¿Cómo podemos odiar a alguien que amamos como si no existiera un final?:
Me encontré escuchando la canción
—la que en secreto espero sea la siguiente sólo para pensarte—.
Esa maldita canción
que fue nuestra última tonada.
Una petición.
Una súplica.
Para que te odiara.

Tu disculpa por no poder volar junto a mí.
Tu explicación de cómo eres cucaracha
y yo un jardín —o eso entendí—,
lamento contarte
que treinta días, seis horas y diecisiete minutos han pasado y
no he podido odiarte…
Sigues allí paseando en mi mente.
En el mismo campamento que me armaste en la piel,
que sigue siendo de tu propiedad
—estúpida e indudablemente tuya—.
Sigues allí,

constante e imprudente.
No cambias.
Yo tampoco.
No te mueves.
Ni siquiera un poco.
Me siento cucaracha.
Y te pienso jardín.
Ojalá algún día puedas abandonar
ese espacio que ocupas en mí.

**
Si estás en proceso de sanar cicatrices, quizás este poema te ayude: “Saturo mis pensamientos para no extrañarte”.
**
Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Cvatik.

