
Tal vez es la ternura
la caricia que despierta mi locura.
Tal es la fisura
que eleva al más ingenuo de los budas.
Y es que el loco come puentes
apapacha a los relámpagos que ayunan…
Tierra y cielo; manos que comulgan.
Velas enraizadas
enredadera, fragilidad cotidiana…
De lo incierto, nace el alba.
La fotografía que acompaña esta publicación fue tomada por el autor del poema.

