Cuando se trata de los libros de José Emilio Pacheco, la lista asciende hasta los 21 títulos, sin considerar artículos, traducciones e incontables compilaciones en las que sus poemas, cuentos y relatos han sido incluidos confirmando así su prestigio y su huella en la literatura nacional.
Si la cantidad de libros publicados no fuera suficiente, la consagración de Jose Emilio Pacheco (y de su obra misma) también está enmarcada por el recibimiento de todo tipo de premios literarios como el Premio Xavier Villaurrutia –que ganó en 1973 por El principio del placer–, así como el Premio Malcom Lowry en 1991, el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca en 2005 o el Premio Cervantes en 2009 y el Premio Alfonso Reyes del 2011, entre otros.
Antes de comenzar con algunos de sus libros más destacados, primero es necesario arrojar luz hacia algunas de las preguntas más concurrentes en cuanto a la obra de José Emilio Pacheco, más allá de cuántos poemarios o novelas escribió y ésta es:
¿Cuál fue el primer libro de José Emilio Pacheco?
Las biografías de Pacheco apuntan a que su primera publicación ocurrió a los 19 años, es decir, en 1958, cuando La sangre de Medusa fue editado, sin embargo, éste libro fue reeditado hacia 1990 bajo el título de La sangre de Medusa y otros cuentos marginales, en el cual se recopilan diversos cuentos y relatos sueltos de sus primeros años como autor, partiendo de 1958 hasta 1984.
Por lo que más allá de la primera aparición de La sangre de Medusa, también se refiere a Los elementos de la noche de 1963, el primer poemario de José Emilio Pacheco que contiene sus reflexiones más tempranas, siendo el poema que le da título al libro el siguiente:
Los elementos de la noche
«Bajo el mínimo imperio que el verano ha roído
se deshacen los días.
En el último valle
la destrucción se sacia
en ciudades vencidas que la ceniza afrenta.
La lluvia extingue
el bosque iluminado por el relámpago.
La noche deja su veneno.
Las palabras se rompen contra el aire.
Nada se restituye ni devuelve
el verdor a la tierra calcinada.
Ni el agua en su destierro sucederá a la fuente
ni los huesos del águila volverán por las alas».
Los dos libros que enmarcan el inicio de la obra publicada de Pacheco demuestran su versatilidad y facilidad para escribir tanto poesía como cuentos y novelas, rasgo que lo caracterizaría por el resto de su vida y creación, al grado que existen años en los que escribió libros distintos en géneros que podría decirse que son radicalmente diferentes.
Foto: Zendalibros
Morirás lejos, 1967
Se trata de la primera novela de Pacheco que para 1977 fue reditada y reescrita después de que por años se considerada como una obra menor en comparación con el resto de su producción lírica. La novela sigue a un hombre que diariamente se sienta en una banca de un parque a leer, en la que vigila a otro hombre, un tal “eme” que a su vez se siente acechado y observa de vuelta, de esta forma, con tramas y personajes cuyos pasados desconocemos, Morirás lejos es considerada como una de las mejores novelas experimentales de la literatura en México.
No me preguntes cómo pasa el tiempo, 1969
Escrito en el periodo de 1964 y 1969, “No me preguntes cómo pasa el tiempo” es uno de los poemarios más socorridos de José Emilio Pacheco y en los que se inscribe de una manera particular su virtuosismo lírico, frente a temas y sujetos que devienen de la cotidianidad; así como del repaso histórico y de la política.
“No me preguntes cómo pasa el tiempo”
«En el polvo del mundo se pierden ya mis huellas;
me alejo sin cesar.
No me preguntes cómo pasa el tiempo.
Liu Kiu Ling (Trad. de Marcela de Juan)
A nuestra antigua casa llega el invierno
y cruzan por el aire las bandadas que emigran.
Luego renacerá la primavera,
revivirán las flores que sembraste.
Pero nosotros
ya nunca más veremos
ese dulce paraje que fue nuestro».
Foto: Shutterstock
El viento distante, 1969
Así como ocurre con buena parte de la creación de Pacheco, El viento distante es otro ejemplo de las obras que el escrito reescribió. El libro comprende de 14 cuentos que vieron la luz por primera vez en 1963, pero que fueron editados y aumentados en 1969, dando lugar a la edición que ahora casi todos hemos leído. En estos cuentos el tema principal gira en torno a la niñez, dado que sus personajes son niños o adolescentes.
El principio del placer, 1972
Gracias a este libro, Pacheco fue condecorado con el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores y el motivo no es simple. El libro comprende de diversos relatos, entre ellos la novela corta que le da nombre: El principio del placer que sigue la historia de un adolescente y su experiencia con el amor y la sexualidad. Además de otras narraciones que a su estilo, refuerzan los intereses de Pacheco en cuanto a la cotidianidad, la mexicanidad, pero también a su simplicidad, después de todo, es otro ejemplo de los libros que son utilizados a nivel secundaria en los programas de literatura.
