Teresa Orbegoso nació en Lima, Perú, el 28 de enero de 1976; es licenciada en periodismo y cursa la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional de Tres de Febrero en Argentina. Se desempeña como investigadora social y ha publicado distintos poemarios, entre ellos Yana wayra (2011), Mestiza (2012), La mujer de la bestia (2014), Yuyachkani junto a la artista Zenaida Cajahuaringa (2015) y Perú (2016).
Su obra se caracteriza por denunciar el colonialismo, la subordinación de su cultura, la manipulación histórica en la que la identidad indígena fue desmantelada y desaparecida, el develar poético del racismo y de esa negación de los orígenes tan arraigada en América Latina y El Caribe, así lo expone en su poema “Él está muerto como los otros. Y me ha pedido que hable, que cuente su historia”, en el cual afirma: “Nuestros libros están escritos para no reconocernos. Nuestros libros tan blancos y nosotros tan rojos”.

La poesía de Teresa Orbegoso también es un ejercicio de rescate y visibilización de la etnicidad, de retorno a la herencia; su obra representa una reafirmación de la latinoamericanidad, el rencuentro, a través de la palabra no dicha, con la identidad negada o perdida.
Te invitamos a conocer a esta poeta que nos ayuda a recordar lo que somos:
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He inventado el amor
dice la última mujer
y parpadea
una cuerda tendida entre el pastor y las ovejas
una cuerda sobre un desierto
un peligroso detenerse
un querer su propio ocaso
oscura nube suspendida sobre la vida
he trabajado para construirle su casa al último hombre
he sido el espíritu que avanza sobre el puente
aquella que quiere seguir viviendo y no seguir viviendo
aquella que todavía tiene caos dentro de sí
y quiere hacer explotar la última luz de la estrella.
“Yuyachkani” (extracto)
En un país que nunca que nadie
alguien quiso llevarme de la mano.
Un pequeño residuo de lo que era
me recordó lo que era
y comenzó a respirar tan fuerte
que hizo que mis restos se rearmaran.
Y mientras más conocía
más me deformaba
pero todavía existíamos
dentro de mí.

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Para protegerme de la historia
mi abuela decía
hazte invisible.
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La mujer de la bestia contempla
su reino de animales fríos sin pastor
Levanta las manos crea el desierto
La niebla cubre su casa
Ella y el águila son uno en silencio
Sabe que el ser más pequeño se ríe de su Señor
Su libro está abierto para que escribas
Alimenta con sal el hambre del recién nacido
Es la más bella
sonríe
Dentro de sus ojos
alguien sufre.

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Preguntas
¿Casa? ¿Qué es eso?
¿Casa?, respondo yo
eso es una especie de muerte
la más importante de la tierra.
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Digo a mis apóstoles: yo la inmoral,
doy a cada hombre lo mío: un pozo.
Porque sobre mí pueden arrojar lo que quieran.
La verdad sea que el pozo es oscuro y profundo
y que ninguno puede sacar nada de él.

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Marchaba voluntariamente al manicomio
había calor en mi reír
Lista para escuchar la voz de la polilla y el colibrí
No era mucho más que un siervo al que con caricias
me habían enseñado a sepultar
De la mano del ángel del abismo
pueblo y rebaño fui
en mi marcha
hacia el pozo de lo amado.
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He inventado mi alma
pesada y sola está en la altura
ella abre todas mis prisiones
me muestra todos los peligros
me cuido de la bondad
ella me acerca al primer hombre
y al primer animal
ella la voluptuosa
aprendo a crear una nueva virtud.
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Te invitamos a leer racismos americanos: nuestros países son de mierda, nos dominan y se imponen hasta que ocurre una tragedia y los poemas para reconocer tu identidad y combatir el sexismo
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Las ilustraciones que acompañan el texto pertenecen al libro Yuyachkani de Teresa Orbegoso y Zenaida Cajahuaringa
