¿Cuántos movimientos sociales y culturales tenemos que realizar para que las mujeres sean escuchadas al menos una vez? Ya se ha hecho en la música, en el arte y hasta en la moda y aún así nadie se toma el tiempo para entender y poner un poco de atención a lo que requieren y el porqué están tan latentes, el porqué exigen ser tratadas igual. La historia se ha encargado de colocar al género femenino debajo del masculino haciéndolas ver como personas débiles, frágiles y con menos derechos que los hombres. Sin embargo, han habido muchas mujeres valientes que defienden sus derechos, sus formas de pensar y su condición como seres humanos.
Un grupo que lo hizo y aún así no son las más reconocidas en un mundo donde el machismo sigue siendo un fuerte impedimento para crecer, fueron las mujeres que pertenecieron al movimiento G27. Pero pongámonos el contexto, el G27 es un término que se refiere a un grupo de artistas españoles que surgieron en la década de los 20, etapa en la que también nacieron algunas vanguardias artísticas. Todos ellos se reunieron por primera vez, sin excepción, en 1927, de ahí el nombre. Los poetas pertenecientes al grupo son Luis Cernuda, Dámaso Alonso, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén, García Lorca, Gerardo Diego, Miguel Hernández y Vicente Alexandre.

Sin embargo, también existieron mujeres que hicieron del movimiento un grupo plural y más abierto a ideas y nuevas formas de expresión. Pero ¿qué ha pasado con ellas? Nadie las menciona, por lo tanto, son inexistentes o al menos eso se pensaba luego de que la cineasta y escritora Tània Balló las rescatara del olvido con un libro titulado “Las Sinsombrero” y posteriormente un documental. El nombre proviene de una metáfora que dice que ellas se quitaron el sombrero ante la grandeza de la Puerta del Sol, pasaron a través de ella y con el sombrero en la mano dejaron fluir sus ideas, permitieron que cada una convergiera con la otra, mezclaran disciplinas y se hiciera una sola. A continuación, conoce a esas mujeres que por el hecho de serlo les negaron el derecho a ser leídas y escuchadas en aquel G27.
Marga Gil Roesset
Ella fue escultora, escritora, ilustradora y poeta. A los 15 años ya tenía una maestría y fue cuando comenzó a dedicarse a esculpir figuras. Su madre le pagó al mejor escultor, Victorio Macho, quien le enseñó sus técnicas; sin embargo, la chica creó las suyas denominándose a sí misma como autodidacta. A los 22 años ya formaba parte del grupo e iba por le mundo mostrando sus obras, entre ellas “Adán y Eva”, con la que muchos críticos se verían sorprendidos ante el talento de la joven. Se suicidó a los 24 años luego de entregarle una carpeta amarilla a Juan Ramón Jiménez, otro miembro del grupo, en la que le confesaba su amor y le daba algunos trabajos que había hecho en su honor.

Concha Méndez
La poeta nacida en España terminó exiliada en México luego de la Guerra Civil. Pertenecía a una familia adinerada, pero siempre fue libre de escribir y expresarse. Recibió educación en un colegio francés por lo que la literatura y poesía gala le dejó una huella profunda. En 1919 conoció a Luis Buñuel y se hicieron novios. Ambos se retroalimentaban y los críticos consideran que hay influencia mutua en las obras de ambos. Méndez vivió en varios países como Bélgica, Inglaterra y Cuba, pero no fue hasta que llegó a México que se asentó y siguió su obra literaria hasta su muerte en 1986 sin poder regresar a su natal España.

Maruja Mallo
Con un gran talento, Mallo pintaba sus sueños, justo como Dalí lo hacía. Ella era la pintora surrealista más alabada del grupo, incluso los conocedores acuerdan que sus obras bien podrían superar la de cualquier pintor que se le pusiera enfrente. Por el trabajo de su padre se movían de ciudad constantemente, sin embargo, de adolescente llegó a Madrid en donde tuvo la oportunidad de estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde conoció a los grandes que se convertirían en sus amigos y admiradores, como Salvador Dalí. El exilio la envió a diversos países en donde pudo exponer su obra hasta su muerte en Argentina en 1995.

