Después de recibir una alta dosis de fármacos que intentan destruir las células cancerosas el cuerpo se debilita estrepitosamente. Estas sustancias no sólo destruyen la enfermad, también de deshacen de algunas células buenas; por lo que los efectos secundarios de la quimioterapia, tratamiento contra el cáncer, son altamente nocivos y desgastantes para el paciente. El cáncer de mama invade a 1 de cada 8 mujeres y quienes se someten a procedimientos de quimioterapia o radioterapia sufren de falta de apetito, inflamación bucal, alteración del gusto, nauseas, vómito, diarrea, alteraciones en la médula ósea, descenso de los glóbulos rojos, plaquetas y leucocitos, debilidad, caída del cabello, alteraciones de piel y uñas, afectaciones neurológicas, cardiacas y en vías urinarias.
Después de vivir una experiencia como ésa es difícil imaginarse una vida normal, las sobrevivientes al cáncer de mama no sólo deben recuperarse de un gran daño físico, sino del despojo emocional al que las lleva perder una parte de su cuerpo. Por desgracia los pechos de las mujeres están considerados parte imprescindible de su identidad y valor.
Jennifer Hayden publicó su novela gráfica “La historia de mis tetas”, la cual terminó años después de ganar su lucha contra el cáncer. Ella comprendió que no era una mujer incompleta, sino más fuerte y totalmente afortunada por poder convertir su experiencia en un proyecto con el que otras víctimas del cáncer se identificaran.

La historia comienza, como cualquier otra, por el principio.
A los 43 años detectaron un tumor en el pecho de Jennifer que la obligó a someterse a un tratamiento que incluía una masectomía doble, es decir, a perder sus dos pechos. Después del proceso quirúrgico la autora de “La historia de mis tetas” decidió contar su experiencia en un cómic con el que compartiría con total humor y sinceridad el vínculo que ella y seguramente todas las mujeres tienen con sus pechos.

De manera cronológica Hayden ilustra la historia de su vida desde la perspectiva de sus senos ¿por qué? Porque después de vencer al cáncer se dio cuenta del importante -y a veces injusto- papel que los senos de una mujer juegan durante toda su vida dentro de una sociedad.
El cómic no es deprimente ni fatalista, estas cómicas ilustraciones se centran mas bien en las pequeñas protagonistas que comenzaron como un par de pezones, para luego ser la razón que acomplejó a la adolescente. Más tarde se volvieron el centro alrededor del que giraron sus primeras relaciones amorosas, años después tuvieron un papel enorme durante la maternidad de Hayden y finalmente se transformaron en el temor más grande al que ella se podía enfrentar.

La respuesta ante la publicación del cómic fue tan emotiva como positiva, pues muchas contactaron a la ilustradora para decirle cuan identificadas se sentían con su historia y cómo ésta las había ayudado a lo largo de su proceso contra el cáncer.

La historia de Hayden es una más de las miles de luchas que todos los días las mujeres libran. Jennifer recalca que el amor de su pareja y familia fue lo único que la ayudó a superar la idea de sentirse incompleta. La vergüenza y el temor de una víctima de cáncer se convirtió en la esperanza y el orgullo de muchas que, al igual que ella, lo lograron. Esta novela le ha recordado a cientos de mujeres que no están solas y que es posible seguir aún después de perder una parte de ellas. Pues como lo expresa cada dibujo del cómic de la española, los senos sólo son parte de la cubierta, mas no de lo que una mujer es y significa.

“La historia de mis tetas” además de concientizar a la sociedad, invita a prevenir el cáncer de mama. Deja claro que los pechos son una parte divertida de la juventud y obviamente útiles para amamantar, pero no por eso son una condición para ser valoradas como mujeres. Los pechos no nos representan, menos nos identifican, sólo nos adornan y es doloroso saber que las mujeres entienden esto después de perder uno o sus dos senos.

No hay otra forma de describir esta obra más que como una novela inesperada y original, la cual no solo trascendió de forma gráfica, sino como una representación divertida, emocional e irónica sobre la agonía de una enfermedad, el irrefutable valor de una mujer y la ridícula estimación que le damos al cuerpo, en este caso, al tamaño de los pechos.

