El poema de Francisco Acosta nos demuestra que sí hay esperanza al final del camino:
Todos pensamos en que la vida sigue un curso.
Pero ese curso a veces es incierto,
Desagradable, incorrecto.
No nos gusta el camino que lleva
Y nos forzamos por cambiarlo de alguna manera;
queremos hacer nuestra voluntad
Olvidando a los de atrás.
Alguna vez escuché que “el que impone gana adeptos, pero el doble de enemigos”
Y al imponer nuestro cause vamos por un rio sombrío,
tan sombrío como al principio de la guerra comenzada.
A veces más oscuro que la selva en madrugada.
Nos piden fluir con el cauce de la vida
Y que al final llegará esa luz a la salida,
pero a veces es cansada esa espera.
Pocos tienen la paciencia, muy pocos tienen la garra.
Algunos luchan y llegan lejos, pero en medio del trayecto también cayeron y sufrieron.
Lo que me hace pensar que para llegar a la felicidad hay que padecer un poquito,
Para valorar lo que al fin te retorna el infinito.
Lo que no me queda claro es que si en el camino andado
La vida te desgasta para conformarte, o para de verdad recompensarte,
Porque te agarra cansado y lo que llega alcanza para no seguir luchando.
O simplemente sí existe ese cofre anhelado al final de tus andanzas.
Cuando estés viejo y cansado
El único premio que veo, es cerrar los ojos
Para ya no estar luchando.

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La escritura siempre es una buena forma de expresar nuestro sentir, por eso te compartimos 7 razones para escribir todos los días y mejorar tu vida.

