La multiplemiada serie de Netflix, Narcos, comienza con unas líneas dibujadas en el cielo “El realismo mágico se define como un entorno realista y detallado que se ve invadido por algo tan extraño que resulta increíble. Hay una razón por la que el realismo mágico nació en Colombia”. Estas palabras son la introducción para mostrar una de historias tan increíbles que parecen ficción, pero que realmente sucedieron en tierras colombianas, la de Pablo Escobar. El realismo mágico fue el estandarte de muchos escritores latinoamericanos, entre ellos Gabriel García Márquez, colombiano que radicó en México y cuyas letras cambiaron la forma de entender la realidad.

Al igual que Márquez, otros autores hicieron uso de una realidad imposible, de mostrar acontecimientos ilógicos y surreales en un entorno que los acepta como normales. Álvaro Cunqueiro, José de la Cuadra y aunque él lo haya negado, se debe considerar a Jorge Luis Borges por ciertos aspectos. Muertos conviviendo con los vivos, ascensiones al cielo, líneas de sangre que cambian de dirección para enviar un mensaje y mucho más. El realismo mágico nació en Colombia, se definió en Latinoamérica y finalmente se consolidó en todo el mundo. Cada país tiene una forma peculiar de hacerlo, cada autor es capaz de mostrar un pedazo de fantasía en la realidad cotidiana; es por eso que te presentamos las siguientes frases que explican esa realidad alterada o esa imposibilidad cotidiana.

“La primera condición del realismo mágico, como su nombre lo indica, es que sea un hecho rigurosamente cierto que, sin embargo, parece fantástico”.
Gabriel García Márquez
“Dicen que Tita era tan sensible a la cebolla que desde que estaba en el vientre de mi bisabuela lloraba y lloraba cuando ésta picaba cebolla; su llanto era tan fuerte que Nacha, la cocinera de la casa, que era medio sorda, la escuchaba sin esforzarse. Un día los sollozos fueron tan fuertes que provocaron que el parto se adelantara. …Contaba Nacha que Tita fue literalmente empujada a este mundo por un torrente impresionante de lágrimas que se desbordaron sobre la mesa y el piso de la cocina. En la tarde, ya cuando el susto había pasado y el agua, gracias a los efectos de los rayos del sol, se había evaporado, Nacha barrió el residuo de las lágrimas que había quedado sobre la loseta roja que cubría el piso. Con esta sal rellenó un costal de cinco kilos…”
Como agua para chocolate, Laura Esquivel
“… Su aparición fue imprevista, sin ningún ruido —ni siquiera los ruidos que no se escuchan pero que son reales porque se recuerdan inmediatamente, porque a pesar de todo son más fuertes que el silencio que los acompañó—”.
Aura, Carlos Fuentes
“(La muerte) ha sido siempre para mí una compañera tan fiel, que a veces lamento morirme solamente porque entonces tal vez la muerte me abandone”.
Antes que anochezca, Reinaldo Arenas
“… y empezó a descifrar el instante que estaba viviendo, descifrándolo a medida que lo vivía, profetizándose a sí mismo en el acto de descifrar la última página de los pergaminos, como si se estuviera viendo en un espejo hablado. Entonces dio otro salto para anticiparse a las predicciones y averiguar la fecha y las circunstancias de su muerte. Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto…”
100 años de Soledad, Gabriel García Márquez
“-¿Ya murió? ¿Y de qué?
-No supe de qué. Tal vez de tristeza. Suspiraba mucho.
-Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace”.
Pedro Paramo, Juan Rulfo
“Me imaginé convertido en el pájaro-que-da-cuerda, surcando el cielo del verano, posándome en la rama de un árbol, dándole cuerda al mundo. Si era cierto que el pájaro había desaparecido, alguien tenía que asumir sus funciones”.
El pájaro que da cuerda al mundo, Haruki Murakami
“En su laberinto sobran tres líneas -dijo por fin-. Yo sé de un laberinto griego que es una línea única, recta. En esa línea se han perdido tantos filósofos que bien puede perderse un mero detective. Scharlach, cuando en otro avatar usted me dé caza, finja (o cometa) un crimen en A, luego un segundo crimen en B, a 8 kilómetros de A, luego un tercer crimen en C a 4 kilómetros de A y de B, a mitad de camino entre los dos. Aguárdeme después en D, a 2 kilómetros de A y de C, de nuevo a mitad de camino. Máteme en D, como ahora va a matarme en Triste-le-Roy.
-Para la próxima vez que lo mate -replicó Scharlach- le prometo ese laberinto, que consta de una sola recta y que es invisible, incesante”.
Artificios, Jorge Luis Borges
“Escribo, ella escribió, que la memoria es frágil y el transcurso de una vida es muy breve y sucede todo tan deprisa, que no alcanzamos a ver la relación entre los acontecimientos, no podemos medir la consecuencia de los actos, creemos en la ficción del tiempo, en el presente, el pasado y el futuro, pero puede ser también que todo ocurre simultáneamente, como decían las tres hermanas Mora, que eran capaces de ver en el espacio los espíritus de todas las épocas. Por eso mi abuela Clara escribía en sus cuadernos, para ver las cosas en su dimensión real y para burlar a la mala memoria”.
La casa de los espíritus, Isabel Allende
“Él mira hacia abajo en la taza del inodoro. Él ve una brillante bola roja, del tamaño de su puño, cubierta en sangre y moviéndose con soltura en el agua amarillenta. Palpita en el tiempo con el pulso de Ernest. Es su corazón”.
The day Immanuel Kant was Late, J. Mulrooney
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