Rocé tus manos,
recorrí azulados túneles de sangre.
Te toqué con calma
y atravesé un desierto de tierra blanca de montañas amputadas.

Tu cuerpo turbio y pálido
con unas pupilas suspendidas, vigilantes,
así que cerré tus ojos hasta que tu vista se silenció en la oscuridad.

Tanteé tu cabeza calva con una sonrisa compasiva,
y cubrí tu cuerpo muerto con las sábanas claras.
**
La intensidad de los momentos más cruciales se magnifica con la narrativa, los elementos estéticos del lenguaje y la capacidad creadora de una voz que hila y conduce imágenes como un sueño dirigido. Cortes rápidos, instantes de pausa. Sobre el cuadrilátero, todo luce como una batalla existencial en la que el amor da náuseas.
**
Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Elliot Dunning.

