Tenía un inmenso hueco en la boca del estómago, uno tan grande que me provocaba náuseas, algo me presionaba el el pecho y la sensación se expandía hasta mis hombros. Cuando intentaba tranquilizarme sólo lloraba más y si actuaba como si no pasara nada, entonces el dolor aumentaba.Era como estar atrapada en una caja de tortura en la que me hervía la piel una y otra vez, me temblaban las piernas, que querían correr a buscarlo, me punzaba la cabeza agotada de tanto contradecir mis sentimientos, me dolía la garganta y casi escuchaba cómo mi alma lloraba por dentro.Los días pasaron iguales, nada cambió ni mejoró y nada me hizo sentir mejor; todo parecía un suplicio que mi aletargado cuerpo se rehusaba a hacer y por supuesto, mi mente nunca estaba presente, tenía una especie de modo avión en la frente con el que despertaba a diario. Todos a mi alrededor me daban consejos, intentaban hacerme reír y hasta llegaron a entregarme folletos sobre lugares a los que podía ir para recibir ayuda; como si alguno me hubiera entendido, como si alguien hubiera compartido la tristeza conmigo.Una tarde bastante tranquila alguien se apareció en mi recámara, me sorprendió, pero luego recordé que siempre había estado ahí; comenzó a hablarme con la confianza con la que te habla un hermano, era muy descriptiva y parecía conocerme mejor que yo misma, nunca intentó ser cómica y aún así sus palabras me causaban una extraña sonrisa en la cara, nunca se apresuraba, pero tampoco demoró en llegar al punto y como nunca antes me había sucedido, logró llegar hasta lo más profundo de mi mente. Sus palabras abrieron un nuevo espacio en mí, su mensaje pereció ganar volumen y capturó toda mi atención, pero lo que no podía creer fue cómo nunca antes me había dado la oportunidad de presentarme con ella, siempre callada en el cajón de mi buró y dispuesta a tenderme sus páginas para suavizar mi tristeza, compartiéndome las palabras para transformar mi dolor y llenándome de nuevas realidades que me hicieran olvidar poco a poco la mía; gracias y bienvenida seas.

La literatura o mejor dicho, el acto de leer y escribir a mano, es una de las mejores armas contra la depresión, pues se basa en la inversión de tu inteligencia en algo que aleja tu atención de la inmensa tristeza que te consume.
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Un gran testigo del efecto positivo que la lectura y la escritura tienen en alguien que sufre de algún trastorno psicológico como la depresión, es el escritor Matt Haig, quien compartió con el periódico “El País” la experiencia que tuvo con los libros y la palabra escrita como una necesidad y no como un gusto: “Siempre me había considerado un amante de la lectura, pero hace unos años constaté que existía una gran diferencia entre que te gusten los libros y que los necesites. En mi caso, me identifico con las personas que dependen de los libros para disfrutar de una vida plena”.
Haig cayó en una depresión inmensa a los 24 años que logró superar por completo al publicar, 15 años después, su obra “Razones para seguir viviendo”, pues fue la lectura y su propia escritura la que lo mantuvo en pie durante el largo periodo en el que luchó contra la tristeza patológica que lo había invadido. Hay que aclarar que no se trató de una lectura que le proporcionara una cura específica, sino de encontrar otro foco de atención que no fuera la tristeza, el dolor, la desesperación o el hartazgo emocional que en su momento le arrebataron las ganas de seguir viviendo.
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La escritura serena tus pensamientos
La realidad es que la lectura no nos puede brindar la receta exacta para sanar, pero sí transforma los límites de nuestro mundo, pues mucho más allá de sentirnos “distraídos”, nos envuelve en una sintonía en la que sólo emergen las palabras y tú; llevándote a conocer otra parte de ti que la depresión había delegado o simplemente que nunca antes habías descubierto.
Lo que sucede cuando escribimos a mano empleando movimientos articulares de la muñeca que cambian de velocidad y fuerza para crear trazos, letras, palabras e ideas, es que logramos mantener nuestros pensamientos activos, pero sobre todo, serenos. Así lo explicó Rita Otero, psicóloga y coordinadora del taller de psicoescritura en “Minerva Psicólogos”, quien identifica la reestructuración del pensamiento como una de las virtudes de la escritura.

