“¿También es una adepta de Partre?” pregunta Colin, protagonista de “Mood Indigo” –cinta de amor surreal dirigida por Michel Gondry– refiriéndose con un nombre raro a una versión extraña de Jean-Paul Sartre. Su amigo en la pantalla le afirma que sí y comienza un diálogo delirante sobre enamoramiento y la fantasía de desear a alguien y ser correspondido. El mundo donde vive Colin es extraño, cuenta con elementos que conocemos pero mal acomodados.
Es como si alguien hubiese vaciado el universo en una licuadora y nos sirviera el resultado. La cinta es una de las más llamativas y trágicas del reconocido director pero esta vez no contaba una historia escrita por Charlie Kaufman, responsable de “Eterno Resplandor” ni una propia, como “Be Kind Rewind” o “The Science of Sleep”. Esta vez acudió a su mayor influencia quien es una de las mentes más imaginativas del siglo XX, contemporáneo y amigo de Sartre y admirado por Albert Camus. Su nombre era Boris Vian, el travieso escritor francés que murió demasiado joven.

Pocas mentes son tan dedicadas como la de Vian, quien era un apasionado polímata que dedicó su vida a la escritura, la música, las letras, a la ingeniería y a la invención. Su mente maravillosa creó una de las obras más controversiales de mediados del siglo XX y su rebeldía podría considerarse precursora de múltiples movimientos. Nació en marzo de 1920 en medio del crecimiento de la música jazz en Francia. Fue crítico y seguidor de la música hasta que finalmente se convirtió en una figura representativa del género gracias a su forma única de contar historias a partir de sus propias experiencias. Desde pequeño fue desconfiado de las creencias religiosas y militares gracias a la actitud desinteresada de su padre. Su niñez se vio marcada por distintas enfermedades que deterioraron el estado de su corazón, lo que causaría su muerte a la corta edad de 39 años. Poco se sabe de su juventud, pero existen anécdotas que aseguran consumía mezcalina con sus hermanos, además de otros relatos de indisciplina que marcaron la tonalidad de sus primeras novelas.

A pesar de ser un joven que no se adhería a las reglas, era un excelente estudiante. A los 17 años era un experto en filosofía, matemáticas, latín, griego y alemán. Dedicó otro par de años a los números, pero no podía quitar de su mente los sonidos fantásticos del jazz después de que intentó comenzar a tocar algunos instrumentos. Alrededor de 1939 conoció a la leyenda Duke Ellington, quien tendría un gran influjo en sus futuros trabajos literarios por su manera de trabajar con el género, creando discordancias entre la melodía. Fue hasta después de contraer matrimonio con una mujer llamada Michelle Législe, a sus 21 años que comenzó a publicar sus primeros trabajos dramáticos. Su novela inicial “Temblor en los Andes” o “A Tiro Limpio”, la escribió en 1943 completamente inmerso en el mundo del jazz. La obra refería a sucesos de su vida y leerlo es experimentar en carne propia la pasión por la música y el arte que crecía a inicios de los 40, mas fue publicada hasta después de su muerte.

La sátira que escribía Boris Vian en sus primeras publicaciones era muy distinta a otros trabajos de la época. El francés rescataba la ironía absurda de la existencia planteada por Dostoievski 150 años antes y la mezclaba con ritmos narrativos. Era increíble notar el aspecto imaginativo del autor. En cada palabra se nota su conocimiento en ingeniería y de un momento a otro puede transformar una máquina en el móvil de una relación amorosa fantástica o para una burla política. Después de trabajar en “Vercoquin y el pláncton”, que en gran parte narra con hilaridad sus experiencias consumiendo mezcalina, escribió cuentos cortos y sus trabajos más famosos, “La espuma de los días” y “Escupiré sobre su tumba”.
Aunque en este punto de su carrera Vian era una figura amada y reconocida tanto en la escena literaria como en la musical, sus libros no se vendían bien. Fue entonces cuando juró crear un bestseller y escribió “Escupiré sobre vuestras tumbas” y decidió publicarlo bajo un seudónimo y con una introducción hecha por un crítico norteamericano inexistente (costumbre que había tomado en su tiempo de reseñista). El público se enteró del engaño, pero irónicamente su obra fue de las más vendidas ese año. El libro estaba a nombre de “Vernon Sullivan”, pero todos sabían quién lo había escrito. La novela es una sátira criminal que presenta un mundo oscuro con conflictos sexuales y raciales. Gracias a su éxito, Vian publico obras similares bajo ese nombre

Por otra parte, “La espuma de los días” es el epítome de su intrépido estilo. Incluyendo detalles de Duke Ellington y del mundo del jazz, presenta un entorno revuelto donde el amor verdadero es posible, pero también la tragedia absoluta. Vian nos hace reír y sentir cálidos por los dulces momentos así como logra destrozarnos.
Destaca la introducción de Jean-Sol Partre, una versión graciosa de Jean-Paul Sartre, a quien Vian había conocido meses antes de escribir la obra. El autor impactó al existencialista, a Simone de Bauvoir y Albert Camus, quienes lo consideraban una mente brillante dentro de la joven escena literaria. La obra cuenta con todos los elementos que identifican a Vian, un surrealismo romántico impresionante, referencias al jazz, inventos fantásticos como el pianoctél (un piano donde se preparan cocteles) y una extraña enfermedad dentro de la protagonista que hacía referencia al delicado estado de salud constante del autor.

La relación entre Sartre y Vian era estrecha, frecuentaron múltiples clubs de jazz –influyendo a Sartre– hasta que el existencialista tuvo un amorío con la esposa del Vian, causando así su divorcio. Después de unos años Boris encontró el amor en la bailarina Ursula Kübler y trabajó en otras obras bajo el nombre de Vernon Sullivan. Cuando las ventas de sus libros bajaron decidió renunciar a la literatura y continuar su trabajo en el jazz. Participó como productor e intentó crear una carrera como cantautor. Tuvo algunos seguidores, sin embargo, nunca fue reconocido por su música. La fama mundial llegó cuando sus textos comenzaron a traducirse, pero para entonces era demasiado tarde.
Murió en 1959 y “Escupiré sobre vuestras tumbas” iba a ser adaptada al cine. Desde el principio de la producción, el polímata tuvo problemas con los involucrados en la cinta por diferencias creativas e incluso dijo públicamente que él rechazaba el trabajo. Acudió a una de las proyecciones y su enojo era tal que sufrió un paro cardiaco. Algunos señalan que antes de tener el ataque gritó a la pantalla: “¿Se supone que esos tipos son norteamericanos? ¡Mi culo!”. Falleció camino al hospital.

Aunque durante su carrera tuvo poco éxito comercial, la influencia en otros creativos que estaban a su alrededor es innegable. Su mente creativa era distinta a la de cualquier contemporáneo y en sus textos mostraba pistas existencialistas como guiños a Sartre. Músicos como Duke Ellington y Serge Gainsbourg lo consideraron una de sus más grandes influencias. Quizá nuestra generación tenga una ola más de polímatas y entre ellos se encuentre otra mente maravillosa como la de Vian.

