No es una poesía, ni un aforismo, tampoco una metáfora, mucho menos un haiku. Y aunque la greguería tiene un poco de aquellos géneros, aún es un concepto indefinible creado en 1910 por Ramón Gómez de la Serna.
Cual químico literario, el escritor español Ramón Gómez de la Serna cuenta que la greguería surgió un día de escepticismo y cansancio en el que juntó todos los elementos de su laboratorio, frasco por frasco, y los mezcló. “Desde entonces la greguería es para mí la flor de todo: lo que queda, o que vive, lo que resiste más al descrecimiento”.

Generalmente, la greguería es una frase que expresa, en una sola línea, algún pensamiento filosófico, humorístico, pragmático o lírico con interpretaciones o comentarios ingeniosos.

Ya decía el poeta Fernando Pessoa que es posible encontrar poesía en cualquier lugar u objeto, y aunque la greguería no es en sí una poesía, algo de ella tiene: es como la sustancia clave, y si algo se puede afirmar con respecto a ese tema, es que sin poesía no hay greguería.
Inventar greguerías podría parecer muy sencillo; sin embargo, escribirlas requiere de un gran ingenio. Ramón Gómez de la Serna planteó la fórmula de la greguería de la siguiente manera:
1. Asociación visual de dos imágenes
2. Inversión de una relación lógica
3. Asociación libre de conceptos ligados
4. Asociación libre de conceptos contrapuestos
Algunos escritores, como Jardiel Poncela, se han aventurado a hacer sus propias greguerías, infortunadamente no han conseguido el mismo éxito, mejor dicho, el mismo encanto. Y es que no es lo mismo leer este intento de Poncela: “Las lanchas salvavidas sólo sirven para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar separados”, en contraste con una greguería de Gómez de la Serna: “Las golondrinas entrecomillan lo que dice el cielo”, o “De lo que se habla en la oscuridad queda copia en el papel carbono”. Simplemente no existe comparación. Podría decirse que al primero le faltó poesía y le sobró humor negro. Por lo tanto, es probable, y casi de susto, que las greguerías sólo puedan ser escritas por su creador.

He aquí algunas de las más de diez mil greguerías que escribió Ramón Gómez de la Serna:
Aquel tipo tenía un tic, pero le faltaba un tac: por eso no era reloj.
El amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero.
La ametralladora suena a máquina de escribir de la muerte.
El arcoiris es la cinta que se pone la naturaleza después de haberse lavado la cabeza.
Los chinos comen tocando el tambor.
Después del eclipse, la luna se lava la cara para quitarse el tizne.
Los tornillos son clavos peinados con raya en medio.
Tres golondrinas en el hilo del telégrafo son el broche del escote de la tarde.
El cometa es una estrella a la que se le ha deshecho el moño.
La gaviota rema en su vuelo.
Soda: agua con hipo.
El cielo es un lugar donde se fuman puros.
La plancha eléctrica parece servir café a las camisas.
Las primeras gotas de la tormenta bajan a ver si hay tierra en qué aterrizar.
El “ambre” del hambriento no tiene hache porque el verdadero hambriento se la ha comido.
Las pirámides son las jorobas del desierto.
Cuando el armario está abierto parece que toda la casa bosteza.
El agua se suelta el pelo en las cascadas.

