Lucía Koike nos regala este texto que aborda de manera reflexiva temas como la personalidad y la identidad.
PINTAMOS UN DIBUJO SIN SABER DE QUÉ COLOR SOMOS
Hoy tengo ganas de pintarme de otro color, sentirme de diferente manera. ¿Cómo hago para no sentirme como me siento? Supongo que pintándome de otro color.
Cuando la soledad te inunda, los pensamientos vuelan, te boicotean la cabeza. Entonces vemos todo en un color al cual podríamos imaginarnos como negro. Pero encontramos mezclas porque pensamos que nuestros problemas se centran solamente en una visión y nos vemos a las tonalidades que hay en la paleta. Quizá no encontramos la solución porque no estamos viendo estas tonalidades.

Por el otro lado, pasa exactamente lo mismo cuando estamos felices y pensamos que todo es color de rosas. Imagínese que en esa plena felicidad, una gota del color negro cae sobre el color en el que usted cree que está. Simplemente se mezclan o una tapa al otro. Este es el lugar donde no sabemos cómo seguir con esa mezcla. Nosotros somos este tipo de mezclas de colores porque no siempre podemos estar cien por ciento alegres o cien por ciento desanimados, porque siempre estamos pasando por esas mezclas, las cuales no sabemos cómo tenemos que separarnos del otro. Quizá pensamos que tendríamos que merecer ser de un color toda la vida. Creemos que nos merecemos ser ese pote de color amarillo, sabiendo que nos tenemos que mezclar con el azul o el rojo para, por un lado, formar otro color, y por el otro, avanzar con la pintura.

También están las tonalidades. Pensamos que son muchas opciones, demasiadas para elegir. Nos alteramos y la confusión aparece. No sabemos cómo va a quedar la pintura. Mezclamos, unimos, pincelamos, salpicamos, pintamos con colores nuestra pintura. ¿Se preguntaron si están pintando de la manera que quisieran pintarla? ¿Por qué la están pintando de esa manera si no quieren hacerlo? ¿Quiénes o qué los influye?
Si nos concentramos en el/la pintor/a, vemos que éste/a depende del material del pincel para pintar adecuadamente. Si es de madera o si es de plástico da igual, es un pincel, ¿no? Nuestra personalidad está en ese material, el material a nuestro cuerpo. No somos tan diferentes, entre cosas o personas, siempre nos estereotipan.

La pintura es su camino, su vida. Píntenla como quieran, que nadie los detenga. Los colores son metas, sueños, problemas, ideologías. No crean que son de un solo color, no creo que sólo pueden ser de un solo color ni tampoco crean que sólo pueden elegir un color. Existe variedad y la opción de elegir cuando queramos cambiarlo por miles sí es posible. Las tonalidades son su personalidad, su yo interior, sus principios, sus libertades a permitirse hacer lo que quiera. Suelen ser la solución a todo. Por último, el/la pintor/a puede representar a los agentes de poder, los medios de comunicación o vos mismo. ¿Quién pintaría tu vida? ¿De quién o de qué dependes para ser quien sos? Ahí está el punto.
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Las imágenes que acompañan al texto pertenecen a Raúl Gasque.
Puedes apreciar más de su trabajo gráfico aquí.
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