Ángeles Santos
Aunque empezó como ilustradora, evolucionó a la pintura surrealista y posteriormente expresionista siendo estas sus corrientes predilectas y en aquellas en que mejor se desenvolvería. A los 18 pintó el óleo “Un Mundo”, que representa un planeta surrealista. Hasta la fecha sigue siendo referencia para todos pintores de esta corriente y se exhibe en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. También se desarrolló como escritora, en donde principalmente defendía sus obras y las corrientes en las que se movía. Contrario a las demás, se mantuvo en España en donde falleció en 2013. Para entonces ya llevaba décadas sin pintar.
María Zambrano
Ella se dedicó a las letras, era ensayista, pensadora y filósofa. En 1924 se matriculó en la Universidad, en la carrera de Filosofía y Letras en donde fue alumna de grandes de la literatura, entre ellos García Morente. Pronto se convirtió en profesora. Una de sus mejores amigas era Maruja Mallo, quien la introdujo al grupo gracias a sus habilidades como escritora. Fue hasta casi el fin de su carrera artística que recibió premios por parte del gobierno español, el francés, cubano y estadounidense, países que la recibieron cuando el exilio le llegó.

María Teresa León
Fue una escritora comprometida con la sociedad. Desde pequeña se educó en un ambiente culto e intelectual; sin embargo, se casó a los 17 años, pero al conocer a Rafael Alberti terminó su matrimonio para viajar por el mundo con el fin de cultivarse con lo que ofrecían los diferentes continentes. Siempre en pro de las mujeres y los derechos humanos, escribió cuentos, poemas, guiones, ensayos, teatro y novelas. Gran parte de su vida la pasó en Argentina en donde adquirió madurez en sus letras. Luego de rodar por varios países, regresó a España en donde fue víctima del Alzheimer. Fue internada en un sanatorio en donde no pudo escribir nada más, hasta que murió en 1988.

Rosa Chacel
La escritora fue nieta de José Zorrilla y heredó el talento de su abuelo. Estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en donde conoció a Timoteo Pérez Rubio con el que contrajo matrimonio. Luego de vivir es Suiza, Bélgica, Nueva York y Argentina se mudaron a Brasil en donde publica su mejor novela “La Sinrazón”. Siguió viajando a diversos lugares entre los que destaca Madrid, donde se asentó luego de la muerte de su marido. . Fue hasta 1944 cuando murió dejando un legado de obras en las que el papel femenino en diversas facetas resalta más que otros elementos.

Aunque no son tan conocidas como lo fueron sus compañeros, siempre mantuvieron la esperanza de que serían lo mismo que ellos, ya sea de profesión o en el ojo de la crítica. Ellas supieron hacer de sus obras profundos análisis que posteriormente quedarían en un baúl. Pero afortunadamente, tanto sus compañeros como otros autores han reconocido el valor de su arte, poniéndolo de nueva cuenta en los museos, los estantes, las galerías y hasta los hogares.
Su legado está más vivo ahora que hace unos años. Así debemos mantenerlo, esconderlo no es más que un acto de cobardía tan insulso como lo fue hace años y que por ese tipo de comportamiento, gran parte de la humanidad se perdió de sus creaciones por mucho tiempo. Afortunadamente, ahora, hay un renacimiento de cada una de ellas que podemos disfrutar, seguir e inspirarnos a gritar y protestar.
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Conoce el libro que logra plasmar el amor entre dos mujeres a través del tiempo y descubre cómo es que ls mujeres se han ido independizando al grado de ser autosuficientes y no necesitar de nadie, por ello, muchas mujeres ya no quieren tener hijos, conoce sus razones.
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Referencias
El Mundo
Cadena Ser
Wikiteka
