
Estuve cerca, muy cerca de quedarme dormido entre laureles y vientos optimistas.
Estuve cerca de echar raíces en tu corazón y quedarnos dormidos sonriendo.
Formar una familia quizás, sólo antes de haber viajado para conocer nuevas tierras y
mares. Amanecer entre sábanas frescas y cariños matutinos, bebernos uno del otro y
tirarnos a la risa de mis chistes malos.
Sé que debía ser así, porque había sido así. Sé que a veces la vida te pone trampas y
trincheras para probarte, pero también sé que no debimos ser nosotros los culpables
de la mala gana, el pesimismo y los rencores cotidianos.
Así poco a poco nos hicimos ajenos, nos olvidamos de la esencia de la química que
tuvimos. Cambiamos besos por reproches, caricias por celos, nuestra imagen por la
de terceros. Salimos del nido sólo para desvanecernos en lo superfluo.
Malas caras, copas innecesarias, huidas con pretexto. Todas se volvieron razones a
la hora de encararnos. Escupiste frases ensayadas, repliqué reclamos tontos y
altisonantes.
Me fui haciendo demonio y tú un infierno, fuimos bastardos del amor. Hijos
abandonados, promesas rotas, sueños perdidos. Nos hicimos daño y nos dejamos
medio muertos pero orgullosos.
El orgullo te sacó de ahí, malherida y consciente de tu duelo te propusiste a olvidar
todo.
Lo lograste. Yo intenté lo mismo, no tuve la misma suerte.
Ahora somos un amante y una desconocida.
El olvido tuvo su victoria.
**
“Enamórate de mí” es un pensamiento constante y silencioso que tenemos cuando miramos el rostro de aquella persona que nos hace sonreír en la penumbra, es un deseo que le pedimos a las estrellas en la soledad de las noches.
**
Las fotografías que acompañan el texto pertenecen al artista Jason Mitchell
