Pintura de Ramón Peñaloza
Ella está ahí,
y nosotros ni la vemos,
trabajando, dibujándola,
ensimismados
en una escultura y
nuestras vidas aplastadas
por lo social y cultural
de la ciudad de México;
por un contexto que,
alejado de lo que buscamos,
nos enferma y nos vuelve
parte. Y mientras tanto,
su belleza y desnudez
deslumbra e ilumina,
alimenta el ego del artista,
que la observa y no la observa,
que busca la esencia de su cuerpo,
su figura, un verdadero plenilunio.