Foto: Shutterstock
Irás y no volverás, 1973
Cuando se trata de este poemario uno de los comentarios más comunes que surgen es el e la pasión trágica que Pacheco imprimió en estos versos, así como la preocupación por el tiempo y la memoria, lo cual podría explicar la dedicatoria inicial a la memoria de José Carlos Becerra y la conversación que no tendrán nunca.
“Irás y no volverás”
«Sitio de aquellos cuentos infantiles,
eres la tierra entera.
A todas partes
vamos a no volver.
Estamos por vez última
en dondequiera».
Islas a la deriva, 1976
Escrito entre 1973 y 1975, Islas a la deriva es un poemario que cualquiera podría relacionar con la obra de Hemingway (Islands in the Stream, en su título original) que sigue la historia de Thomas Hudson y sus aventuras. Sin embargo, más allá del tópico de la vida en el mar, lo cierto es que el trabajo de Pacheco en este poemario es una extensión de los dos libros anteriores en los que le da continuidad a sus preocupaciones –como lo puede ser la poesía misma o el rol de los autores–, en el que el tópico de la navegación que remite a la idea de, valga la redundancia, islas a la deriva, está íntimamente conectado con la fugacidad de lo humano y de la voz que Pacheco le da a sus preocupaciones.
Foto: Shutterstock
Los trabajos del mar, 1983
Si acaso, es en este poemario en el que la navegación y la aventura por el mar se hacen mucho más presentes, frente a la bitácora de un náufrago que antes de las inclemencias del mar abierto en realidad relata las inclemencias de la realidad que caracterizó a la segunda mitad del siglo XX.
“Informe de Jonas
(2)”
«En el temible vientre de la ballena encontré
proceso digestivos, violencia pura,
cardúmenes,
una teoría del estado moderno, una imagen
del desamparo humano, un retorno
al paraíso prenatal irrigado
por el fluir de la corriente sanguínea.
Y en mi habitada soledad tuve tiempo
para reflexionar en la esperanza:
Algún día
nuestra vida ya no será, como la llamó Hobbes,
tan sólo breve, brutal y siniestra».
El silencio de la luna, 1994
De acuerdo con la Enciclopedia de la literatura en México, este poemario tiene la peculiaridad de que en cada palabra de Pacheco existe «una clara voluntad de iluminar el lenguaje y el mundo por medio de una reflexión moral sobre nuestra condición: sus textos consiguen levantar —en medio del ruido y el silencio sin sentido— mecanismos cristalinos a través de los cuales podemos ver, sentir y pensar la realidad circundante».
En ese sentido, en algunos de los poemas de El silencio de la luna es posible encontrar la vena narrativa del escritor cuando recupera a grandes personajes de la historia y a través de su lírica recrea ciertos mitos. De tal forma, José Luis García Martín, en El Cultural, recupera ejemplos como el de “Oscura entre las sombras” en el que el mito de Eurídice –atrapada en el Inframundo y enamorada de Orfeo, quien baja a las tinieblas para recuperarla bajo la condición de no mirar atrás durante su camino– y el infierno que el poeta (Orfeo) tiene que atravesar se convierte en un carnaval de 1970.
Foto: Shutterstock
La edad de las tinieblas, 2009
Este libro comprende de hasta 50 poemas en prosa el cual en este libro se plantea como uno de los géneros más flexibles y fluidos que puede haber, en particular para un escritor cuya pluma fluctúa entre distintos géneros y estilos.
“La edad de las tinieblas: el quinqué”
«Arde la noche. El aire húmedo parece hervor de ciénega. Bajamos del yp para tomar agua mineral en un cobertizo a orillas del camino que se interna en la selva. Sobre el mostrador hay un quinqué. Si nada recordamos de la niñez y sólo podemos inventar lo inmemorable a partir de unas cuantas imágenes, este quinqué engendra ahora su propio teatro de sombras, me lleva hasta un puerto donde hubo una casa que ya no existe.
Se va la luz. La familia enciende otro quinqué. Me intriga pensar en lo que han dicho mis padres: en el petróleo de la lámpara flotan reducidos a esencia bosques y dinosaurios de la prehistoria. Millones de años se han necesitado para humedecer la lengüeta de jerga que convertida en mecha soporta la llama. Una campana de cristal la protege y le permite iluminarnos. En el quinqué se consumen los restos fósiles de una vida improbable. La noche huele a luz carbonizada[…]»
Foto: Biografías cortas
Si bien, Pacheco en general es más recordado por una de sus grandes novelas, lo cierto es que la mayoría de su producción literaria ocurrió desde el páramo de la poesía y de los acercamientos que ésta puede tener con la narrativa y el ensayo, como ocurre en La edad de las tinieblas con sus poemas en prosa. Del mismo modo, los 10 libros antes mencionados tan sólo son una fracción de legado que el autor dejó para la posteridad y que hasta la actualidad son herramienta de aspiración e inspiración para múltiples poetas jóvenes.
*Este artículo fue publicado anteriormente y ha sido modificado
Te podría interesar:
Poemas de Rosario Castellanos para matar a los que amamos
Cómo decir “te amo” según Cortázar, Benedetti y otros grandes poetas

