Las poetas Ida Vitae e Idea Vilariño formaron parte de la Generación del 45 junto a reconocidos escritores uruguayos como Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, Ángel Rama, Carlos Maggi, Emir Rodríguez Monegal, entre otros; sin embargo, el machismo tan arraigado en América Latina, aunado a la censura y el exilio durante la dictadura, contribuyó a invisibilizar sus aportes, razones suficientes para que sus obras no alcanzaran los mismos niveles de difusión y reconocimiento.
La aproximación a su poesía permite derrumbar el velo que aún cubre a la literatura hecha por mujeres, reconectarnos con temas desestimados y estereotipados como el amor, la intimidad, el erotismo, la angustia del desamor y la soledad. Asimismo, el carácter atemporal de sus versos los convierte en un referente para las mujeres que no se conforman, al desafiar el mandato de la feminidad tradicional, el ejercicio de la sexualidad, el matrimonio y la maternidad; en definitiva, al cuestionar y transgredir el papel de la mujer en la sociedad. Por lo que te invitamos a leer a Ida Vitale e Idea Vilariño con esta breve selección poética:
Ida Vitale

Se formó como docente pero ha dedicado la mayor parte de su vida al trabajo literario. Ha sido una prolífica ensayista y traductora, así como editora de revistas culturales. No obstante, se destacó como poeta y afirmó “la poesía busca sacar de su abismo ciertas palabras que puedan constituir el tejido de cicatrización en el que todos andamos sin saberlo”.
La dictadura uruguaya la llevó a exiliarse en México en 1974 y, aunque regresó a Uruguay en 1984, al poco tiempo se radicó definitivamente en los Estados Unidos. Los reconocimientos a su obra en la literatura hispanoamericana se hicieron presentes en su edad avanzada; entre ellos, el doctorado honoris causa otorgado por la Universidad de la República en 2010, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2015, y el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca en 2016.
‘Fortuna’
Por años, disfrutar del error
y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,
ser en la noche un ser como en el día.
No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.

Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada.
Ser humano y mujer, ni más ni menos.
‘Estar solo’
Un desventurado estar solo,
un venturoso al borde de uno mismo.
¿Qué menos? ¿Qué más sufres?
¿Qué rosa pides, sólo olor y rosa,
sólo tacto sutil, color y rosa,
sin ardua espina?
‘Cambios’
Puede cambiar la vida
sus ramas, como un árbol
cambia las suyas desde
el verde hasta el otoño.
Puede, pilar oscuro,
suplicio oscuro puede
recubrirse de frutos
como un mes de verano.
Ah, puede también caer,
caer no sé hasta dónde,
como cae el poema,
o el amor en la noche,
hasta no sé qué fondo
duro y ciego y terrible,
tocando el agua madre
el manantial del miedo.

‘Exilios’ (extracto)
La mirada se acuesta como un perro,
sin siquiera el recurso de mover una cola.
La mirada se acuesta o retrocede,
se pulveriza por el aire
si nadie la devuelve.
Idea Vilariño

Durante años se desempeñó como traductora, crítica literaria y compositora de letras de tango, pero no fue sino hasta 1985 —tras la dictadura— que asumió la cátedra de literatura uruguaya en la Universidad de la República. Comenzó a escribir desde la infancia, pero aseguraba que ya lo hacía antes de siquiera saber escribir.
Si bien su obra fue numerosa, es posible catalogar como la más intensa, profunda y desgarradora de ellas la titulada “Poemas de amor”, la cual estuvo inspirada en la explosiva, tormentosa e intermitente relación que mantuvo por más de 20 años con Juan Carlos Onetti, de quien la poeta afirmó: “es el último hombre de quien debí enamorarme”.
‘El amor’
Un pájaro me canta
y yo le canto
me gorjea al oído
y le gorjeo
me hiere y yo le sangro
me destroza
lo quiebro
me deshace
lo rompo
me ayuda
lo levanto
lleno todo de paz
todo de guerra
todo de odio de amor
y desatado
gime su voz y gimo
río y ríe
y me mira y lo miro
me dice y yo le digo
y me ama y lo amo
—no se trata de amor
damos la vida—
y me pide y le pido
y me vence y lo venzo
y me acaba y lo acabo.

‘Buscamos…’
Buscamos
cada noche
con esfuerzo
entre tierras pesadas y asfixiantes
ese liviano pájaro de luz
que arde y se nos escapa
en un gemido.
‘Un huésped’
No sos mío
no estás
en mi vida
a mi lado
no comés en mi mesa
ni reís ni cantás
ni vivís para mí.
Somos ajenos
tú
y yo misma
y mi casa.
Sos un extraño
un huésped
que no busca no quiere
más que una cama
a veces.
Qué puedo hacer
cedértela
Pero yo vivo sola.
‘Después’
Es otra
acaso es otra
la que va recobrando
su pelo su vestido su manera
la que ahora retoma
su vertical su peso
y después de sesiones lujuriosas y tiernas
se sale por la puerta entera y pura
y no busca saber
no necesita
y no quiere saber
nada de nadie.

‘Ya no’
Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.
‘Eso’
Mi cansancio
mi angustia
mi alegría
mi pavor
mi humildad
mis noches todas
mi nostalgia del año
mil novecientos treinta
mi sentido común
mi rebeldía.
Mi desdén
mi crueldad y mi congoja
mi abandono
mi llanto
mi agonía
mi herencia irrenunciable y dolorosa
mi sufrimiento
en fin
mi pobre vida.

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Desde siempre, a las mujeres que escriben se les ha relegado a un segundo plano por considerar que no lo hacen de temas universales; sin embargo, este sesgo nace desde la perspectiva machista que aún existe; por eso, te recomendamos los siguientes libros para entender por qué las mujeres sienten demasiado.
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Las imágenes que acompañan al texto pertenecen a la fotógrafa española Henar Bengale.
