No todos los besos son iguales, aunque besemos a la misma persona mil veces. En ese instante cuando los labios se cruzan es cuando comienza la magia de dos amantes. Hay un ingrediente que resulta indescriptible y necesario para quien ansía la boca, el sabor, los sentidos y placer del otro; sólo ahí, en ese contacto cálido, es posible encontrar lo que por mucho tiempo hemos estado buscando, sólo ahí encontramos la respuestas que clama el corazón.
Gabriela Mistral (1889-1957) fue una poetisa chilena, se convirtió en la primera ganadora del Premio Nobel de Literatura en América Latina. Sus poemas ven más allá del sentimiento superfluo o la imagen poética evidente. En el siguiente poema, Mistral nos muestra que en cada beso se esconde un complejo universo que le pertenece sólo a dos personas.

BESOS
Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.
Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.
Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.
Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.
Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.
Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.
Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.
Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.
¿Te acuerdas del primero…? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.
¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos… vibró un beso,
y qué viste después…? Sangre en mis labios.
Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

**
Aquí puedes leer más poemas de Gabriela Mistral. Y si quieres leer cuentos sobre el amor, la vida y la muerte, te compartimos este artículo. Además, aquí puedes leer algunos cuentos breves de amor que te abrazarán el alma.
