Desde tiempos inmemorables, el ser humano se ha adentrado en los puntos más profundos de la mente. Ya fueran nuestros antepasados los Neanderthales, quienes creían en la trascendencia del espíritu, o los egipcios con la interpretación de sueños, a lo largo de la historia esta inquietud ha sido una constante.
El neurólogo Oliver Sacks dedicó gran parte de su vida a investigar las enfermedades más raras que se desarrollan en la mente. Desde la epidemia de pos-encefalitis que se desató después de la Primera Guerra Mundial, en Estados Unidos, pasando por la ceguera al color, pérdidas instantáneas de memoria a corto plazo, hasta los famosos despertares de pacientes con más de 40 años dormidos.

Acomplejado durante más de 70 años por su condición de homosexual, inconfesable durante muchas décadas —pero reconocida entre su círculo más íntimo—, Sacks tuvo que lidiar con las lapidarias y condenatorias palabras de su madre: “Eres una abominación” y el peso de ser criado en una familia de judíos ortodoxos.

Narrador por excelencia, Sacks no se complica con tecnicismos propios de su profesión y nos adentra a lo profundo de las enfermedades de sus pacientes en más de una docena de libros sobre los misterios de la mente. Además, podemos disfrutar de dos grandes obras póstumas, el galeno Oliver Sacks es uno de los narradores contemporáneos que deben ser leídos al menos una vez por aquellos que buscan comprender un poco qué es lo que sucede en el área inalcanzable pero muy explorada del ser humano; por esta razón te presentamos una lista con seis de sus mejores libros:
1. Despertares (2005)

No fue su primer libro, tampoco el que tuvo más éxito, pero sí el que posteriormente lo catapultó a lo más alto. De él se adaptó una película, obras de teatro, documentales, etc., y hoy es uno de los libros más vendidos. El milagro del despertar de los pacientes con más de 30 o incluso 40 años de estar “dormidos” por la pandemia de la Primera Guerra Mundial, pos-encefalitis letárgica, fue el libro que sacó a Sacks del anonimato y nos mostró su delicada pero potente escritura.
2. El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (2002)

Este título poco convencional obedece al caso del doctor P., sobrenombre que utiliza el autor para referirse a su paciente, quien padeció un problema severo de agnosia, un trastorno del reconocimiento y la percepción del campo visual. En efecto, el doctor P. confundía a su mujer con un sombrero.
3. La isla de los ciegos al color (1999)

En dos diminutas islas de la Micronesia, Oliver Sacks se adentra en las particularidades de los habitantes de Pingelap y Pohnpei, donde un gran porcentaje de la población es ciega al color. Se narra cómo esta “ceguera” influencia su vida, religión, cultura y comportamiento.
4. Alucinaciones (2013)

“No vemos con los ojos, sino con el cerebro”, concluye el autor en este libro, que analiza y estudia los fenómenos alucinógenos a nivel cerebral provocados por enfermedades, migrañas y hasta drogas. Hay quienes, afirma Oliver, una vez sanos de sus alucinaciones, recurrieron a él para que les devolviera sus antiguas visiones.
5. En movimiento, una vida (2015)

Publicado en su versión inglesa a pocos días de su muerte, el galeno Oliver Sacks nos deslumbra con una autobiografía honesta, sencilla, directa; digna de un narrador por excelencia. El neurólogo se quita su bata blanca y nos muestra su parte más humana, sensible y vulnerable. Desde su infancia marcada por la Segunda Guerra Mundial y la persecución nazi contra los judíos, hasta sus aventuras homosexuales con las diferentes parejas que conoció en bares, bibliotecas y demás, todo detallado en las 400 páginas de su honesta obra.
6. Gratitud (2016)

Con cuatro artículos publicados en el New York Times, los editores de Oliver crean esta obra como agradecimiento a los miles de seguidores a lo largo y ancho del orbe, que fielmente le han seguido a lo largo de sus años.

El Doctor Oliver Sacks murió a principios de 2015, no sin antes despedirse de sus lectores. Meses antes anunció su enfermedad: un melanoma ocular que hizo metástasis y que en poco tiempo acabaría con su vida; fiel a sus convicciones y a su lápiz y cuaderno, redactó un ensayo titulado “De mi propia vida” diciendo así adiós de la manera más digna y valiente: “Puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores”.
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