fórmula mágica o una receta de cocina para lograr que una serie de enunciados trasciendan, tomen independencia propia del autor y generen un par de sensaciones agradables y vívidas en el lector al menos por un segundo.
Satisfacer el hambre literaria y conseguir el éxito de la crítica puede ser un contrasentido tan distinto como escribir acera de lo que quieres y hacerlo sobre lo que puedes. Entre toda la confusión, una cosa es cierta: se requiere de práctica, de la repetición y del hábito de producir historias durante un largo periodo de tiempo para que un día, de entre un centenar de textos, uno consiga impactar positivamente a un lector. Estas son cinco cosas que los escritores contemporáneos hacen todos los días para escribir mejor. Si bien no hay fórmula mágica, son principios básicos para mejorar en el noble intento por transmitir algo a través del verbo escrito:
–
Lo más importante es el título

La premisa es sencilla: si el título del artículo no llama al lector a interesarse por el texto, nada lo hará y todo lo que contiene no servirá. James Altucher aconseja un título que cause shock para atrapar a quien se encuentra con tus palabras, pues tu texto está compitiendo con otros cientos de miles que resultan similares y a pesar de que sea el mejor, los lectores preferirán siempre el título más llamativo para sumergirse a averiguar de qué se trata. Jory Mackay explica que el objetivo del título es un llamado a la acción, es una pregunta sugerente al lector de por qué se debe interesar en tus palabras.
–
Escribe sobre todo, siempre que quieras

Usualmente, el consejo más común para aquellos que se aventuran en el mundo de la literatura es el de practicar a diario, con todas las situaciones y en todos los momentos posibles, aunque el tema sea absurdo y el resultado muy pobre, simplemente dejarlo fluir. La práctica parece ser el punto más importante para convertirse en un gran escritor, pero tampoco debe caer en la exageración. Hemingway se convenció de ello y recomendaba tomarse tiempo para salir a la realidad, dejar a un lado la máquina de escribir (o el lápiz y papel para los más románticos) y aventurarse a vivir todas aquellas experiencias de vida, los sitios y personas por conocer que serán parte fundamental de la próxima creación literaria, ¿Qué se plasma en el papel con más integridad sino las experiencias y lo vivido?
–
Tu introducción debe motivar a seguir leyendo

Brian Clark asegura que el propósito de cada oración en un texto es llevar al lector a la siguiente. Del título al primer enunciado, del primero al segundo y así sucesivamente. Algo muy similar creía Poe. James Altucher recomienda escribir un texto de manera normal y al final, eliminar el primer párrafo, al igual que el último. La importancia de una introducción está en que ésta debe convencer al lector de haber elegido la opción correcta y una vez que haya deslizado su vista a través de los primeros renglones, le sea imposible dejar de leer hasta el final.
–
No temas equivocarte ni ser juzgado

“Si quieres escribir, si en verdad deseas crear, debes ser el más sublime idiota e incoherente que Dios haya creado jamás”, respondió Ray Bradbury a la pregunta de: “¿Qué se requiere para ser un gran escritor?”. El punto está en empezar a escribir sin preocuparse por el resultado final, mucho menos por lo que pueda parecer a la gente, ni intentar adoptar el estilo definido de la época. La escritura, como todas las actividades creativas, requiere de la ruptura constante con los modos y las formas en que se desarrolla en un tiempo determinado. La vanguardia en el arte siempre tendrá un carácter disruptivo, que bajo la óptica del status quo puede ser mal recibido y parodiado, pero es la única forma de progreso que conocen las artes.
–
Nunca dejes de leer

Stephen King se molestaba sobremanera cuando un joven se acercaba a pedirle consejos técnicos para mejorar su calidad literaria. El maestro del terror utilizaba ejemplos de obras para ilustrar el manejo correcto de las distintas formas discursivas, pero en muchas ocasiones los principiantes no tenían el suficiente bagaje literario y desconocían las obras a las que hacía referencia. Ante la pregunta expresa de King, los jóvenes afirmaban que no tenían el tiempo suficiente para leer tanto. Acto seguido, el autor de “El Resplandor” concluía la conversación con una analogía: “¿Cómo pretendes mejorar tu escritura si no tienes tiempo para leer? Es como si alguien intentara escalar el Everest sin haberse tomado un tiempo antes para comprar cuerdas y el equipo necesario”.
–
Escribe lo más sencillo que puedas

George Orwell remarcaba la importancia de escribir de la forma más sencilla y amena posible. Entre sus reglas estaba nunca utilizar metáforas ni una palabra larga siempre que una más corta pudiera hacer el trabajo igual o mejor. Otra de sus reglas era nunca utilizar la voz pasiva si se podía utilizar la activa y no incluir ningún término extranjero ni científico que cause confusión en el lector, sino encontrar la palabra o la forma de describirlo en el idioma propio. Hemingway acostumbraba revisar sus textos decenas de veces, en ocasiones terminaba haciendo algo completamente distinto a lo que creía acabado, “escribe borracho, edita sobrio”, decía.
–
Tu conclusión debe cerrar con fuerza

James Altucher recomienda terminar cada texto con una conclusión poderosa, pues la calidad del mismo depende en gran parte del cierre. A pesar de que tu escrito esté lleno de calidad, si terminas con una conclusión de ensayo académico las ideas no permanecerán mucho tiempo en la memoria de nadie. Al mismo tiempo que debe ser breve, intenta conectar el final con las primeras líneas para crear una espiral explosiva que provoque volver a leer el texto para entender cada vez más lo que quisiste decir.
–
Olvida los lugares comunes

“No me digas que la luna está brillando; muéstrame el destello de luz en el vidrio roto”, afirmó Anton Chekhov. El acto de escribir se trata de tomar situaciones que parecen ordinarias, pero desarrollarlas a partir de un punto de vista único, creativo y distinto. Personajes ordinarios en situaciones no ordinarias, según Hemingway. La creatividad es solamente la mitad del trabajo en la literatura, porque si no tienes las herramientas suficientes para transformar tu creación en algo interesante y bien escrito, nadie lo leerá. Eso creía Henry Miller cuando diferenciaba ambas actividades: “Cuando no puedas crear, trabaja”. El trabajo es parte de la edición, de contar una historia paso a paso, uniendo un enunciado corto con otro con la coherencia necesaria para generar emociones a partir de la lectura.
–
Si buscas más consejos para mejorar tu técnica literaria, toma nota de los consejos de Roberto Bolaño sobre el arte de escribir cuentos. ¿Cuáles son las frases más inspiradoras de los monstruos de la literatura mundial para comenzar a escribir? No te pierdas estos 35 consejos de escritores para crear la historia perfecta.

