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Home Arte Letras

Los gatos

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enero 22, 2023
in Letras
Los gatos

Los gatos

Gatos agresivas - los gatos

Raúl Romero odiaba a los perros y los odiaba con toda el alma. Vivía en un cuarto de azotea sobre la calle Madero y ahí los torturaba. Los cazaba y los secuestraba. Tenía tres rifles: un fusil, una escopeta, uno con mira telescópica y salía de cacería. Disparaba a larga distancia, a media y a quemarropa. No tenía piedad y era cruel, disfrutaba sus tormentos, el dolor y el sufrimiento. Para los perros él era el mismo infierno.

Salía por las noches, iba a los jales y disparaba a distancia, luego los remataba y, cuando ya estaba aburrido, los buscaba perdidos; los alimentaba para introducirlos en jaulas y al final los torturaba. A uno lo electrocutó, a otro lo ahogó y al más desafortunado lo despellejó. Era cruel y se reía, se carcajeaba cuando los perros sufrían. A otro lo mató a golpes, a uno de hambre y a otro le amputó las cuatro patas —una por semana. A otro lo colgó hasta la muerte, a otro le clavó un fierro ardiente y le prendió fuego a una camada de cachorros. Y él reía y se carcajeaba, se burlaba del dolor y el sufrimiento mientras disfrutaba sus matanzas. Sin embargo, un amigo de los perros comenzaría la venganza.

Una mañana. un maullido lo despertó, extraño era pues nunca antes un gato se había presentado por su puerta. Era gris y rayado, con líneas negras y los zapatos blancos. Era bonito, peludo y bien alimentado. Raúl no odiaba a los gatos pero les temía, padecía elurofobia y por eso pánico sentía. El gato maullaba y Raúl temblaba, el gato se asomaba y Raúl se aterraba, entonces se escondió debajo de la cama, y lloraba. Los maullidos duraron todo el día hasta entrada la noche, Raúl se asomó, abrió la puerta de su cuarto y no había nadie alrededor. Ningún gato. Suspiró aliviado y preparó sus cosas, quería desquitarse cazando. Entonces nuevamente maulló el gato.

Raúl volvió a esconderse debajo de su cama y no salió hasta entrada la madrugada. Se asomó por la ventana y no había nada, preparó sus armas y finalmente logró salir de su casa. Bajó a la calle y subió a su auto, se sintió tranquilo y aliviado. Encendió el motor y avanzó, quería dar vuelta en la siguiente calle cuando de repente el gato saltó sobre su rostro, violento y agitado el ataque del gato. Raúl perdió el control pisando involuntariamente el acelerador y se fue a impactar al parque Hidalgo, sobrevolando sus jardineras y divisiones florales. Se estrelló contra un árbol, el motor soltando vapor y su cabeza con sangre tocando el claxon.

Levantó la cabeza con dificultad y, aún mareado, bajó del vehículo y dio algunos pasos. Su rodilla estaba lesionada y el antebrazo fracturado. Miró su entorno, aspiró hondo y se sentó en el pasto. Se limpió la herida de la frente con un pañuelo pero seguía sangrando, escurriendo por su cuello, espalda y brazos. Entonces maulló el gato. Raúl levantó la mirada paralizado y ahí estaba, frente a él, el gato gris con zapatos blancos.

Con pasos delicados, como flotando, el gato se acercó a su regazo. Raúl temblaba, tenía pánico pero no podía hacer nada. No podía levantarse, ni siquiera caminar para alejarse. El gato llegó hasta él y no le hizo nada, sólo restregó su cuerpo y se acomodó a su lado. Sorprendido y estupefacto, no sabía qué hacer mientras el gato ya estaba ronroneando. Durante un momentos se sintió tranquilo y relajado, no obstante, apenas era el inicio de dar cuentas por todo lo que había hecho en el pasado. Llegaron más gatos. Primero uno negro, luego otro blanco, luego otro pinto y otro más anaranjado. Apenas tomaba conciencia de lo que estaba pasando, cuando en un santiamén se vio rodeado por decenas de gatos. Todos rodeándolo, todos mirándolo, especialmente el gato gris con zapatos blancos. Raúl también lo miró y, luego de unos segundos de silencio, un arañazo lo cegó. Los gatos lo atacaron sin control.

Miles de afilados dientes entrando y rasgando su piel, arrancando la carne y lamiendo su sangre. Su rostro comido, la lengua mordida y sus miembros y vísceras mutiladas. Todo le sucedió aún con vida y hasta la muerte intensamente sufriría.

Nunca más volvería a disfrutar el tormento, el dolor y el sufrimiento de los perros. Los gatos, los gatos, vengaron su atrevimiento.


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