Poema por: Diego Rodrigo Illescas Díaz

Me dijo una tarde sedienta,
que al pasar por los encinos,
los rumores flotaban entre la
niebla.
Y es que ágil la noche ha
tomado camino, y tú has abierto
las puertas.
Sueltas las cortinas, donde tu sombra
se escondía,
y lo que queda es polvo y arena.
Mas mi voz acariciará tus venas,
ya siento el partir del tiempo y
sé que fluyo ligero en tus pensamientos,
pues en tus ojos grabada ha quedado
mi figura.
