Marge Simpson es la madre de Bart, Lisa y Maggie. Es la esposa de Homero. Sabemos que tiene una predilección por los Monkees, la banda que fue un fenómeno en Estados Unidos durante los años 60, ama a Ringo Starr, asiste religiosamente a la iglesia, le teme a los aviones, ha sido policía, maestra, vendedora de pretzels y, en una ocasión, intentó pertenecer a un club de la alta sociedad usando un solo traje Chanel. Pero, ¿quiénes son sus verdaderas amigas? ¿A quién acude Marge Simpson cuando se siente triste o sola y necesita desahogarse sobre su vida como madre y esposa?

Esas son las preguntas que nos plantea Raphael Bob-Waksberg (también conocido por ser el creador de otra de las series animadas para adultos más importantes de todos los tiempos, ‘Bojack Horseman’). En su poema ‘Does Marge have any friends?’ (’¿Marge tiene amigos?’), también conocido como ‘Los amigos de Marge’ en español, el guionista crea una especie de fan-fiction en 15 partes sobre Marge Simpson, sus pensamientos y sentimientos, así como su relación con Maude Flanders.

El poema fue publicado, originalmente, en 15 tuits en inglés que a continuación traducimos al español para ti:
¿Marge tiene amigos? (Un poema en 15 tuits)
¿Quiénes son los amigos de Marge Simpson? ¿Es Helena Alegría una amiga? ¿Sarah Górgory? ¿Agnes Skinner?
¿A quién le cuenta Marge todos sus secretos con un café durante los días fríos? ¿Quién se ríe de los chistes de Marge? ¿Quién conoce a Marge como nadie más?
¿Quién le dice a Marge que deje a su bruto esposo, sabiendo que no lo hará? “No tienes que quedarte, tú mereces mucho más que eso”.
¿Quién, durante una caminata matutina, encuentra un arbusto azul y alto y procede a enviarle una foto a Marge que diga “esto me hizo pensar en ti”? Seguramente no Lenny, Kirk o Luann.
¿Marge lloró por la muerte de Maude Flanders? Tarde en la noche, en la mesa de la cocina, mirando sus propias manos. ¿Le afecta aún su ausencia?
¿Ve en su fallecida vecina una moraleja? Poco recordada, casi anónima Maude. ¿Podría Marge tener ese mismo destino?
Quizá una vez, en una barbacoa de verano, cuando ambas seguían vivas, Maude tomó la mano de Marge bajo la mesa y la apretó fuerte.
¿Qué provocó esta súbita conexión, esta súbita expresión de… calor?
Las dos no eran cercanas. Conocidas, sí. ¿Alguna vez se abrazaron?
Y aquí estaban, tomadas de la mano, en silencio, en secreto, mientras sus hijos gritaban y sus esposos asaban los hot dogs.
Una noche, Marge no podía dormir. La ropa, colgada en el jardín, se sacudía con el viento con un sonido inusual.
Marge caminó por la noche, un punto amarillo en una manta de estrellas blancas, y se sintió, como casi siempre se sentía, sola.
Marge sintió el césped afilado en los pies, la brisa en su rostro. Al otro lado de la cerca vio a Maude, pálida como una sábana, sus ojos empapados de lágrimas.
Maude la miró: “¿Maude?”. Y Maude sacudió la cabeza.
Y Maude susurró esto: “No es la calma antes de la tormenta lo que me aterra. Es la calma que le sigue”.

