
En un rincón del alma me duelen los te quieros, dice una canción.
Las canciones, como la vida, van despacio y driblan en un silencioso corazón.
Hay quien aprende de la bruma o la ceniza del dolor su esplendor.
Son tan oscuros esos momentos, tan presentes pero inciertos y escuecen con ardor.
Mientras el tiempo no es lo que parece, enmudece y queda ausente, ante tanta vendimia y frustración, son el claro de tus ojos, la razón más imprecisa de toda mi desolación.
Va rápido, va lento, va y ni siquiera me lamento, consciente de su abrasión, cuando acabe la sed, no queda más remedio que pensarte en una canción.
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