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Leer ficción mejora tu comprensión emocional
Facundo Manes corroboró, desde un punto de vista neurológico, las teorías que afirman que la ficción logra desarrollar la facultad de entendimiento de nuestros pensamientos, y optimiza la comprensión de nuestras propias emociones y nos ayuda a predecir las de los demás para percibirlas con mayor consciencia y madurez. Además, explicó que la escritura manual es muy distinta de la escritura en el teclado de una computadora, ya que utilizar las manos para escribir nos obliga a sintetizar y reorganizar la información; a diferencia de emplear el teclado, con el que seguramente escribiremos de manera más rápida y exacta, pero nuestro trabajo de comprensión conceptual será menor.

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La escritura manual favorece el aprendizaje
Un estudio publicado por la revista “Psychological Science” reveló que se invitó a los espectadores de una charla TED a que tomaran nota sobre la ponencia que escucharían, la mitad del público tenía papel y pluma y la otra mitad una computadora portátil. Los resultados arrojaron que quienes escribieron a mano trabajaron la parte conceptual de su entendimiento y concluyeron en notas muchos más analizadas, mientras que los que contaban con un ordenador transcribieron de manera más literal y sin un proceso de comprensión la información que escucharon en la plática.
Otro claro ejemplo de esta aseveración es el de los alumnos que, al tomar apuntes a mano, recuerdan más y logran comprender de manera más profunda el contenido de su redacción, mientras que los estudiantes que recurren a herramientas digitales no consiguen los mismos resultados. Concluyendo que si necesitas entender algo que te tortura por dentro, escribirlo puede ser la herramienta perfecta para que logres el entendimiento que nada ni nadie más te pudieron dar antes.

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Leer en voz alta fortalece tus relaciones interpersonales
Aunque el efecto positivo que tiene la lectura en voz alta es muy distinto de lo que se señala sobre la “terapia narrativa”, esta practica en la que se mejora la comprensión de cualquier texto también ayuda a aspectos como la empatía, la solidaridad y el fortalecimientos de las relaciones interpersonales. La psicóloga Otero explica que las inflexiones y los quiebres de la voz, así como los cambios de velocidad que se producen para leer cada párrafo con la entonación correcta, nos acostumbra a comportarnos como personas más empáticas con los demás, lo cual, evidentemente, motiva positivamente otros aspectos de nuestra vida personal, por ejemplo, el de relacionarnos afectivamente con otros.

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Escribir te descarga emocionalmente
Cuando Haig escribió su libro años atrás, logró plasmar sus pensamientos en hojas de papel donde iba dejando gotas de su depresión. “El papel no juzga, escucha en silencio, permite volcar en él todo aquello que necesita ser expresado”, así describió la psicóloga Otero la experiencia de descargar en la escritura todo lo que nos acongoja con tanto furor.
Por otro lado, el neurólogo Facundo Manes confirma que la lectura puede ayudar a superar situaciones difíciles basándose en estudios realizados por la Universidad de Liverpool, donde se entrevistaron a 4 mil adultos en Reino Unido que demostraron que las personas que leían regularmente tenían menores sensaciones de estrés y depresión en comparación con aquellos que no leían con regularidad. Esta reacción se debe a que al leerm nuestra maquinaria cerebral sea activa de tal manera que siente y piensa estar viviendo de manera real las experiencias sobre las que estamos leyendo, por lo que la literatura se convierte nuevamente en una medida de salvación para superar cualquier pensamiento o sentimiento negativo que nos esté consumiendo.

La depresión es una enfermedad que debe ser atendida por profesionales, sin embargo, tomar la decisión de entregarle nuestra mente a otro para que la repare resulta bastante complicado. La literatura se ha transformado en uno de los artes más hermosos y reconocidos de la historia, pero también en una salvación para muchos que encontraron en ella la forma de despojarse, a su propio ritmo y bajo sus condiciones, de una tristeza que van dejando en cada poro de tinta o bien, que van exhalando en cada palabra que leen.
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Otras áreas artísticas como la pintura también han sido válvulas de escape para muchos artistas que crearon pinturas que demuestran cómo se siente vivir con depresión e intentar superarla todos los días. Por otro lado, los alimentos forman parte de todos esos aspectos que pueden beneficiar o no nuestro psique siendo una fuente de felicidad, o bien como 3 formas en que la comida se relaciona con la depresión.

