La escritora Aida Toledo nació en la Ciudad de Guatemala el 18 de junio de 1952. Se graduó como pedagoga y posteriormente como Licenciada en Literatura en la Universidad San Carlos de Guatemala en 1989. En 1997 y 2001 se tituló como magister y doctora en docencia e investigación en la Universidad de Pittsburgh en los Estados Unidos; y en el año 2015 culminó sus estudios postdoctorales en la Universidad de Aguascalientes en México, con una investigación sobre las escritoras mayas contemporáneas.
En su obra, la mujer siempre ha estado presente y ha cobrado gran protagonismo, esto se ha reflejado en su experiencia como editora de diversas antologías, entre ellas destacan: Para conjurar el sueño: poetas guatemaltecas del siglo XX (1998), Mujeres que cuentan: Antología de narradoras guatemaltecas (2000) y Rosa palpitante: sexualidad y erotismo en poetas guatemaltecas nacidas en el Siglo XX (2005).

Pero su postura feminista en la que interpela la expectativa de la feminidad, explora los límites del deseo, la sexualidad y rechaza “haber sido normal”, es decir, “la mujer ideal”, ha quedado impresa en su prolífica propuesta poética, en la cual destacan poemarios como: Brutal batalla de silencios (1990), Realidad más extraña que el sueño (1994), Cuando Pittsburgh no cesa de ser Pittsburgh (1997), Bondades de la cibernética (1998), Pezóculos (2001), Por los bordes (2003), Con la lengua pegada al paladar (2006), Un hoy que parece estatua (2010), Nada que ver (2012), Como en historia de Faulkner (2015) y La verdad es algo gelatinoso (2016).
Te invitamos a conocer a esta guatemalteca que se negó a ser “el sexo débil”:
“Fábula de di y pi o la posibilidad de una lectura reversible”
Se ven
se conocen y
conversan
en corto tiempo
se tocan
los lugares + íntimos
a mordidas como besos
se arrancan los labios y las prendas
se acarician se pellizcan se lamen
se sitian se invaden y poseen
porque
di debate su sino
de caballero lúbrico
y pi
siente entre las piernas
un cosquilleo adolescente
que no la deja dormir
por eso
se poseen se invaden se sitian
se lamen
(sí señor cómo se lamen)
se pellizcan se acarician
se arrancan las prendas y los labios
como besos a mordidas
los lugares + íntimos
se tocan
en corto tiempo
conversan
se conocen y
se ven.

“Bondades de la cibernética”
Fustigada por mí
Una mujer escribe
Se pregunta si soy
La mujer ideal
La que no fuma ni bebe
La mujer ideal
La que cocina y es para la cama
Por eso escribe mi nombre
En la pantalla
una a una
Las letras de su nombre
En la pantalla
Y espero
espera
La respuesta
La respuesta.
“Pudiste haber sido normal”
Me reprochaba mi abuelo
Sin embargo
Siempre sentí este vértigo
Producto de aquellas
Novelas de aventuras donde
Margarita de Poitiers
Le abría el balcón a
Enrique VI y
Yo me introducía invisible
Mientras él se escurría
Entre sábanas de seda
A tomar para sí
A su dama de terciopelo
Y la Poesía Dios mío
la Poesía
Con aquel intenso sentimiento amoroso
si era Bécquer
o
Aquellos madrigales embriagándome
Las noches
Y era yo las princesas
de Rubén
Y yo deseaba ardientemente
Que Darío lamiera
Mis pezones incipientes
Y fui Matilde o aquella solitaria
Sirena
Marcada con colillas de cigarrillo
Del poema de Neruda
Ninguno de esos mundos
Me fue ajeno
Ni sor Juana y los miles de
Hombres necios que repetí
Ahíta de resentimiento
Pero las palabras de mi abuelo
Insistían
Pudiste haber sido normal
Haciendo de la cocina
Y el tejido
Un arte para
Cazar marido
Pero ella
La amada
La bien amada
La a veces comprometida
La exiliada
La erótica y sensual
La cancerbera
No me ha dejado ser.

“Epigramas de Gilaume IV”
Supón que yo hubiese sido la culpable
por no lavar planchar barrer limpiar
coser y copular
Todo a un mismo tiempo.
“Este no es mi sueño”
Es acerca de
un hombre que
abusa de una niña
la niña es quien lo sueña
la niña es quien lo sufre
la niña es quien recuerda
a ella la acosan
los fantasmas
la persiguen
le hablan
le pasan la factura
éste no es mi sueño
es una obsesión
un dolor
un dolor
tan fuerte
que no se va
que no desaparece
que quiere eliminarle
la razón
yo soy
sólo
quien lo escribe
ella
quien lo sueña
yo soy
quien lo cuenta
ella
quien lo sufre
yo soy sólo
su memoria
no
no es mi pesadilla
no
no fue mi destino
no
es de ella
no es mi historia
no
es de ella
no es exactamente
mi sufrimiento
no
es de ella.

“Epigramas de Gilaume V”
Hicimos del amor
Un rito de dioses aislados
El placer fue siempre tuyo
En la pira de los sacrificios
El cordero degollado
Fui siempre yo.
“Ella/La misma”
Me miro en el espejo
y no he dejado de ser
la misma
la que creyó en príncipes
la virgen
la que leía libros en el bus
la misma
con sus faldas cortas
y sus piernas flacas
la de la invariable rutina
de la casa al instituto
del instituto a la casa
la misma
la que medio soñó con hijos
la que pasó seis años con el
mismo novio
la que se equivocó
pensando que lo amaba
la misma
la que no miraron
cuando ella los miró
la que ahora escribe
en tanto un hombre
¿su príncipe tan esperado?
la deja la olvida la ignora
o la evade
ella/ la misma.

“Voy perdiendo”
Voy perdiendo mis labios
Mis succionantes labios
Voy perdiendo mi boca
Mi anhelante boca
Ya no tengo nariz
Ya no me huelo
Ya no tengo oídos
Ya no me escucho
En suma
Me voy perdiendo
Quién soy ahora
A quién le pertenezco
Toda mujer le pertenece
A alguien reza el dicho
Entonces
Voy perdiendo mis piernas
Mis pies
Mis manos
Mis pechos he perdido
Mis lujosos pechos de vaca
Lechera SE FUERONNNN
Ya no tengo caderas
De mí queda
Sólo un hoyito
Un hoyito calvo
Un hombre aún me mira
Pero estoy sin sexo
Quién soy ahora
Quién soy ahora
Quién soy ahora.

“Después moriremos de miedo”
Nosotras
No cantaremos al amor
A ese dios que de por vida nos condena
A morir en el cenote
Cantaremos al miedo
Al terrible miedo
De vivir a solas
Y de masturbarnos en silencio
Al miedo de un televisor
Encendido por las noches
O de un insidioso gato
Maullando insomnios.
“Al parecer el texto”
Qué es
Es amor
Es dolor
O es un espantoso resentimiento
De siglos
Por ser mujer
Por lo que implica
Por los dolores
En la sala de parto
Por el postparto
Por la memoria colectiva
Por todas las otras mujeres
En las que a veces me resumo
Por esta sempiterna necedad
De asumir
El sexo débil.
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Las fotografías pertenecen a la artista May Lin Le Goff.

