Tus párpados son el horizonte donde deposito mi vida

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Tus párpados son el horizonte donde deposito mi vida
Tus párpados son el horizonte donde deposito mi vida

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Mauro es un poeta joven, y se puede presumir, erróneamente, que eso fijaría ciertos límites que incomodarían la hondura de una buena poesía; sin embargo, Mauro logra hacer volar su alma libre de prejuicios. Lo primero que se debe decir es que conociendo su obra anterior se nota en el autor una evolución notable, hay en el libro poemas de alto vuelo y versos exquisitos.

Sugiere, por ejemplo, que hacia el sol del crepúsculo se corre con los cordones desatados; la extrema luz de Anti-poesía, o que el alma de un muerto puede ser el “polen del espíritu profanado/ por una mariposa purpura/ que flotaba en la penumbra”. Habitar Alas, poemario de Mauro Sebastián Martínez, también incluye el bello poema Cintura Celeste y su perfecto verso final; el contrasentido y el colofón de Calles del centro y la belleza del verso: “Colibrí sonámbulo vas armando flores, construyendo el paraíso”. Además de los tres hermosos poemas finales del apartado Como la sed, en el que el autor se atreve a describir el amor sensual, los sentimientos puros, y ese verso conmovedor en el poema tres: “tus párpados son el horizonte/ donde deposito mi vida”

Todo lo dicho es para resumir que Habitar Alas, poemario de Mauro Sebastián Martínez, es un libro bello y hondo que se recomienda leer.

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Crepúsculo

Alas atascadas en el cráneo.
Espigas esparce el viento,
espuma del sol.

Corro hacia el horizonte
con cordones desatados.

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Antipoesía

Una bolsa entre las ramas del laurel,
el bache del asfalto dibuja una flor,
un rostro sonriendo en la cama del hospital,
el amor de un desdichado,
la gotera de la noche en un insomne,
el tatuaje de la tristeza en un corazón,
la casa después de una muerte,
la aceptación del hambre en este suelo fértil,
y las horas golpeando a un desesperado.

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Instante de muerte

La desnudez reflejaba el sudor
como asfalto a la distancia,
el polen del espíritu era profanado
por una mariposa púrpura
que flotaba en la penumbra,
donde seduce el misterio
interponiendo constantemente pureza.

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Calles del centro

Agitados hombres sobre rueda,
recorren el marketing de las calles paquetas.

Horas acrílicas de sueño,
un señor asincrónico reconoce el amor.
Al fondo del hospital donde hubo muerte y llanto

ahora hay risas y esperanza.

Los bichos danzan alrededor de las luces.

En la madrugada acre
la calle es un circo ajado.

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Oscura claridad

Los duendes que aletargan el anillo ámbar,
juegan su brújula entre melodías perfumadas.
Oscura claridad descifras al mundo con la piel,
atrapado por la sensibilidad
de un jardín superficial.
Niño inmóvil naciste en esta nave
y sus excéntricos espacios,
mejor dicho sus estructuras
como una fórmula para amoldar
y definir a todos.

Colibrí sonámbulo vas armando flores,
construyendo el paraíso.

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Como la sed

I

Desde las sombras la miro
como a una figura celestial.
Lamo antiguas heridas,
fabrico esperanza.
Amándola como un mensaje que no llega.
Por las rendijas entra luz
y estoy en el aire desarmándome de amor.

Cabello negro como la noche,
la noche cansada de albergarme.
La cintura cayó hacia sus caderas
y la desnudez de su cuello
como un crimen invisible.

En su espalda se esconde la gloria.
Está llena del misterio de la alegría
la miro tanto en la noche
que tiene sabor a roció.
Su piel pronuncia palabras cuando se acerca.
Estoy siendo correspondido.

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II

Eres como el agua en la sed.
Aquella mano colocada en la mano sobre el labio,
y eres como el color
que se deshace en sus matices.

Eres como apagándote
de las rutas que marcan la cruz,
graduando la angustia
con argumentos de seda.

Eres blanca risa piel cálida brisa,
ligeros los pasos celestes
que se ahogan en el sol de la tarde
y eres eso que el adagio descuidó,
el caso es que nos costó desde ser nada.

III

Agua que asciende en agua
apaga la hoguera en esta mirada.

Nada me detiene,
te persigo,
pues eres mi sed.
Y siempre fresca, pura y aniñada,
chispas de luna salpicaron tu piel,
las cuento como estrellas
que se encienden en la intimidad,
y tus ojitos cansados buscan el sueño,
tus párpados son el horizonte
donde deposito mi vida
y el próximo día donde vendrás a levantarme.

Por vos amor, ya no hay vacíos,
se fue la soledad.
Mi amor hoy estoy entero,
ya no hay vicios,
por vos, hoy puedo decir felicidad.

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“Hay en Mauro una pureza provinciana que se puede confundir con ingenuidad, algo incontaminado que se afirma en las certezas del nido, algo que se percibe en su desconfianza del oficio que ojalá conserve siempre, en la necesidad de dejar las miguitas en el camino de sus metáforas, pero el poeta es un pájaro que va dando cada vez giros más audaces, más alejados, hasta que un día está en un paisaje desconocido; percibo en Mauro esa necesidad, este libro que considero el escalón más alto de lo que he leído de él, es, presumo, la antesala de su cuarentena en el desierto, cuando lejos de Dios deba batirse con su enemigo, estoy seguro que su alma saldrá victoriosa de esa batalla y sé que de esa victoria nacerá un gran poeta. Mauro cultiva un arte interactivo como la poesía, quizás la última de las artes interactivas. Celebremos al poeta.” -Horacio Martin Rodio (escritor)

Encuentras más del trabajo de Mauro Sebastián Martínez en su blog Palabras Eólicas y en su página de Facebook

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