Carta a Esther

2 min de lectura
por enero 22, 2023
Carta a esther
Carta a Esther

La noche se esfumaba lentamente y la enorme tela iba contando el tiempo para cubrirlo todo; mostrar las ilusiones, y para algunos, deshacerlas fulminantemente, sin vestigios de esperanza. Y se fue. Su mente había agotado sus fuerzas y el deseo de continuar.

El desprecio estalló, la verdad fue narrándose como el agua de tormenta en el herido suelo. Las razones empezaron a doler, a quemar todo rastro de estabilidad. Había de irse. Estaba cansada de desafiar a la vida y a la realidad que mostraba su espejo. No quedaba más en ella que le dejara seguir soñando.

Además, llegó alguien. Apareció un alma que protegiera y acompañara su soledad. Una mano solidaria que escuchara como himnos los reproches de otras historias, para aconsejar, dar alivio y estar allí. Alguien real que había saltado el limbo, motivado por el tesoro brillante de sus labios, y la divinidad que emanaba de aquella mujer. Un inocente que la vio y se confesó encantado. 

—Alguien más—, escribió en la noche despiadada, cuando ya no vimos estrellas en el cielo, todo era tensión y puntiagudas gotas de amargura. Ella ya había madurado, aceptaba que en su corazón entraban otras aventuras más reales de las que contenían nuestros nombres en una tabla a la deriva de los horizontes.

Entonces supe que la amaba, que inconscientemente la esperaba todos los días. Su voz en todas partes, lampareaba su rostro en todos los atardeceres, en cada pestañeo. La esperaba, pero mis metas ya no pudieron seguir amarradas en sogas de metal, y los rumbos se mojaron con mis lágrimas. 

Su decisión sin réplica cavó profundamente, dejando sin reservas a mi minúscula proporción de humano que quedó. Arrojó ya putrefacto el corazón, y la historia que había sido escrita se ahogó a un costado del órgano deforme e hinchado que yacía allí donde nadie nos vio. 

No quedó nada de nosotros, de lo que un día fuimos, se derrumbó la gruesa columna de momentos, el castillo de amor que se iba formando al ritmo de las tardes y noches, ávidos días de atravesar mundos y galaxias por su cariño. 

El tiempo ha pasado, y todavía siento el pesado golpe de sus letras matando en plenitud los sentimientos, hundiendo mi flácido cuerpo en una tumba de memorias y palabras leídas, pero jamás acariciadas de pies a cabeza en una mezcla de pasión y amor.

Y así fue como se fue. Sin titubeos. Ella era real, y sólo quería a alguien que también lo fuera. Alguien que le hiciera sentir que la vida no es sólo escribir y soñar, sino vivir, diseñar quiénes somos y para qué estamos vivos. Necesitaba amor, esperanza…

Ahora su recuerdo sólo vaga sin sentido en la pared… 

Adiós a aquel día cuando apareció, llegando íntegramente a mí…

Adiós, a quien sólo tuve la dicha de recibir. 

Mi rostro empapado de dolor se despide de ti, perdóname por todo lo que quería que fueras. 

Siempre vivirás en mí.

Carta a esther - carta a esther
Robert Doisneau

La mejor fotógrafa de guerra que vivió a la sombra del amor y murió en el olvido
Historia anterior

La mejor fotógrafa de guerra que vivió a la sombra del amor y murió en el olvido

Planeta x
Siguiente historia

Planeta X, una amenaza que podría terminar con la Tierra

Lo más reciente de Letras

× publicidad