Las risas se fueron apagando. Hubo unos segundos de silencio. Era ese momento previo en toda reunión, cuando se sabe que es tiempo de irse. Las tres parejas presentes se conocían desde jóvenes. Habían recordado momentos pasados, bebido con moderación y reído lo suficiente. Aun así podrían hablar unas horas más, pero los niños no querrían levantarse al día siguiente. Era una noche de domingo.Tal vez nadie vio la señal discreta. Ella golpeó la pierna de su esposo. Él bebió de un sólo trago la mitad del vaso de whisky que le quedaba. Se puso en pie, agradeció a los anfitriones la cena y velada, pero debían retirarse. Como por inercia, la otra pareja de invitados también anunció su partida.Todos se dirigieron a la antesala de la antigua residencia. Algunos rostros aún sonreían a causa de la última anécdota contada. Atravesaron el umbral, fue entonces cuando dejaron atrás los recuerdos de aquellos años, donde todos se percataron del silencio que invadía la casa. Teniendo en cuenta que la edad promedio de sus hijos era de 5 años, el mutismo que invadía el ambiente resultaba extraño.*La puerta se abrió por fuera. En el interior, hipnotizados por una botarga con colores pastel que bailaba en la televisión, se encontraban cuatro de los infantes, sólo faltaba la invitada más pequeña.La casa era grande, demasiado para la familia que la habitaba. Suficiente para separarse y buscarla. Poco a poco las luces de las habitaciones se fueron encendiendo. El nombre de la niña de tan solo tres años, resonaba cada vez con más fuerza y menos paciencia. Conforme los posibles escondites se agotaban, los gestos de los presentes se transformaban, como si algo espeso e invisible moldeará sus rostros hasta deformarlos.Se escuchó un grito desgarrador, casi agonizante. En unos segundos todos se encontraban reunidos frente a la puerta del sótano. Sólo el dueño de la casa y el padre de la desaparecida se atrevieron a bajar los escalones. La búsqueda había terminado. En sótano estaba inundado a causa de una fuga de agua. La niña flotaba inerte boca abajo.
*El tiempo se detuvo desde el fatal hallazgo. Sólo el sonido del timbre les hizo regresar a la realidad. Para entonces, una luz parpadeante penetraba por las ventanas invadiendo las paredes del salón. Por fracciones de segundo era roja, luego azul.*La puerta se abrió desde el interior, afuera dos hombres uniformados, dos rostros intimidantes con gestos de superioridad. Habían recibido una llamada de este domicilio, sabían de la tragedia ocurrida. Entraron a la residencia, examinaron con miradas casi obscenas a los todos los presentes. Uno de ellos sacó un radio, llamó a su superior y comenzó a utilizar términos policíacos para resumir los hechos. Dentro de su interpretación tuvo especial atención en intercalar dos palabras claramente entendibles que amedrentaron a todos los presentes: homicidio y prisión.…Las sombras comenzaron a devorar las luces parpadeantes que alumbraban el salón. Los últimos invitados se habían ido, pero se llevaron consigo una cantidad monetaria de cinco cifras, a cambio de un silencio que prometieron, sería como la tumba de la pequeña.


