Cuando se trata del amor hay una fórmula que es infalible y de la cual nadie se salva. Puede que ames a una persona, pero ella, a su vez, ama a otra persona, la cual ama a otra y así hasta el “infinito”. En general, la vida es una cadena de amores no correspondidos. Sólo una vez, cuando los astros se alinean en los altos cielos, la unión de dos personas se logra de una manera equilibrada y recíproca. Eso sólo pasa una vez en la vida; las demás veces que crees estar enamorado sólo padeces un autoengaño demente que te hace escribir palabras cursis como las siguientes:
Si me dieran a escoger entre un cofre lleno de oro y tu amor, preferiría mil veces morir pobre pero con tu sabor en mis labios a tener una mansión fría y sin reparo. Preferiría la dicha de haberte amado, a los lujos innecesarios. Porque tú eres lo que necesito. Lo que busco y lo que sueño. Te escojo a ti sobre todas las cosas. Porque para mí, tu boca es de diamantes y tus ojos de jade labrado. Qué otras riquezas quiero en mi vida sino tu cuerpo.

El problema es que aquella persona en realidad no te ama y tú eres el único que se crea falsas ideas en la cabeza. Al final terminas por tragarte el romanticismo y te entregas a una fatalidad gélida. Es entonces cuando te escondes en un rincón y escribes, entre balbuceos y lágrimas, lo siguiente:
Aquí estoy esperándote. Quedaste en venir y aún no llegas. La sombrilla ya se rompió y ahora los chorros de agua entran por mi espalda, enfriándome el alma. Te dije que no me movería y aquí sigo en tu puerta con la lluvia encima. Un día te asomaste y pensé que el día había llegado, pero abriste la puerta sólo para recibir a otro invitado. Me viste y, como si fuera un fantasma, tu mirada pasó a través de mí. Te hablé sin que me oyeras. Te vi sin que me vieras.

Así pones punto final a un amor del que no debiste haberte enganchado, un amor que muchos llaman prohibido. Pero no te preocupes, no eres el único que cometió el error y para que no ahogues en tu desgracia, puedes conocer la que padecieron otras almas en los siguientes libros:
“El túnel” (1948)
Ernesto Sabato

Es imposible saber quién empezó el enfrentamiento demencial, el choque de dos mentes desfiguradas. Juan Pastel es un pintor. En una de sus exposiciones dirige su atención a una muchacha que mira fijamente un cuadro. En ese momento se enamora o se obsesiona, no se sabe muy bien cuál es la diferencia. Lo que inició como un amor platónico (idealización) se convirtió en una obsesión y, finalmente, en un acto mortal
“Salomé” (1893)
Oscar Wilde

Haciendo una inversión del relato bíblico de Salomé, Oscar Wilde pone a la protagonista en una obsesión amorosa con Jokanaan, quien rechaza su amor. Presa de la locura por su negativa respuesta, Salomé ordena matarlo. Como lo dicta la historia, la dama besa la boca de la cabeza cortada de su amado, sin saber que ese acto le costará muy caro.
“Isabelle” (1921)
André Gide

Como era de esperarse, el excéntrico Gide reúne un castillo en ruinas a un noble demente, un viejo profesor sumido en mundos imaginarios, un hombre tonto y un preceptor eclesiástico para presentar la historia de un amor idealizado que sucumbe ante la confrontación con la realidad.
“La ternura caníbal” (2013)
Enrique Serna

El libro reúne 10 de los mejores relatos de amores retorcidos, así como prohibidos, ideados por el escritor mexicano Enrique Serna. Él no se va por el lado iluminado de las calles. Prefiere los callejones oscuros con olor a sexo. Sí, Enrique gusta de las pasiones más bajas, de perversiones, fantasías torcidas y vicios. Suena duro, pero una vez que comiences a leer su obra, la palabra que saldrá de tu boca será “encantador”.
“La señora Dalloway” (1925)
Virginia Woolf

Situada en la alta sociedad inglesa de 1923, “La señora Dalloway” es un drama romántico dotado con la profunda penetración psicológica que tiene la obra de Virginia Wolf. La historia narra un día del mes de junio, cuando Clarissa Dalloway tiene que organizar una fiesta. Sin embargo, un reencuentro le hará recapacitar sobre las decisiones que tomó en su pasado y que tienen como resultado una alteración de su presente y futuro.
“Travesuras de la niña mala” (2006)
Mario Vargas Llosa

Desde que llegó la chilenita a su vida, lo condenó. La conoció a los 14 y la olvidó de viejo, en el momento en que murió. ¿Ella lo amó? No. Iba y venía como una hoja sobre el viento. Sólo se dejaba llevar y le sacó provecho a la marea. Es un amor platónico –o prohibido– que nunca termina y se hace más incisivo. Él se aferró desde que la vio y aceptó el mandato de sufrir una vida entera.
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“Las batallas en el desierto” (1981)
José Emilio Pacheco

Este clásico de la literatura mexicana presenta la historia de un amor prohibido entre Carlos, un niño que está por convertirse en adolescente, y Mariana, la mamá de su mejor amigo. Detrás de un retrato histórico, político y cultural del México de la primera mitad del siglo XX, se esconde una siniestra pulsión que bien podría ser calificada como pederastia. ¿O cuál es la razón para que una mujer madura se le insinúe con poca ropa al tímido Carlitos? Por supuesto, a él le temblaron las piernas y padeció por el asombro del sexo femenino.
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