
Hace algunos días caminaba por nuestras calles con el recuerdo nublado; caminaba pensando que era sólo un fantasma que alguna vez transitó por ellas.
Calles repletas de nostalgias y de besos dejados por las esquinas.
Hoy esos besos no existen.
A veces olvido, a veces recuerdo, a veces me caigo, a veces me elevo, pero es así, ya sabes -me conoces-, queda todo dicho en esas calles, queda todo cerrado.
Renacer sin pensarte sino agradecerte, agradecerte sin esperarte más. Esperando que termines, que no quede nada.
Porque no quiero que quede, porque quedar no es seguir, porque aprendí a necesitarme.
Caminé recordando tus voces graciosas, tu caminar lento, incluso, la temperatura de tu piel también la recordé, no es que no sean sitios confortables, sólo que ya no son mis sitios predilectos, las llaves las dejé en la entrada del pórtico.
Volveré a caminar recobrando mis espacios y mis silencios, mis palabras que son un grito ahogado en tu agonía no pronunciada, pero es que es así, sabes cómo soy yo, no me falta nada porque nunca he necesitado tanto y quizás eso era lo que alguna vez te gustó de mí.
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Las ausencias son la excusa perfecta para que la memoria haga de sus tretas, recordando que un día fueron esos labios el descanso que se amainó por la distancia…
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Las fotografías que acompañan el texto pertenecen a la artista Mária Svarbová, conoce más de su trabajo en su página oficial.

